Cómo es vivir con lo mínimo

Dos personas explican cómo tienen que complementar con empleos parciales vivir del SMI. El acuerdo sobre el techo de gasto incluyó una subida del 8% para 2017, y quedará en 707 euros, uno de los más bajos de Europa


Redacción

El acuerdo entre PP y PSOE para fijar el techo de gasto antes del debate de los presupuestos del Estado trajo aparejado un pacto para una subida del 8% del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) el año próximo. Una manera de contarlo es que se trata de la mayor subida en 30 años, otra que el resultado final será pasar de unos muy exiguos  655,20 euros al mes de la actualidad a los un poco menos frugales 707,6 euros que se percibirán en 2017. En Asturias, según las cifras de la Agencia Tributaria, más de 100.000 personas ganan menos que el salario mínimo; se trata de alrededor del 10% de los habitantes de Asturias pero casi una cuarta parte del conjunto de la población ocupada. Son trabajadores pobres, a los que ese empleo no les sirve para cubrir todas sus necesidades, a veces ni siquiera unas pocas por lo que buena parte de los afectados tiene que recurrir a otros trabajos parciales o al mercado negro. Estos son los testimonios facilitados gracias a Asturias por el Empleo, un colectivo que recoge ofertas e informa de cursos y ayudas relacionadas con el ámbito laboral .

De lunes a viernes en un sitio y los fines de semana en otro

«Yo trabajo en ayuda a domicilio y para pagarme el salario mínimo lo que hace la empresa es ponerme una categoría inferior a la del trabajo que desarrollo en realidad, soy auxiliar pero me ponen como ayudante», explica M.V.F., mujer de 48 años quien para poder llenar la despensa tiene que recurrir a completar su ocupación con un empleo parcial en un comedor escolar «así que de lunes a viernes trabajo en un sitio y los fines de semana en otro». La precariedad de su trabajo principal es tal que «si en el comedor trabajara a jornada completa mi sueldo, no digo que sería el doble pero sí un porcentaje mucho mayor que el cobro en ayuda a domicilio».

M.V.F no cree que en su sector se trate de una práctica muy extendida y detalle que los trabajos que se tramitan a través de la administración respetan las categorías profesionales y los convenios. Pero, en su empresa al menos, no ocurre así cuando la prestación es con un particular. «A la persona que atendemos otra compañera y yo le cobran el doble de lo que nos pagan a nosotras, es un beneficio brutal, puede estar pagando 3.000 euros al mes a la empresa, que se está forrando a nuestra costa porque además es una atención de 24 horas». Ella destaca que la empresa se escuda en la legislación para mantener el salario mínimo, pero se distrae con cuestiones como «una nocturnidad a la que tengo derecho y que tuve que reclamar, yo trabajo siempre de noche». Los huecos entre uno y otro empleo los ocupa en formarse con la aspiración de «terminar el ciclo  formativo, estudio a distancia para poder entrar en el ERA».

30 años sin mejora

Las relaciones con la administración, en este caso local, no son tan buenas para E.F, varón de 51 años, a quien un ayuntamiento le encontró ocupación como peón de mantenimiento «haciendo lo mismo que cualquier otro trabajador, en jardines, en mantenimiento, pero ellos cobrando 1.200 euros». E.F se lamenta de que no puede llevar a casa ni siquiera 700 euros al mes para «una familia de dos adultos y dos menores» y con frecuencia «tengo que recurrir a trabajos esporádicos, llevar muebles, pintar, lo que sea».

En su caso la crisis le pilló habiendo sido oficial de tercera en el sector de la construcción, la llegada del paro y la pérdida de prestaciones le llevó a cursos y búsqueda de ayuda en los ayuntamientos «en cualquier otra categoría profesional en la que yo haya trabajado cobraría el doble; lo de ahora me hubiera parecido para dar palmas hace muchos años cuando empecé como mozo de almacén, pero es que ha pasado más de 30 años y no ha subido nada».

Para E.F. el anuncio de la subida del 8% del año próximo es muy escaso «y todavía parece que tenemos que tirar voladores». Para M.V.F., es mejor un 8% que un 1% pero el acuerdo le parece «una bajada de pantalones». Antes de ese pacto sobre la base del techo de gasto, el Congreso había votado por mayoría una petición de Unidos Podemos de subir el SMI a 800 euros entre los años 2018 y 2019; y de forma que alcance los 950 en 2020. La propuesta -que contó con el voto favorable del PSOE, la abstención de Ciudadanos y el rechazo de PP y Foro-- pretendía ya el SMI llegue al 60 % del salario medio, la recomendación de la Carta Social Europea. Para oponerse a la medida, la diputada popular por Asturias, Susana López Ares afirmó que estas subidas salariales supondrían un gran incremento de gasto en los presupuestos, de unos 1.377 millones para 2018 y de 2.819 millones para 2020; lo que provocaría a su juicio, destrucción de empleo y espirales inflacionistas de precios-salarios.

Pero lo cierto es que el salario mínimo español es extremadamente bajo cuando se compara con los existentes en países del entorno europeo. En el caso de Luxemburgo, el más alto de la UE, el salario mínimo es de 1.922,96 euros mensuales, un sueldo notable en España; le siguen Bélgica (1.501,82), Irlanda (1.461,85), Holanda (1.501,80), Francia (1.457,52) y Reino Unido (1.378,87).

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