Fernando Cabricano, con un grado de discapacidad del 89%, se desplaza a diario utilizando una bici adaptada en lugar de una silla de ruedas

«La bicicleta me aporta libertad»

Fernando Cabricano, con movilidad reducida, consigue plena autonomía gracias a una bici adaptada. Su única barrera son los ascensores de algunas estaciones de tren: «Son demasiado pequeños para mi bici».


Gijón

«La bicicleta me aporta libertad». Fernando Cabricano tiene movilidad reducida, con un grado de discapacidad reconocido del 89%. Se desplaza a diario utilizando una bici adaptada en vez de una silla de ruedas. «La bicicleta me da muchísima más libertad para hacer las cosas que si las hiciera andando», asegura. Le permite, calcula, tener una movilidad de al menos un 80%. «Te hace tener sensaciones diferentes a las normales», añade, pensando en todas las rutas que ha hecho en solitario. «Al llegar a casa y reflexionar sobre los lugares en los que me he metido, siempre me pregunto ¿y si me llega a pasar algo? Pero es lo pienso cuando ya estoy relajado en casa», dice, y obviamente sano y salvo. 

La primera vez que se montó en una bicicleta, la típica BH con ruedines a los lados, tenía ocho años. «Me da mucho dinamismo, como el coche particular para quien no tiene una movilidad reducida». Asegura que siempre sintió pasión por el mundo de las dos ruedas. «Veía bastantes salidas para moverme con mucha más movilidad que si fuera andando», reitera. Los años fueron pasando y, como él mismo recuerda, «las ruedines convencionales ya no soportaban mi peso» y cambió a un modelo especial «hasta que en 1988 apareció un triciclo perfecto para sus necesidades. «Con esa bici estuve ocho años y con ella hice mis primeras salidas en solitario».

«Las bicicletas, como todo, van mejorando con el paso del tiempo. La primera bicicleta no tenía ningún tipo de desarrollo. Ni platos ni piñones desmultiplicadores. En las últimas que tuve, además de que sí tienen, les fui incorporando nuevos kits eléctricos que también me ayudan a tirar por ellas. Como comprenderás», explica, «tirar de 113 kilos (40 de la bici y 73 míos) y de tener 15 años a los 42 que tengo ahora se nota. Además, todo lo que sea no forzar la máquina más de la cuenta se agradece». Hasta el momento ha tenido cuatro triciclos con características especiales y, el último, lo adquirió hace un año y medio. «Es el que más uso porque lo veo más robusto y me da más confianza, sobre todo en la frenada. De los cuatro que tuve, ahora me quedan dos nada más porque las otras dos bicicletas llegaron a romperse del uso».

«Se liberan muchos malos rollos y cada día vemos que la bici es más sostenible en las ciudades»

Cabricano habla bondades de la bicicleta para recomendar su uso a cualquier persona. «Es muy saludable para todo el mundo. Se liberan muchos malos rollos y cada día se está viendo que la bici es más sostenible en las ciudades y en las carreteras». Él la ha incorporado a su día a día para hacer su vida más accesible y, por supuesto, sostenible. «Para mí un día sin lluvia me permite un abanico muy amplio para hacer cosas con plena autonomía. Desde ir a la compra, pasando por hacer gestiones burocráticas o echar una mano a las asociaciones a las que pertenezco. También me gusta mucho buscar e indagar nuevas rutas, que son novedosas para mi y que en grupo no puedo hacer por diversas circunstancias». 

Por ejemplo, tiene cierto respeto a no mantener el ritmo del grupo con el que realiza la salida cicloturista. Cabricano es miembro de Asturies ConBici. «Me fastidia que el grupo se vea afectado por mi culpa aunque, afortunadamente, en todas las salidas que hice con Asturies ConBici no me pasó, pero siempre hay que estar alerta para que no ocurra». De marzo a octubre, Asturies ConBici organiza salidas todos los fines de semana. Cabricano dice que siempre que se puede escapar con la bici para realizar una ruta lo hace, «aunque menos de lo que me gustaría y sobre todo me escapo en primavera y en verano, cuando los días son más largos y con más luz».

También es miembro de la Unión de Radioaficionados Españoles desde hace 20 años. Y de esa membresía se explica que su bicicleta lleve una matrícula con el nombre de Átomo. «En realidad debería ser Átomo 2, que es un indicativo de radioaficionado que me abrió muchas puertas y me ayudó a superarme en mi día a día. Y hasta a lo mejor tiene bastante culpa de que yo tenga los triciclos que tengo ahora», explica, «me regalaron la placa sin el dos y así se quedó Átomo».

Cuando se desplaza de Oviedo a Gijón, por ejemplo, no se baja de la bicicleta. «Si voy rodando desde Oviedo es fácil porque no tengo que coger el tren y así no tengo ninguna traba, pero el inconveniente al ir rodando por la antigua carretera Oviedo-Gijón es que me quedo sin gasofa y prácticamente no puedo andar nada por Gijón», lamenta. También le gusta ir por la zona de La Morgal y últimamente, asegura, «voy para la zona del Pedreo, más allá de San Claudio, en donde hay un área recreativa preciosa». Lugares a los que va en bicicleta sin coger ningún otro medio de transporte y, por lo tanto, sin toparse con ninguna barrera arquitectónica.

«Cogeré el tren en Lugones para dejar de hacer filigranas con los ascensores»

En ciudad es otro cantar, aunque su gran problema son los ascensores. Al menos en la estación de trenes de Oviedo. «Los ascensores son muy pequeños; tengo que meter la bici de pie y, para eso, tengo que pedir ayuda al servicio de Atendo», explica, en referencia al servicio de atención y asistencia a viajeros con movilidad reducida de Renfe.

«Hace tiempo me atreví a coger el tren en el apeadero de Llamaquique, que es una estación relativamente más nueva que la de la calle Uría, y creía que los ascensores eran más amplios.Y, aunque el de la calle hasta el vestíbulo sí lo es, la bicicleta no cabía ni de pie en el que va del vestíbulo a los andenes. No da el ancho. De lo malo, en la estación de Uría puedo meter la bicicleta con ayuda para cambiar de andén», indica. En sus próximos desplazamientos en tren a Gijón, tiene previsto ir hasta Lugones: «Estuve mirando y consultando para ver si se podía hacer el cambio de andén por superficie, como en la estación de La Calzada de Gijón, pero para eso tengo que desplazarme a Lugones, así que la próxima vez que vaya a Gijón cogeré el tren en Lugones para pasar de ascensores y hacer filigranas».

Cabricano insiste en esta barrera: «La cuestión no se basa en demandar cosas porque las cosas existen y si se hubieran hecho bien desde un principio no estaríamos hablando de ello. Además, seguramente el problema de los ascensores pequeños no sea solo de Oviedo sino de la mayoría de las estaciones españolas salvo grandes capitales como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia». A la bici solo le ve una pega: «La lástima es que tengamos que oír un día sí y otro también que atropellen a uno o dos ciclistas o incluso a un pelotón de varios ciclistas. Eso es lo único malo de la bici».

 

 

 

 

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