Delfines, caníbales y la izquierda aserejé

En la segunda sesión del debate sobre el estado de la región los grupos debatieron hasta la extenuación sobre «etiquetas» políticas y especularon sobre la sucesión del presidente


Redacción

¿Qué es la izquierda? ¿quién es de izquierdas? ¿es esta categoría válida para el debate político actual? Es un asunto que se trató intensamente en la segunda sesión del debate sobre el estado de la región en el parlamento asturiano por parte de casi todos los grupos, una veces para echárselo en cara, otras para reivindicarlo, y otras para dilucidar el grado de comodidad con el que se sienten o no los diputados dentro de esa «etiqueta».

Lo hizo en primer lugar la presidenta del PP asturiano, Mercedes Fernández, quien a la hora de reprochar al presidente Javier que insistiera en llegar a acuerdos con Podemos e IU y a resistirse a suprimir el impuesto de sucesiones, le acusó de actuar «como un hombretón de izquierdas, aparentando»; eso sí «muy mayor y lleno de manías» y al que pidió que «abandone la coquetería y póngase gafas, que se ve mejor la realidad».En todo caso, para Mercedes Fernández, la izquierda tiene algo de infantil porque en su opinión «para los socialistas, los impuestos son como los caramelos a los niños».

Gaspar Llamazares, de quien nadie duda que es de izquierda porque además es portavoz del grupo de IU, bajó al estrado precisamente sin gafas y tuvo la precaución de advertir que no se debía a ninguna coquetería sino que se le habían roto. Tuvo dificultades, eso sí para que desde Podemos sintieran como propio el calificativo de izquierdas. Llamazares les llamaba a sumar un gran acuerdo a otras fuerzas políticas «si no quieren que les llame de izquierdas, pues populares transformadoras, pero de los sectores populares, no del Partido Popular», mientras los diputados morados negaban y asentían. No en vano, su portavoz Emilio León ya le había rechazado reconocerse de izquierdas cuando el presidente Javier Fernández le aseguraba que le resultaba incompatible esa adscripción ideológica con el apoyo al nacionalismo. En su réplica, León le respondió que «no sabe cómo etiquetarnos porque sólo entiende izquierda y derecha». Hubo más, el portavoz socialista, Fernando Lastra terminó su discurso señalando que en el PSOE «somos el partido socialdemócrata de la izquierda que no se avergüenza de serlo». Esta apelación constante al espectro ideológico terminó por cargar al portavoz de Ciudadanos, Nicanor García, quien lamentó que se asumiera que «la izquierda suma 28, la derecha 14 más 3 , ¿y el resto? ¡Aserejé! No se habla de nosotros, del centro».

Sin que quedara zanjado este debate sobre la izquierda y sus expresiones genuinas (que además es infinito e inagotable y pasa de generación en generación desde los tiempos ficticios del Frente de Liberación de Judea), también quedó en el aire qué pasará con el futuro liderazgo del PSOE asturiano, con el que especularon las dos presidentas de los grupos (estos claramente y sin duda) a la derecha: PP y Foro. Decía Mercedes Fernández que lo mejor de la intervención de Javier Fernández es que hubiera anunciado que este mandato sería el último a lo que añadió que «no sueñe que su delfín Guillermo Martínez va a ser presidente de Asturias, no lo va a ser», a lo que el aludido consejero de presidencia reaccionó con una mezcla de risa e incredulidad. No compartía la visión de la presidenta popular su homóloga en Foro, Cristina Coto, quien más adelante especuló que en la sucesión de Javier Fernández «los tickets no van por Guillermo Martínez», pero no dio más pistas y nos quedamos con la intriga.

Emilio León trazó en el grueso de su intervención una analogía entre el nacimiento de los partidos de la 'nueva política' y las movilizaciones ciudadanas de los últimos años con las peripecias de los supervivientes del Vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya (los de la película ¡Viven!, que se estrellaron en las cumbres de los Andes y tuvieron que esperar 72 días a su rescate después de que parte del grupo cruzara la cordillera por sí mismo); una metáfora que al presidente Fernández le pareció, quizá, algo arriesgada por lo que advirtió a León que en esa historia, sus protagonistas tuvieron que recurrir al canibalismo. León también citó al rey Jerjes «que mandó azotar al mar» y un emperador chino «que condenó a una montaña por interponerse en su camino» como malos precedentes de ceder en la política a la fantasía. Para el presidente, Podemos cambia a menudo su discurso y tiene «todas las noches un cuento para seguir vivo, como Sherezade».

Pero lo más asombroso de todo, algo que no se esperaría ni en mil y una noches, fue que al final, en todo un debate  que comenzó a las nueve de la mañana y se cerró cuando sonaban las cuatro menos cuarto de la mañana, es que el único portavoz de todos los grupos de la cámara que llegó a utilizar la lengua asturiana (apenas dos frases, sobre el llobu que baja comer les vaques) fue Nicanor García, el representante de Ciudadanos.

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