Una ambulancia tarda de media ocho minutos en llegar a cualquier emergencia por lo que la actuación de los testigos es crucial
03 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Los teléfonos del 112 en Asturias reciben más de mil llamadas al día, de las que al menos 800 son sanitarias. Y, de ellas, una veintena son emergencias sanitarias. Una ambulancia tarda una media de ocho minutos en llegar allí donde hace falta. Ocho minutos pasan volando. «En una parada cardiaca y en un atragantamiento nunca llegaremos a tiempo», indica Marta Nonide, médico coordinador en el 112, «en una parada cardiaca hay que actuar en el minuto cero. Si tardas cinco minutos, las posibilidades de salvar la vida se reducen a la mitad y, a los 10 minutos, son del 20%. Las emergencias hay que atenderlas durante los primeros cinco minutos». De ahí la importancia que le concede a que la población esté preparada para este tipo de situaciones con conocimientos de primeros auxilios. En Asturias, insiste, se producen dos muertes súbitas al día. Muertes posiblemente evitables si los testigos supieran qué hay que hacer en esos decisivos primeros minutos.
«Nadie se libra de atragantarse, o de sufrir una situación de estrés que acabe en un desmayo. Son cosas que crees que le pasan a los demás pero, cuando llegan, hay que actuar o se muere la persona. Y, pese a que ocurren todos los días, la mayoría de la población cree que eso le pasa a otro y los que trabajamos en estos sabemos que es importante que se tengan conocimientos.
En los primeros cinco minutos, hay veces que nada se puede hacer, pero otras veces, por favor, hay que actuar porque la ambulancia no llega y se mueren», persevera Nonide.
¿Qué hay que hacer ante una emergencia?
Dos son las emergencias en las que los testigos pueden salvarle una vida mientras llega la ambulancia: la inconsciencia y el atragantamiento. Nonide explica que, en el primer caso, si alguien se cae y queda inconsciente, «en cinco minutos muere a menos que el testigo le salve». En los talleres escolares les explica a los niños que, para comprobar que la persona que ha caído inconsciente respira, hay que colocarle una mano en la frente y otra en la barbilla para inclinarle la cabeza hacia atrás, acercarse para escuchar la respiración y cerciorarse de que el vientre se mueve. «Al que respira hay que ponerle de lado hasta que llegue la ambulancia y, al que no respira, hay que hacerle las compresiones torácicas sin parar hasta que llegue la ambulancia», insiste.
En el segundo caso de emergencia por muerte súbita, el atragantamiento, a los niños les enseña que «si tose le animamos (hacia adelante) y, si no tose, con cinco golpes y cinco apretones en la barriga». Es decir, la maniobra de Heimlich. «Y llamar al 112, en donde preguntamos la dirección y, por eso, hay que decirle a los padres que la escriban en un papel bien grande y visible. Y eso salva a las personas. También les decimos a los niños que, al llamar al 112, les van a hablar muchas personas». Mínimo dos, aunque a veces pueden ser hasta tres. «Y que les van a preguntar y van a tener que contestar a todo, hacer lo que les manden y no colgar hasta que lo pidamos».
A los niños también se les enseña a distinguir si alguien está dormido o está desmayado. Simplemente llamándole. «Si no responde, está desmayado. Les decimos que entonces corran a buscar a un adulto y que llame al 112. Si está en casa, al vecino. Y si le pasa al profe en clase lo mismo, y no es la primera vez que ocurre. Hemos tenido casos en los que padres han sufrido una convulsión febril que te dicen que no reaccionaron hasta que su hijo o hija les dio el teléfono, después de haber marcado ya el 112. O dos padres que se pusieron histéricos cuando a un abuelo le pasó algo y el que cogió y llamó fue el niño de 9 años», dice Nonide.
Hay muchos ejemplos. Pone otros dos. Un niño de 5 años que llamó diciendo que a su padre le dolía mucho el pecho y que no respiraba. «Había tenido un ataque al corazón y, en tres horas, ya tenía un catéter puesto. Otro niño nos avisó de que su madre había tomado unas pastillas y estaba en el suelo del baño. Mi mamá no despierta, decía».
Qué hay que hacer cuando alguien sufre una convulsión también se enseña en los talleres escolares. Es muy sencillo: esperar a que paren. «Y luego lo mismo que antes, se realiza todo el proceso», indica Nonide, que enumera innumerables casos que le han llegado a través de llamadas al 112 que demuestran que los adultos no saben qué hacer ante las convulsiones. En uno de ellos, una abuela tuvo que ser atendida tras caer por la escalera cuando llevaba a su nieto en brazos mientras sufría la convulsión. Aunque parezca increíble, más temprano que tarde la convulsión cesará y entonces es cuando quien la ha sufrido debe ser atendido.