Mentiras, verdades y paradojas de un éxito y un triple fracaso

Las contradicciones que el viento se llevará de una larga negociación política en Asturias

El pleno de la Junta General del Principado en su constitución.
El pleno de la Junta General del Principado en su constitución.

Redacción

Esta es la historia de un éxito, pero también la de un triple fracaso, con protagonistas que han incumplido su palabra o que se han visto empujados a hacer lo contrario de lo que decían. En este guion de puertas que se abren y se cierran, como una de esas comedias de Lubitsch, el PSOE ha caminado en el alambre, con un actor desaparecido (un mutis otoñal) y una actriz que ha tomado una relevancia inesperada, impredecible hace unos meses. La jefa de la oposición ha salvado la imagen de Javier Fernández y evitado el bochorno político que habría supuesto una doble prórroga para el máximo dirigente del PSOE nacional. Llamazares votará en contra de un presupuesto que pergeñó. J.F. pactará con la derecha que denigra. El impuesto de Sucesiones sigue existiendo pese a que Mercedes Fernández ofició su funeral durante meses. La política como ejercicio constante de la paradoja.

El éxito y fracaso de J.F. 

Durante semanas a Javier Fernández se la ha visto más en Madrid que en Asturias. Los últimos meses al frente de la gestora socialista han elevado a Fernández al altar mediático, en un ejemplo de los giros que da la vida. Las consecuencias de aquella abstención técnica que llevó a Rajoy a la presidencia son impredecibles. Dice Fernando Lastra que vincular investidura rajoydiana con presupuestos javieristas, en ese peaje de ida y vuelta, es una conjetura poco seria. Él sabrá. Lo que es innegable es que la intención de Javier Fernández de pactar unos presupuestos con las fuerzas de izquierdas se ha saldado con un sonoro fracaso. Ni siquiera ha conseguido que IU respalde su proyecto, aunque la semilla aflore en las cuentas regionales. Y ha sido incapaz de limar la bronca relación que mantiene con Podemos: la grieta se agiganta cada día que pasa. El presente de J.F. le aboca a un futuro conflictivo. La legislatura no ha llegado a su ecuador y quedan aún otros dos presupuestos por sacar adelante. Si no consigue atraer como socio a la formación morada le espera el PP como aliado. Un nuevo pacto con la derecha es un castigo considerable para su electorado socialista y un as en la manga para el sector crítico, que ya va afilando los puñales en las calles aledañas a Ferraz. Las alabanzas a su figura de Francisco Marhuenda, Eduardo Inda o de Federico Jiménez Losantos son caramelos envenenados. Los podemistas se frotan las manos.

¿El gesto impuesto? O no

En un año, Mercedes Fernández ha pasado de jactarse de devolver los presupuestos socialistas sin siquiera haberlos leído a apoyarlos casi como un cheque en blanco. Algo ha pasado desde entonces, aunque sea una conjetura poco seria. Cherines hizo campaña a lo ancho de toda Asturias exigiendo la eliminación total del impuesto de Sucesiones. «No al impuesto de Sucesiones», rezaba el cartel que presidía todas sus ruedas de prensa. La exigencia, coherente con la línea conservadora, suponía una contradicción con la subida de impuestos de Montoro. La postura de Mercedes Fernández se fue relajando progresivamente a partir de que el presidente asturiano cogiese las riendas de la gestora. El no taxativo pasó en el debate de la región a medidas más laxas que se lo han sido más aún. En las últimas semanas, el runrún en medios empresariales era insistente: Génova no puede permitirse dejar solo a Javier Fernández. Se hablaba entonces de una abstención, de un gesto. Cherines ha renunciado a su principal lema, muy jaleado. Los enemigos dentro de su partido, el sector ultraliberal, se lo echará en cara. Es cierto que el enfoque puede ser positivo: si se critica a los políticos por ser incapaces de negociar (es decir, ceder), Fernández ha dado un buen ejemplo de cómo renunciar a los  intereses individuales por el procomún. Sea un ejemplo impuesto. O no. 

Diálogo bizantino/diálogo de besugos

Podemos ha dado en el clavo al pronosticar desde hace semanas que el PP y el PSOE pactarían las cuentas regionales. El augurio también llevaba implícito que los podemistas no estarían en un acuerdo con el PSOE, como así ha sido. Desde la primera hora de negociación, incluso antes, se percibió que las posibilidades de acuerdo eran nulas. Cero. Ambas partes eran conscientes de ello y el resultado final fue un diálogo bizantino y también un diálogo de besugos. La estrategia de demolición de Podemos parece diáfana. Sus rivales naturales (sus espacios naturales) están ocupados por el PSOE e IU y el camino no tiene marcha atrás. Pero la política de oposición frontal y de tierra quemada tiene muchos peligros. Los acuerdos alcanzados en otras regiones con el PSOE parecen utópicos en Asturias, Ayuntamiento de Gijón incluido, como bien sabe Foro. Por cierto, la presentación a última hora de una enmienda de devolución, casi a escondidas, denota un infantilismo más propio de un instituto de Secundaria.

La paradoja de Llamazares 

El revolcón que se llevaron Ramón Argüelles y Gaspar Llamazares en la noche del martes es un órdago mayúsculo. La abstención que propugnaban ambos dirigentes saltó por los aires, y también el liderazgo de una coalición que está acogotada por una confluencia con Podemos y por su propia historia, por la mochila que defiende Llamazares. El espacio propio se va así estrechando. La paradoja es que el presupuesto de 2017 (el germen fue el rechazado de 2016)  tiene muchas aportaciones de la coalición. De hecho el PP va a dar paso a un proyecto pergeñado en parte por comunistas, ese término que tanto utiliza Cherines. Llamazares ha dado la cara por su sintonía con el PSOE y se la han partido por ello. Su papel queda también en el alambre, aunque su experiencia es un factor que le puede ayudar. El hecho de que su grupo parlamentario rechace un presupuesto germinado por ese mismo grupo parlamentario demuestra que la política es pasto de psiquiátrico o de esas paradojas que escribe Enrique Vila-Matas. El debut al frente de la coalición de Argüelles ha sido un tsunami en toda regla. Estaremos atentos a la evolución del enfermo.

¿Pacto (del Duernu) o no pacto?

Foro ha sido fiel a su ideario de oposición conservadora, alejada de la postura de su socio en el Congreso de los Diputados. Llama la atención que el famoso Pacto del Duernu (que el casquismo nos fue revelando durante años) no haya pasado aún por la boca de Cristina Coto. Y eso que nos podríamos encontrar ante un capítulo estelar de la saga o culebrón chévere, ustedes deciden. Quizá el momento es otro y la relación con los populares pasa por un idilio que puede acabar en matrimonio dentro de dos años. Matrimonio aunque sea de conveniencia. En cualquier caso, su enmienda a la totalidad estaba cantada. Ciudadanos, mientras tanto, sigue a la espera de dar con la tecla. De definirse como partido en la oposición o como fuerza útil, como reclama Rivera. Sus tres diputados los hace irrelevantes, como les recriminó Javier Fernández en el debate de la región. Nicanor García tiene trabajo por delante.

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