Diez actitudes machistas que a nosotras nos molestan


Desde utilizar el género masculino en el singular de oficios con equivalencia en femenino hasta asumir que las mujeres son las guardianas del hogar


Gijón

Desde un piropo que nadie ha pedido hasta frases hechas como que «las mujeres se realizan plenamente siendo madres». El yugo del patriarcado sigue presente, y lo estará por muchos años mal que pese, pero las mujeres son cada vez más conscientes y activas. Estas son solo 10 actitudes machistas que, por cotidianas, antaño podrían llegar a pasar desapercibidas y formar parte del paisaje (parafraseando a la filósofa Amelia Valcárcel). Ahora ya no y molestan.

1. ¿Por qué cuesta tanto decir la abogada y se sigue diciendo la abogado?

Es solo un ejemplo de los oficios en los que se siguen utilizando los sustantivos masculinos en singular cuando la concordancia de género es posible y sintácticamente correcta. Y hay muchos ejemplos. La magistrado. La médico. La ingeniero. El lenguaje sigue siendo sexista. «Cada vez duele más que me llamen abogado. Me remueve por dentro cuando alguien dice la letrado», asegura Elena Ocejo, abogada y presidenta de la Asociación de Abogadas para la Igualdad, que recuerda cómo los temerosos de que el androcentrismo pierda fuerza ridiculizan el lenguaje inclusivo. 

2. ¿Por qué las figuras femeninas del semáforo tienen que llevar falda? ¿Por qué los uniformes del colegio reservan los pantalones para los niños y las faldas para las niñas?

Las mujeres también usan pantalones, ¿verdad? «Llevar falda es incómodo cuando eres pequeña y también cuando eres mayor. Es como cuando escuchas eso de que hay que llevar tacones para estar divina… A nadie le gusta estar en una plataforma de 10 centímetros por el mundo», considera Ocejo. Nadie pone en duda, sin embargo, que haya mujeres que prefieran las faldas, pero las imposiciones estereotipadas vuelven a sobrar.

3. ¿Por qué a una deportista, cuando sube al podio, no le entregan el premio dos bellos azafatos y le dan un beso en cada mejilla? 

Sería ridículo. El error es el mismo sean hombres o mujeres. Las azafatas que entregan los premios en las pruebas deportistas, de las que ya se está prescindiendo en algunos eventos, son meros elementos estéticos. «No sabemos si el premio es el trofeo o las azafatas», critica Ocejo, que tampoco pasa por alto los pocos minutos que se les dedican a las mujeres deportistas en las secciones de deportes de los medios. Es inevitable, además, que surja la siguiente cuestión:

4. ¿Por qué las mujeres, en general, no disponen de tanto tiempo como los hombres para hacer deporte?

Por supuesto, no todas las personas quieren practicar deporte, pero Ocejo considera que «lo habitual es los hombres encuentren espacio para hacer deporte y las mujeres no». Casos que suelen darse en parejas con niños, claro. «Como asumimos el rol de género, el tiempo libre que tienes te lo pasas haciendo cosas y no tenemos tiempo. Y, claro, no somos deportistas». 

5. ¿Por qué el porcentaje de mujeres en los parques infantiles es mayor que el de los hombres?

Incluso las reuniones de padres, como se sigue diciendo en los colegios, tienen un porcentaje más elevado de mujeres, de madres. «También son las mujeres las que llevan a sus hijos al médico. El patriarcado te sigue dando el papel de cuidadora, encima trabajas, pero tienes que seguir asumiendo esas labores», dice Ocejo. Otro ejemplo de la cotidianeidad de los estereotipos machistas, aparte de que las mujeres deben ser las que se encargan de los hijos, es que los hombres hagan lo propio con los coches. 

6. ¿Por qué se pone en un pedestal al hombre que ayuda, cuida y se preocupa de sus hijos?

Es algo que ocurre a diario en los juzgados, según dice Ocejo. «Si un hombre quiere la guardia y custodia o la custodia compartida se pone en valor, a la mujer ya se le presupone. Se da por hecho. La sociedad mira bien a un padre que cuida de sus hijos y, en los juicios, se ve como un valor, como si fuera merecedor de una medalla de oro»

7. ¿Por qué a un hombre, a veces, se le dice ‘eres un calzonazos’?

La explicación sigue estando el reparto de roles de hombre y mujer. El hombre tiene que ser, según el punto de vista machista, el que tiene que dominar la relación y a su pareja. Puede tomar decisiones individuales y sus intereses personales pueden estar perfectamente por encima de la pareja. Y no es más que una relación desequilibrada. 

8. ¿Qué significa que un hombre le diga a una mujer ‘Te voy a hacer la compra. Dame la lista de lo que necesitas’?

Hay hogares en los que hasta las mujeres se vanaglorian de que sus parejas masculinas les ayuden en casa. «No me puedo quejar, me echa siempre una mano en las tareas del hogar». Por ejemplo. «En esa casa viven dos personas y el hombre también tiene que saber qué es lo que se necesita. La mujer está sobreexplotada. La igualdad formal ha hecho daño», considera Ocejo, refiriéndose a que en la vida real la igualdad que está escrita sobre el papel aún no ha llegado tan lejos. Y recuerda que las cuotas son necesarias porque, en una estructura patriarcal, «no partimos de la misma base». 

9. ¿Por qué la RAE sigue diciendo que las mujeres son el sexo débil?

Existe hasta una petición en change.org para que la definición de sexo débil del diccionario de la Real Academia de la Lengua, que hoy es «conjunto de mujeres», desaparezca. Por supuesto, el sexo fuerte se define como «conjunto de hombres». El eurodiputado polaco que se hizo famoso estos días seguro que aplaude estas dos definiciones.

10. ¿Cuántas veces hay que repetir que una mujer no necesita encontrar a su media naranja porque ella ya es una naranja entera?

«Esa imagen de la media naranja, del amor romántico, ha hecho daño. Las mujeres quieren a tope. Los chicos malotes gustan mucho. Y todo son historias que hacen daño, como la imagen que se proyecta de las mujeres en ocasiones en el cine y la literatura», dice Ocejo, remontándose a la ‘Pretty Woman’ que fue rescatada por todo un caballero. «Muchas chicas jóvenes dejan a la pandilla, se unen al grupo de su pareja y yo lo estoy viendo en el despacho. Casos en los que ellas dejan a sus amistades, sus aficiones y ellos pasan a ser el centro de todo. Y lo hacen por amor, porque les quieren y eso no es serio». 

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