«Estar en la cima del Everest sin oxígeno es lo más parecido a respirar a través de una pajita»

El escalador Jorge Egocheaga inicia una gira de encuentros con alumnos de distintos colegios de la región para darles a conocer otras culturas

Jorge Egocheaga inicia su tour de conferencias a los alumnos del Principado El alpinista asturiano busca concienciar a los más jóvenes sobre sus oportunidades en la vida e inculcar valores como el esfuerzo y sacrificio

Oviedo

La vida no es igual en todos los lugares del mundo. Cada sitio tiene sus propias características, ya sea orográficas, económicas, sociales, o de muchos otros tipos. Aquellos que han tenido la oportunidad -o la valentía- de recorrer el mundo son conscientes de las distintas realidades que lo configuran. Uno de esos incansables viajeros y descubridores de culturas es el alpinista asturiano Jorge Egocheaga, que viene dispuesto a ofrecer las vivencias de sus diferentes expediciones a los adolescentes del Principado a través de una serie de charlas ofrecidas en colaboración con la Fundación Cajastur-Liberbank. Los primeros en tener oportunidad de escuchar al expedicionario han sido más de 125 alumnos de cuarto de la ESO y de primero de Bachillerato de los colegios ovetenses Loyola y Santa Teresa de Jesús, pero todavía quedan muchos más en Gijón, Avilés y la Cuencas. Sus aventuras, principalmente en Nepal, han sido el hilo conductor utilizado por el médico y deportista para transmitir valores a los jóvenes. Los principales son «el esfuerzo y el sacrificio». «Sin ellos no se consigue nada, la vida no es fácil», afirma el deportista, añadiendo que «en este mundo hay que pelear las cosas».

¿Cuál es el objetivo de Egocheaga? No solo «ofrecer» sus aventuras, sino concienciar a través de los citados valores. «Lo que quiero es hacerles ver un poco la suerte que tienen de haber nacido aquí. Podían haberlo hecho en otros sitios donde los niños carecen de oportunidades y las posibilidades de avanzar en la vida son muy diferentes y complicadas», explica el alpinista. La «suerte» de haber venido al mundo en Occidente es una de las cuestiones sobre las que más hincapié ha hecho en sus palabras a los adolescentes. «Vosotros podéis hacer lo que queráis, lo que queráis. Con las oportunidades que tenéis y un poco de esfuerzo y ganas podéis llegar a cualquier sitio, tenedlo claro», repitió con vehemencia en varias ocasiones dirigiéndose a los alumnos asistentes.

«Más allá del alpinismo»

Jorge Egocheaga se muestra muy entusiasmado con llegar, a través del alpinismo, a tocar muchos otros temas ya que, «indudablemente», su deporte le ha hecho «ver la vida de otra manera». «A través de los viajes he descubierto otras culturas, otras maneras de vivir, otras religiones y me han hecho entender muchas cosas», señala. Por eso, asegura en sus charlas siempre pretende «ir más allá» de la propia acción deportiva. «Eso está ahí, lo hago porque me gusta, pero a mi me transmite otra serie de valores que son los que trato de legar a los demás», argumenta. Finalmente, respecto a sus objetivos deportivos no se pronuncia, aunque sí refleja su intención en cuanto a los profesionales en el ejercicio de la medicina. «Mis objetivos de la montaña -detalla- nunca los digo, porque ni siquiera yo los tengo muy claros. Y profesionalmente, como médico, quiero seguir trabajando y ayudando a la gente en todo lo que pueda».

Se escapó con quince años para subir al Mont Blanc

Para hacerles entender mejor su mensaje, el escalador no dudó en confesar uno de sus «grandes secretos»: se «escapó» con quince años para ir a escalar el Mont Blanc. «Cuando tenía vuestra edad, les pedí a mis padres un regalo muy concreto. Era un billete de Interrail para viajar por Europa», contó Egocheaga a su público. Lo que no sospechaban sus progenitores es que el montañero abandonaría el tren en Bilbao y emprendería la marcha hacia los Alpes acompañado únicamente de su bicicleta. «¿Os gustaría hacerlo? ¿Sois aventureros?», preguntaba el ponente mientras un murmullo delataba que los chicos habían quedado impresionados por su historia. Al revuelo le seguirían algunas preguntas, haciendo patente que había despertado su curiosidad. 

«Me paraba en las cunetas, dormía en un saco, los días que llovía buscaba resguardo, algunas personas me ayudaban… además yo, con quince años, parecía que tenía doce y la gente se extrañaba que estuviera haciendo esa pequeña aventura», relató Egocheaga, señalando que fue «un gran esfuerzo». El asturiano aseguró recibir una «buena bronca» a su regreso, tras pasar diferentes penalidades como quedarse sin dinero y comida, llegando a recoger bayas y frutos para subsistir en su vuelta en bicicleta.

No serían las únicas aventuras que relataría. La relación con los porteadores y los sherpas, los rituales previos a la escalada de una montaña en Nepal -sin los cuales los sherpas se niegan a empezar la expedición-, sus ascensos a picos vírgenes en Asia, los viajes más duros de su carrera o su escalada del Everest en la modalidad sin oxígeno fueron algunas, entre muchas otras, que desveló en el encuentro. «Tardé seis semanas en aclimatarme a la altura del Himalaya para conseguir llegar a la cima del Everest», explicó, detallando que los menos de 200m que separan la cima más alta del mundo de la segunda, el K2, parecen «pocos pero marcan la diferencia», sobre todo respecto en la respiración. «Estar en la cima del Everest sin la ayuda de una botella de oxígeno es lo más parecido a respirar a través de una pajita de refresco», fue la comparación que hizo el deportista asturiano. Incluso hubo tiempo para enseñar algunas nociones de nepalí a los jóvenes.

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«Estar en la cima del Everest sin oxígeno es lo más parecido a respirar a través de una pajita»