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No invasores marcianos: refugiados y humanos

Mensajeros de la Paz y el Principado financian un vídeo, realizado por creadores asturianos y dirigido al trabajo didáctico para sensibilizar a escolares de Primaria sobre la situación de las personas refugiadas

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Un corto de animación asturiano da la palabra a los refugiados Un vídeo promovido por Mensajeros de la Paz y hecho en Asturias busca sensibilizar a los escolares de Primaria sobre la situación de los refugiados

Gijón

Malak no es de Marte: es una niña, y es de Siria. Pero, como muchos de los que han tenido que salir por la fuerza del país, siente que en el lugar donde ha ido a caer muchos la ven -y como a ella, a su familia y al resto de los refugiados, sirios o no- como a verdaderos marcianos. Para demostrar que no es así, que es una niña exactamente como cualquier otra y que lo único que desea, mientras llega el momento de volver a casa, es adaptarse lo mejor posible a su «nuevo planeta» (que cae más o menos en la latitud de Asturias) tiene casi cuatro minutos: la duración de Siria no está en Marte, un muy cuidado y efectivo vídeo de animación que se ha colgado en Youtube hace apenas unas horas, que promueve Mensajeros de la Paz.

El cortometraje, cofinanciado por la Agencia de Cooperación al Desarrollo del Principado, se ha realizado en Asturias con un objetivo primordial: «Dotar a los profesores de Primaria de un medio para sensibilizar sobre el problema de la acogida a personas refugiadas a niños de entre 6 y 12 años».  La aclaración es de Juan Miguel García, director de Proyectos de la oenegé fundada por el asturiano Padre Ángel, que también se ha ocupado de coordinar esta producción sobre una idea de Cristina Antuña (Pensar Consulting), con guión y dirección de José Alonso y José Manuel Fernández, respectivamente (Trisquelmedia), diseño de personajes y animación de Andrés Cabrera (Artine), grabado en los estudios Medianorte y posproducido por Marcos Cabal (Flexiva Sound Design) con adaptación musical de The Music Tailors, todos ellos implicados en el proyecto «desde una actitud de total solidaridad», según José Miguel García.

Pero si algo, aparte de la plasticidad de los dibujos y su seductora animación, destaca en Siria no es Marte, es la voz de la jovencísima narradora, Carlota García, que dota al personaje de Malak de un encanto a nombre con su juego. Porque en sirio, Malak es «ángel», y la voz protagonista transmite esa dulzura angelical a su relato en primera persona. «Queríamos mandar el mensaje sobre las personas refugiadas sin recurrir a imágenes de dolor, bombardeos o sangre. Si los adultos lo asumimos mal, imagínate los niños», explica el director de Proyectos de la oenegé. De ahí el tono amable -aunque finalmente triste y emotivo- de un relato en primera persona que muestra que «Malak es igual que los niños, con sus mismas, casas, juegos, costumbres, colegios, aficiones y recuerdos».

El sencillo pero muy didáctico relato de Malak funciona por sí mismo para cualquiera que desee ver el cortometraje por sí solo; pero funciona aún mejor como base de un proyecto didáctico similar a otros impulsados previamente por Mensajeros de la Paz (Quiero irme a casa; Voy a la escuela, Cooperar con Mandilón). Para ello, hay disponible para su descarga una guía que orienta para realizar diversos tipos de talleres, por edades, antes y después del visionado del cortometraje. Se trata de estimular -según afirma en un texto previo el Padre Ángel- sentimientos de «solidaridad, empatía, acogimiento y compasión» para favorecer la «inclusión, diversidad e integración» y refinar las «competencias sociales y emocionales de los escolares» a través de «un trabajo cooperativo» que está muy atento a la «perspectiva de los derechos humanos».

Todo ello es realmente necesario incluso en comunidades que, según José Miguel García, son «zonas de acogida muy solidarias desde el primer momento», como Asturias. No en vano, de los más de 12 millones de personas refugiadas, cerca de 900.000 se hacinan en territorio europeo y esperan ser acogidos en territorio comunitario. Para otros, los que permanecen por ejemplo en el inmenso campo de Zaatari, en Jordania, Mensajeros de la Paz, el Principado y el ayuntamiento de Gijón desarrollan en estos momentos una campaña de envío de víveres y enseres básicos. Porque vivir en esas condiciones sí que puede, en bastantes sentidos, convertirse en una experiencia tan dura como la de sobrevivir en Marte.

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