«Tengo que trabajar para poder pagar la matrícula de la universidad»

Graciela M. Camporro REDACCIÓN

ASTURIAS

Muchos jóvenes se ven en obligados a buscar un empleo para poder continuar con sus estudios. Otros buscan cierta autonomía respecto a sus padres

19 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Acuden a clase por las mañanas y trabajan por las tardes. Para estos jóvenes, sacar el curso adelante y rendir en el trabajo es, sin duda, todo un reto. Otros, incluso, tienen que compatibilizar todo esto con el cuidado de una familia. Da igual que sea fin de semana o verano, muchos de ellos se ven obligados a dejar su vida social a un lado para poder llevar a cabo todas sus tareas. Ser un Sisi no es fácil y ellos son los primeros en reconocerlo.

Wendy Bernal tiene 25 años y lleva 10 años trabajando. Su primer empleo lo consiguió a los 15, cuando fue contratada como interna por una mujer que estaba embarazada. Poco después empezó a trabajar como camarera mientras cursaba sus estudios de Filología Hispánica. «La única compañía que tenía era la de mis compañeros de clase con los que pasaba horas de encierro estudiantil. Durante los fines de semana me tocaba ponerme detrás de una barra a servir y sonreír, cuando en realidad lo único que me apetecía era correr y dejarlo todo», afirma. ¿Y por qué seguía aguantando esa situación? Porque necesitaba el dinero para pagar sus estudios, ya que gran parte de su familia aún reside en Brasil. En la actualidad, Wendy continúa trabajando -ahora como Community Manager de un estudio fotográfico-, todo ello mientras finaliza sus estudios y se prepara para comenzar un máster.

Muy similar es la historia de su compañera Nathalie Velasco. Durante años lleva compaginando sus estudios de Filología Hispánica con un trabajo complementario que le sirve para conseguir unos ahorros y ayudar en casa a pagar las facturas. Comenzó a trabajar en una empresa como limpiadora cuando cursaba su primer curso universitario. Durante todos estos años ha conseguido compaginar su empleo -que le ocupa parte de la mañana y de la tarde- con sus clases. Reconoce que aunque es muy cansado y supone una gran responsabilidad, es la única manera con la que puede conseguir pagar la matrícula universitaria. A pesar de todo, siempre tiene un hueco en su agenda para disfrutar de sus amigos los fines de semana. En la actualidad sigue compaginando su trabajo con el último año de carrera y sus clases de inglés. «Si que es verdad que a la hora de aprender a responsabilizarse es importante tener una experiencia como esta. Cada uno busca su propia manera de salir hacia adelante. En mi caso, tengo que trabajar porque lo necesito», apunta.

A pesar de su juventud, Javier y Cristina llevan tras de sí muchos años de experiencia laboral. Ambos son maestros, ella especializada en educación infantil y él en educación física. Cristina compaginó sus estudios con empleos de monitora, mientras que Javier siguió los pasos de su pareja cuando trabajaba en el Ayuntamiento de Mieres con un programa de becas. Juntos se fueron a buscar un futuro mejor a Cantabria y juntos comenzaron a cursar el Máster de Psicopedagogía. «Decidí buscar un empleo a la vez que estudiaba por el hecho de tener cierta autonomía y no depender de la ayuda que en aquel momento me proporcionaban mis padres», afirma Cristina. En la actualidad, ambos han finalizado el máster que estaban cursando y se encuentran opositando. Además, Cristina ha comenzado a trabajar como interina en un colegio asturiano, mientras que Javier ha abierto una agencia de viajes online. «La situación laboral española tampoco permite grandes alardes. Encontrar un trabajo en el que no seas explotado y puedas compaginarlo con una formación de calidad es bastante complicado», explica Javier.

Muy diferente es la historia de Patricia Pérez. Comenzó a trabajar los fines de semana como camarera mientras estudiaba Terapia Ocupacional, una carrera que dejaría por falta de vocación para después comenzar la diplomatura en Turismo. Su vida cambió cuando conoció a su actual pareja y juntos decidieron montar su primer bar en el centro de Oviedo. El negocio fue tan bien desde el primer momento que incluso llegaron a  tener una plantilla de hasta once personas. Ahora, a sus 27 años, Patricia compagina la gestión de tres negocios -un bar, la cafetería «Uría 76» y el restaurante «La buena madre» -, sus estudios universitarios y el cuidado de su hija de dos años. ¿Cómo lo consigue? Con mucha organización y con muchas ganas de sacar todo adelante. Reconoce que el mayor inconveniente de todo esto es conseguir una vida social típica de una joven de su edad, ya que para ella es toda una odisea poder encontrar un hueco libre en su agenda para quedar con sus amigos. «Quienes me conocen dicen que soy una mujer de 40 años metida en el cuerpo de una de 20, y la verdad es que mi estilo de vida se asemeja más a una mujer de esa edad», señala.