Del «mi marido me ayuda» a la igualdad real

Un estudio cofirmado por la investigadora ovetense Marta Domínguez Folgueras, afincada en París, demuestra que la llegada del primer hijo descompensa aún más las tareas del hogar en las parejas

La socióloga asturiana Marta Domínguez Folgueras.La socióloga asturiana Marta Domínguez Folgueras
La socióloga asturiana Marta Domínguez Folgueras

Redacción

¿Qué pasa con las tareas del hogar cuando una pareja tiene un hijos? Esta pregunta es el punto de partida de un trabajo sociológico en el que ha participado Marta Domínguez Folgueras, una ovetense afincada en París, que trabaja en el Centro de Estudios del Cambio Social y que cambió su formación en filosofía por los estudios de género. Para llegar a una conclusión, Folgueras -una especialista con una consolidada trayectoria- y sus compañeros hicieron entrevistas a 68 parejas diferentes. El resultado es que la llegada del primer descendiente apenas modifica los hábitos cuando el reparto de las tareas es algo hablado y consensuado. Sin embargo, cuando lo que sucede antes del parto es que la mujer lleva la voz cantante y el hombre ayuda, deja de haber un reparto efectivo y la mujer comenzó a asumir una carga mucho mayor. Es decir, si ambos miembros son corresponsables, es más fácil mantener el equilibrio. Con esta máxima en mente, ¿en cuántas parejas resiste la igualdad? Solo en la mitad.

Esta sombría conclusión forma parte de la investigación publicada por la revista Community, Work & Family, que lleva por título La casa pertenece a los dos: desmontando la división de género en las tareas del hogar. Su objetivo era alejarse de los grandes datos y entrar en un plano más cualitativo para ver qué factores tienen más influencia a la hora de determinar el reparto de las tareas del hogar, para determinar cómo influye el trabajo, los ingresos o las políticas sociales. 

La investigadora asturiana explica que los estudios en los que ha participado le han demostrado que muchas veces los comportamientos en el hogar se producen por una toma de decisiones implícita y no de manera negociada. Ni siquiera se preguntan quién decide qué dentro del hogar. Los hombres y las mujeres, además, acceden de forma diferente al trabajo en casa. En un gran número de casos, las mujeres hacen las tareas que ven pendientes sin necesidad de que nadie diga nada y tienen que reclamar la ayuda del hombre para que se implique. «Muchas dejan de pedir ayuda porque dicen que es más rápido si lo hacen ellas. Es algo que puede parecer anecdótico pero refleja las normas sociales establecidas y cómo ellas, al final, terminan llevando todo el peso», razona Marta Domínguez.

Los hijos sí. Limpiar no

Las parejas que viven juntas sin casarse y las del mismo sexo son más igualitarias. Esa es otro de los resultados de sus estudios. Hay diversos factores que pueden explicar esta conclusión. Los que no pasan por el altar suelen ser más jóvenes y menos tradicionales, por lo que tienen otros roles de comportamiento y de relación. Pero también se puede explicar porque los matrimonios suelen ser mayores. También hay datos curiosos sobre qué tareas asumen más los hombres. Ellos se han corresponsabilizado de la educación de los hijos. En eso sí que existe una gran diferencia con las generaciones anteriores. Pasan más tiempo con sus hijos y se encargan de su cuidado. Pero la socióloga ovetense precisa que se han quedado con las tareas que tienen una mayor valoración social y que, además, son las más visibles. La limpieza, por ejemplo, les interesa mucho menos. Incluso cuando se habla de los hijos, juegan con ellos y les ayudan a hacer los deberes pero cambian menos pañales y cocinan menos purés. 

«El avance hacia la igualdad se está frenando». Las percepciones de Marta Domínguez no son demasiado halagüeñas. Sin embargo, en esta ocasión no es achacable a la crisis que, en muchos aspectos, ha servido para aminorar la brecha. Explica que la tasa de desempleo se ha llevado por delante a muchos y ha tenido algunos efectos positivos. Hace unas décadas era inimaginable que un hombre se dedicase a la crianza mientras su mujer trabaja. Eso ha pasado ahora cuando ellos pierden su puesto de trabajo. «Esos cambios son buenos para la igualdad», afirma.

Pero existen barreras que ha sido imposible derribar. La incorporación de la mujer al trabajo hizo que hubiera que plantearse el reparto de tareas y que comenzase a externalizarse con la contratación de empleadas. El uso de la tecnología en la vida diaria también fue un factor determinante. Hacer la compra a través de internet y que los supermercados lo repartan a domicilio ha ayudado a suavizar las cargas. Incluso el cambio de los estándares entre generaciones ha sido beneficioso, con familias que ya no llevan la casa como lo hacían sus abuelas. Pero los roles de género permanecen. Marta Domínguez lo explica con casos prácticos, con esa idea preconcebida, por ejemplo, de que a las mujeres les preocupa más la limpieza que a los hombres o de que ellos nunca ven nada sucio o que a ellas se les da mejor hacer determinadas cosas. Esas ideas están enquistadas en la sociedad y han frenado los avances, insiste la socióloga asturiana.

Queda, no obstante, terreno para el optimismo, aunque habría que cambiar la forma de trabajar. Las políticas sociales son la clave. Para erradicar del acervo que encierran frases como ese «mi marido me ayuda» y sustituirlas por una corresponsabilidad real en el hogar, es necesario planificar la educación, mejorar la situación laboral y salarial de las mujeres, incentivar o casi forzar los permisos de paternidad,... «Es muy complejo y a largo plazo», explica. Del mismo modo, también es partidaria de acabar con los falsos mitos de la maternidad y de arropar a aquellos hombres que se sienten incomprendidos cuando lideran la crianza de los hijos.

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