«He llegado a cobrar una nómina de 6 euros. Al llegar al banco con el cheque alucinaron»

La trabajadora presta servicios en una empresa de ayuda a domicilio


Redacción

Patricia Morán trabaja mediante un nanocontrato con una empresa de ayuda a domicilio. El servicio que presta suele ser durante una hora, en la que tiene que acostar a una persona y darle la cena o levantarla por la mañana, asearla y darle el desayuno. Lo máximo que trabaja pueden ser dos horas, repartidas por ejemplo entre la mañana y la noche y, en muchas ocasiones tiene que desaplazarse a la otra punta de Oviedo lo que le lleva otra hora entre ida y vuelta. «Te pagan 4,50 euros por hora en días laborables y si el servicio cae de fin de semana o festivo serían 5 euros», explica Morán. De todas maneras estas empresas le cobran el doble a la familia que contrata el servicio por lo que trabajan con «unos márgenes brutales». «En esta empresa en concreto la persona que la regenta dice que ella cumple con todo legalmente, Seguridad Social, cotización, nóminas etc. y es cierto que siempre te dan de alta en la Seguridad Social», explica la trabajadora. Aún así relata que la encargada de la empresa afirma que la gente «no quiere trabajar» y que, en muchos casos, las personas aceptan el trabajo y después no se presentan en el domicilio. «Se ampara en que si no existiera la ayuda de 426€ la gente trabajaría», asegura.

El caso de Patricia es uno más dentro de la precariedad laboral a lo cual se suma la oferta de trabajo del nanocontrato. «No entiendo que llamen a esto empleo. Yo he llegado a cobrar una nómina de 6€ y en otra una liquidación de 0,18€ y al llegar al banco con el cheque a cobrar se me han quedado mirando alucinando en colores», asegura la trabajadora, que lo acepta únicamente por la cotización que «aunque sea pequeña siempre cuenta». Mientras tanto sobrevive trabajando en B en todo lo que le va saliendo, limpieza, canguro, plancha, etc. junto con sustituciones y bajas en geriátricos. Con 32 años que tiene afirma llevar encadenados unos 60 empleos, muchos de ellos simultáneos -en ocasiones cinco a la vez-, con jornadas laborales de 20 horas. «Por ejemplo hacía noches en el hospital de 22.00 a 8.00. Por la mañana limpiaba una casa, por la tarde cuidaba unos niños y el fin de semana cuidar una señora durante el día y a otro durante por la noche», concluye Patricia Morán.

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