«El término vegano está prostituido»

ASTURIAS

Maite Green, en su local Beware of the Cat, en Cimavilla.Maite Green, en su local Beware of the Cat, en Cimavilla
Maite Green, en su local Beware of the Cat, en Cimavilla

No es ni una dieta ni un consumismo más, sino un movimiento que lucha contra la explotación animal. Dos asturianas explican en qué consiste el veganismo

28 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

«No utilizamos nada que provenga de la explotación de los animales, ni carne, ni pescado, ni miel ni lácteos ni huevos. Respetando al planeta y a todos sus habitantes. ¡Gracias por respetarnos!» Este par de frases, escritas a tiza en una gran pizarra, resumen a la perfección en qué consiste el veganismo. Maite Green, que es la propietaria del bar Beware of the Cat en el que está escrito este mensaje, ni se acuerda de cuántos años lleva siendo vegana, aunque ella prefiere el término antiespecista. «El veganismo es un movimiento de lucha por una causa en la que los protagonistas son los animales. El término vegano está prostituido porque se está basando en consumismo puro y duro y se olvida que los protagonistas son los animales», insiste.

Ella es activista. En el bar que abría hace año y medio en el barrio gijonés de Cimavilla, el único completamente vegano de Asturias, las alusiones por el bienestar y contra la explotación de los animales, van mucho más allá de la carta de platos. «El veganismo no es por la comida, es por los animales, y no existe tal dieta vegana, en tal caso sería 100% vegetariana. No te puedes olvidar de por qué eres vegano. No es un nuevo consumismo, es un movimiento de liberación animal aunque a veces haya quien lo toma como una moda y diga que soy vegano como si soy hipster». O como mero postureo, añade, pensando en frases que ha escuchado como esa de que «hace años fui vegano…» 

«Se les condena a trabajar cuando no han nacido para servirnos»

Maite Green, que antes tenía una tienda por supuesto vegana que se llamaba Pura Vida, organiza todo tipo de eventos en el Beware of the Cat para fomentar ese respeto hacia el planeta y todos los seres vivos que lo habitan: «Es más que un restaurante, aunque lo que más llama es la comida, pero también organizamos charlas, proyecciones o presentaciones, con el activismo siempre de fondo. Nuestro tema principal es el respeto a los animales y al planeta».

Quien es realmente vegano no utiliza a los animales para nada. Ni comida, ni ropa, ni cosmética ni espectáculos. Ni como mano de obra o fuerza de trabajo. «Se les condena a trabajar y los utilizamos a nuestra conveniencia cuando no han nacido para servirnos. Se les trata como objetos e incluso, en el caso de los animales de compañía, se hace cuando se adopta a un animal porque te sientes solo». Explica también que el veganismo es una lucha interseccional. «Son todas las luchas», puesto que el respeto por el que se aboga es hacia el planeta y hacia todos sus habitantes. 

«Se puede llevar una vida perfectamente sana sin tener que usar productos de origen animal»

Y, aunque mantenerse firme en unos principios no siempre es fácil en una sociedad como la actual, Maite Green explica que al menos intenta hacer un consumo consciente y provocar el menor daño posible. En su bar, por ejemplo, intenta no colaborar con marcas que «hacen daño de una manera o de otra». Todas las bebidas son orgánicas y ecológicas mientras que la comida es ecológica en un 90%. «También tiramos mucho de producto local, de kilómetro cero», indica, explicando que la carta tiene desde platos tradicionales hasta más exóticos. De hecho, el pad thai, un plato típico tailandés, y la tarta de la abuela son dos de las especialidades de la casa con mejor entrada entre los comensales.

«Intentamos ir cambiando siempre para que se vea que se puede comer variado y rico sin necesidad de hacer daño a otros», explica, «está sobradamente demostrado que se puede llevar una vida perfectamente sana sin tener que usar productos de origen animal». En una de las paredes del bar, un póster reivindica que el veganismo es sinónimo de evolución: «Somos omnívoros y por eso el veganismo es evolución; puedes llevar una vida totalmente plena sin afectar a otros». 

Sea como fuere, el veganismo atrae a cada vez más personas, algunas inicialmente con la intención de cambiar hábitos alimenticios. «Me viene mucha gente de Oviedo porque no encuentran nada. Hay mucha oferta vegetariana, pero cada vez hay más gente vegana». 

Lorena Salagre es vegana desde hace algo más de tres años. «Estoy conociendo el tema», asegura, «primero di el paso de no consumir carne ni pescado. En tres meses dejé de comer carne y pescado. No era consciente de en cuántos productos hay carne. Hasta los morenitos llevan grasas animales». Existen aplicaciones para diferenciar los aditivos que son o no veganos. 

«No te haces vegano por salud»

«Antes no leía las etiquetas, el cambio fue completo. Pero no te haces vegano por salud. El objetivo es que no haya productos de animales en condiciones de maltrato en la cadena de producción», explica Salagre, «a veces se ríen de mí diciendo que los veganos somos yoguis o estamos hablando del karma pero lo que pretendemos es mejorar la vida de los animales.».

Las redes sociales han sido un revulsivo para despertar conciencias sobre los malos tratos hacia los animales. Pocas personas podrán decir que no han visto, alguna vez y aunque fuera unos segundos, un vídeo de animales maltratados. Perros, gatos, ocas, gallinas, terneros… «Son vídeos que se suelen evitar, cierras los ojos… pero empiezas a informarte del maltrato injustificado y lo puedo parar en mi alimentación. No quiero que en mi plato exista ninguna posibilidad de ser cómplice de maltrato a otro ser vivo», sostiene Salagre, consciente de que se está viviendo un cambio y que cada vez son más las conciencias que han despertado.

El vegano piensa global y actúa local. No cabe la excusa de que las acciones de una sola persona no bastan. «Mi decisión es personal, pero lo que haces afecta a millones. Lo difícil es dar el paso, pero una vez que haces el cambio es tan fácil como antes», explica Salagre, que por supuesto tampoco utiliza ningún producto de origen animal en su  día a día como pueden ser lana, cuero o seda. 

«Me cuesta diferenciar veganismo de ética»

También asegura que lo que más le sorprendió cuando ya dio el paso al veganismo fueron algunas situaciones en las que se encontraba al comer fuera de casa. Pone varios ejemplos, como que le sirvieran arroz blanco con caldo de pollo como si fuera vegetariano, «o que frieran las verduras en el mismo aceite en el que antes habían freído calamares o que pretendieran quitarle el atún a una ensalada para que pudiera comerla». O que por fin haya gominolas hechas de frutas y azúcar, y no de gelatinas que «son vísceras y otros desechos animales».

Salagre, que pertenece al grupo de Facebook Asturias vegana y vegetariana y colabora con  asociaciones antiespecistas como ¿Serás su voz?, valora que exista oferta suficiente en Asturias para llevar una dieta 100% vegetariana. «Como más y mejor que antes. No vivo en el monte perdida. No gasto más y ahorro más. Te das cuenta de lo que comes y eliges. Me cuesta diferenciar veganismo de ética».