El portavoz socialista apela a focalizar las propuestas legislativas, mientras Llamazares alerta del sectarismo entre las fuerzas de izquierda
25 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.El año político asturiano de 2016 arrancó con una inmediata prórroga presupuestaria, la resaca de un proceso electoral en el Estado (el del 20D) que no había dejado satisfecho a nadie, y todas las hachas de la guerra desenterradas entre los seis grupos que tienen representación parlamentaria en la Junta General. No hubo tiempo, ni ocasión, ni ganas de enterrarlas, porque apenas 6 meses después volvieron a repetirse los comicios generales. Esa tensión electoral permanente marcó en buena medida la tónica del desacuerdo general en la cámara autonómica a lo que se sumó, además, las desavenencias internas en algunos partidos. Antes de las elecciones, en IU que, en Asturias, vivió de forma especialmente disputada el proceso que le llevó a presentarse en coalición con Podemos. Y después del recuento de las urnas, en un PSOE que estalló hasta provocar la dimisión de Pedro Sánchez y la formación de un dirección interina, la gestora, a cuya cabeza quedó el propio presidente asturiano, Javier Fernández.
Llegados a diciembre, se cierra el año con un acuerdo presupuestario singular, enmendado por una IU que ha participado más que ningún otro grupo en su contenido pero que sale adelante con el respaldo del PP y de Ciudadanos, que apenas tuvieron parte en su elaboración. El entendimiento entre PSOE y Podemos --reclamado sinceramente en unas ocasiones y esgrimido más interesadamente en otras-- ni está ni se le espera. Entre tanto, quedan para el próximo ejercicio dos leyes fundamentales que aguardan su tramitación definitiva: la reforma de la ley electoral asturiana y la Ley de Transparencia y Buen Gobierno.
«En esta primera fase de la legislatura han pesado mucho los aspectos emocionales, pero eso ya va reposando y lo que nos queda de aquí adelante es hacer una revisión crítica de las iniciativas en la cámara», opina el portavoz del grupo parlamentario socialista, Fernando Lastra, para quien, con 6 grupos en la Junta, se ha dado una cierta «inflación» de proposiciones de ley y no tanto porque haya aumentado el número de partidos como por «querer significarse rápidamente. Es algo poco reflexivo, obedece a querer dar enunciados de carácter simbólico y esto nos exige más precisión y rigor».
Lastra desataca como «troncales» esas dos leyes en el horizonte. La reforma de la ley electoral (que necesita tres quintas partes de los apoyos de la cámara para salir adelante) cuenta con el respaldo inicial de PSOE, IU y ciudadanos, pero necesita a un Podemos que aún duda sobre varias partes de su contenido. La Ley de Transparencia y Buen Gobierno podría asumir y resumir en ella, muchas de las iniciativas de los morados que se han llevado en este 2016 a la Junta. «La ley de cuentas abiertas, la oficina anticorrupciñon, cuando se concretan son burocratizadoras y sólo se quedan en el enunciado», en opinión de Lastra, que las consideró «fracasos absolutos» por lo que emplazó a los grupos a «seleccionar los objetivos legislativos porque es imposible darles salida».
A través de su cuenta de Twitter, el portavoz parlamentario de IU, Gaspar Llamazares, alertaba del sectarismo que, en su opinión, se está apropiando del debate en el seno de las organizaciones de izquierda y señalaba que «el 15M ha sido nuestro Mayo francés: cambió la conciencia y la representación política, pero no el poder ni la cultura autoritaria».
Además advirtió de que «después de una movilización antiautoritaria, ahora la política vuelve a considerar funcional el cesarismo y la exclusión del discrepante». IU afronta un nuevo año en el que tendrá que despejar el tipo de relación que mantiene con Podemos. El nuevo coordinador en Asturias, Ramón Argüelles, el primero elegido por el voto directo de los militantes, apuesta por una confluencia --sin cerrarse a ningún tipo de modelo-- que les lleve a ser en la próxima legislatura la fuerza «mayoritaria» en la izquierda asturiana. Pero las relaciones no son sencillas ni mucho menos fluida y aún en los últimos meses los morados se negaron en todo momento a incluir a la coalición en las conversaciones de la negociación presupuestaria prefiriendo encuentros bilaterales con el Gobierno.
Desde Podemos, el acuerdo paralelo entre PSOE y PP para sacar adelante las cuentas autonómicas del año próximo confirma su visión de que ambos grupos son dos caras de la misma moneda, y que el presupuesto es el pago en Asturias por la abstención socialista en el Congreso que permitió la nueva investidura de Rajoy. Aún este sábado, el diputado regional Héctor Piernavieja explicó que una vez pasado el trámite de las enmiendas a la totalidad por los presupuestos presentados por el PSOE y «materializado» el acuerdo entre el PP y la FSA para sacarlos adelantes, la formación morada asume el reto de «mejorarlos» a través de enmiendas parciales.
Así, señaló que hace unas semanas responsables de Podemos se han reunido con la Confederación Asturiana del Transporte, de la que forman parte más de setenta empresas del sector de autobuses, que les presentó una serie de reivindicaciones, entre ellas la de reforzar el servicio nocturno entre núcleos de más de 5.000 habitantes, según informó la agencia EFE.