Estas son las caras detrás de las becas Severo Ochoa

Tres doctorandos asturianos a la espera de la resolución de las becas explican como luchan por proseguir con sus investigaciones sin ningún tipo de financiación

Guillermo Solache, Bárbara Barreiro y Noelia Fernández
Guillermo Solache, Bárbara Barreiro y Noelia Fernández

Redacción

Obtener la más alta titulación universitaria posible, es decir, convertirse en doctor, nunca fue fácil. Implica varios años de estudio, trabajo e investigación para  la elaboración de una tesis doctoral, sin tener en cuenta la cuestión económica. Por suerte, existen diferentes becas y subvenciones cuyo objetivo es ayudar a estos jóvenes investigadores a desarrollar su labor pero, en ocasiones, parece ser que su gestión no funciona todo lo bien que debería. En concreto, y centrándose en Asturias, las becas predoctorales Severo Ochoa -versión regional de las becas estatales de Formación de Personal Universitario (FPU), ya que cuentan con prestaciones de carácter muy similar- están sufriendo carencias desde hace varios años, tanto en sus bases como en sus resoluciones, según denuncia y plasma en un manifiesto la Asamblea Futuro Investigación Asturies (AFIA). La duración establecida para percibir estas ayudas es de cuatro años y Asturias reservó 4,4 millones de euros para este cometido, retribuyendo a cada doctorando una ayuda 16.100 euros anuales que se traducen en una dotación mensual que no alcanza los 1.000 netos tras las pertinentes retenciones. En la última convocatoria, cuyo plazo de solicitud se cerró el septiembre pasado, se recibieron 227 solicitudes para un total de 55 concesiones que, a día de hoy, siguen sin haber sido otorgadas cuando deberían haber sido resueltas antes que finalizase 2016. Sus solicitantes están preocupados y exigen la la resolución de la convocatoria con la mayor celeridad posible. Entre esos 227, cada uno con su vida y sus circunstancias, se encuentran Guillermo, Bárbara y Noelia, tres doctorandos que esperan la publicación de los resultados para conseguir mejorar su situación actual.

«Estoy realizando mi tesis en un laboratorio cuyas investigaciones se engloban en el campo de la Biomedicina», explica Guillermo Solache, un gijonés de 25 años que se encuentra en su tercer año de doctorado. Su tesis trata sobre los mecanismos moleculares de la enfermedades renales y de la calcificación vascular. El verano de 2014, solicitó la beca Severo Ochoa para poder comenzar su investigación pocos meses después disponiendo ya de dicha financiación. Su solicitud no consiguió la suficiente puntuación y se quedó en el primer puesto de la lista de espera del área de Ciencias de la Salud, con la mala fortuna de que ningún solicitante de su área renunció a la ayuda. En ese momento, y con ayuda de sus directores, se puso a buscar financiación por otras vías. Solicitó dos veces las ayudas predoctorales FPU, sin éxito al ser la competencia con estudiantes de todo el país, y entraba en sus planes solicitar la Severo Ochoa al año siguiente al contar con un mayor número de méritos, pero volvió a quedarse sin ayuda debido a otras causas: solo se publicaron las bases y nunca hubo resolución. «Como consecuencia de lo anterior, estuve realizando mis estudios de doctorado sin recibir por ello ingreso alguno hasta febrero de 2016, cuando en mi laboratorio consiguieron contratarme por doce meses», detalla Guillermo.

Este año ha vuelto a solicitar la Severo Ochoa, la cual sería «de gran ayuda» debido a su situación personal y laboral en el laboratorio donde se encuentra. «El dinero que un grupo de investigación puede destinar a la contratación de personal es limitado y, por tanto, contratarme a mí supondría no poder captar nuevos doctorandos o tener que prescindir de tener un técnico de laboratorio», relata, aunque en su caso no disfrutaría de los 4 años de contrato previstos en el programa. De otra manera, no recibir esta beca sería perder «una gran oportunidad» debido a la convocatoria especial para realizar estancias en otros grupos de investigación.

Pluriempleados y en el extranjero

Guillermo se encuentra en el Principado, pero hay otros doctorandos que también optan a la ayuda que se encuentran ahora mismo en el extranjero y pluriempleados, ya que compaginan la actividad investigadora con un trabajo externo. Es el caso de Bárbara Barreiro, una langreana que reside en Aberdeen, Escocia, donde realiza una investigación sobre el surrealismo y su aplicación en la arquitectura posmoderna, a la par que trabaja en un restaurante para costearse su estancia. Lleva siguiendo esa dinámica desde que se matrículó, aunque anteriormente su empleo era el de profesora en una academia de inglés. Su situación respecto a la Severo Ochoa es exactamente igual a la de Guillermo: en 2014 no la consiguió, en 2015 no la obtuvo al no ser resueltas y sigue esperando los resultados de este año.

«Para poder realizar una estancia doctoral en el extranjero -requisito en su programa de doctorado- tuve que dejar mi trabajo el año pasado para mudarme a Reino Unido», comenta Bárbara, añadiendo que «no recibió ninguna ayuda económica por ello». Recibir la beca sería la solución para poder llevar a cabo adecuadamente su actividad en Escocia. «En el caso de que recibiera la beca, podría dedicar bastante más tiempo a desarrollar mi labor investigadora aquí, además de llevar a cabo una relación más estrecha entre ambas universidades, lo que también fomentaría la investigación entre ambas», asegura Bárbara. Por otro lado, los becarios en su situación también reciben una ayuda extra que tiene en cuenta las dificultades añadidas de encontrarse en un país extranjero. En la actualidad busca obtener la Mención Internacional para su título de doctora, al igual que ejerce como colaboradora de grupos de investigación nacionales e internacionales. 

Su caso no es el único 

El convertirse en pluriempleado no es una situación poco común entre los investigadores. Al caso de Bárbara Barreiro se suma el de otra langreana de 27 años, Noelia Fernández, Premio Extraordinario de la Universidad de Oviedo en 2015. Ella también tuvo que ejercer como profesora de idiomas para poder costearse la matrícula del doctorado, que trata sobre la reconstrucción de la arquitectura religiosa asturiana en el periodo franquista. A ese desembolso hay que sumarle otros gastos en formación como la asistencia  a congresos científicos y viajes al Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares, donde se encuentra almacenada la documentación que necesita consultar para su proyecto. «Todo este trabajo fue realizado con mucho esfuerzo al efectuar mi investigación y mi trabajo externo de forma paralela y con la intención de aumentar mi currículum personal de forma que pudiese obtener mayor puntuación en la supuesta convocatoria para las ayudas de 2015», explica al respecto de la convocatoria que quedó sin resolver. 

Su situación personal y familiar en la actualidad es delicada. «Ha influido mucho en mis estudios de doctorado -señala- pues soy hija de familia minera, mi padre era pensionista y falleció hace 6 años». Su madre, que es quien la ayuda principalmente, también es pensionista. «Ella ha tenido, y tiene, que hacer unos esfuerzos enormes para que yo pueda seguir con mi formación. Por eso el curso 2015-2016 me puse a trabajar ya que no salía la convocatoria de las ayudas Severo Ochoa», cuenta, puntualizando que se vio obligada a dejarlo debido a las exigencias del doctorado y «con la esperanza» puesta en la convocatoria de 2016. «A día de hoy y con todos estos retrasos, me financio con la ayuda de mi madre, en la medida posible, y con los ahorros que tengo después de haber trabajado para poder realizar los pequeños viajes que mi proyecto de tesis exige, pero sin poder, por ejemplo, realizar estancias de larga duración por la escasez de presupuesto», detalla la joven investigadora.

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