El plumero de la Pampa amenaza la biodiversidad en espacios protegidos

La expansión de esta planta invasora se ha multiplicado por 100 en los últimos 15 años. «El lema de Asturias paraíso natural puede acabar siendo una farsa», advierte el catedrático de Biología Tomás Díaz


Gijón

Primero fueron los taludes y los márgenes de las carreteras, pero ahora ya están invadiendo prados abandonados, zonas industriales también semiabandonadas y, lo que es más preocupante, espacios protegidos de la Red Natura 2000. La hierba de la Pampa, conocida también como plumero o carrizo, se ha multiplicado por 100 en los últimos 15 años en algunas zonas de Asturias. «Hemos llegado a unos niveles de invasión tremendos y el problema es que también está apareciendo en lugares protegidos como los sistemas de marismas y dunas de nuestra costa, con lo que estamos contraviniendo la legislación europea que lógicamente dice que no pueden ser ocupados por plantas invasoras», advierte el catedrático de Botánica y decano de la Facultad de Biología de la Universidad de Oviedo, Tomás Emilio Díaz, que menciona que existen datos que establecen que el crecimiento de la hierba de la Pampa ha sido de entre un 50% y un 70% en determinadas zonas de la región. «Hay áreas en las que antes había un ejemplar o dos y ahora la superficie está totalmente cubierta», asegura.

¿Por qué es una especie invasora?

Existen varios tipos de hierba de la Pampa, pero la que invade Asturias es la denominada cortaderia selloana que, como su nombre popular indica, es originaria de las zonas de las Pampas de Argentina y Chile. «Hace bastantes años comenzó a utilizarse de forma ornamental y se fue difundiendo por todo el mundo. El problema vino cuando la extensión fue tan fuerte que se ha convertido en una planta invasora», explica Díaz, recordando que este concepto se refiere a plantas que proceden de otros territorios y eliminan las plantas autóctonas. «Tiene un carácter invasivo tremendo. Cada planta forma millones de semillas que son dispersadas por el viento con lo que la capacidad de ocupar nuevos hábitats es inmensa», insiste. 

¿Cómo llegó a Asturias?

«Apareció de forma masiva en el País Vasco y de ahí se fue extendiendo a toda la cornisa Cantábrica», indica Díaz, que recuerda que un factor determinante en el proceso de invasión del plumero de la Pampa fue su inclusión en el catálogo de plantas que el Ministerio de Obras Públicas utilizaba en los años 70 y 80 para la construcción de autovías. «Aparecía en ese catálogo porque era muy llamativa, crece rápidamente, tiene un gran volumen con lo que en las medianeras impedía que los focos deslumbrasen al carril contrario, era muy fácil de obtener y bastante barata», explica Díaz, que indica que la hierba de la Pampa aguanta climas templados y suaves. 

Asturias, debido a los retrasos en las obras de la autovía del Cantábrico por la zona de Llanes, se libró durante un tiempo de este proceso de invasión a través de las carreteras, aunque en el momento en el que se permitió el paso de la planta empezó a invadir taludes y otras zonas importantes de autopista que ya llegan a Galicia. «Y eso a pesar de que en Asturias el ministerio había utilizado en los taludes plantas leguminosas autóctonas, pero los huecos que quedaban fueron ocupados por los plumeros que, por ejemplo, en las inmediaciones de Oviedo son dominantes», dice Díaz. 

¿Por qué son preocupantes los niveles de invasión alcanzados en Asturias?

El hecho de que ya se haya introducido en espacios protegidos, además de contravenir la legislación de la Unión Europea, es una clara amenaza hacia la biodiversidad. Díaz explica que, cuando un hábitat cualquiera se modifica no solo afecta a la estructura vegetal, sino que la repercusión va en cadena con el sistema de seres vivos, que están cohabitando en ese hábitat y que viven a expensas de plantas y otros elementos». Por ello, si persiste el efecto negativo sobre ese hábitat, «puede ser que no aguante ese cambio y desaparezca, con lo que se expandirán aún más los plumeros o las malas hierbas. Y eso conlleva que la fauna también desaparezca, por lo que el lema de Asturias paraíso natural puede acabar siendo una farsa. Ahora estamos vendiendo la imagen de Asturias como destino turístico de naturaleza y, en el momento en el que la gente de otros países vean que nuestro territorio está invadido por esta hierba, se perderá atractivo como paraíso natural y eso hay que contemplarlo».

¿Se puede frenar el avance?

Hace unos 15 o 20 años, el Gobierno del Principado y algunos ayuntamientos de forma puntual crearon cuadrillas de eliminación de plantas invasoras que, según recuerda Díaz, «funcionaron bien mientras hubo dinero. El problema es que, en determinadas áreas en las que parecía que habían desaparecido, no dio tiempo suficiente y han vuelto a resurgir con más fuerza todavía». En su opinión, la eliminación de los plumeros es una cuestión que, en primer lugar, debe pasar por el reconocimiento social de la importancia que tienen las plantas invasoras en la conservación de la biodiversidad del territorio asturiano. «La eliminación es bastante costosa e incluso hay estudios en los que se establece cuánto cuesta eliminar un metro cuadrado, una hectárea… y es dinero», indica, explicando que el plumero de la Pampa también se multiplica por rizomas y por sus raíces para insistir en su enorme potencial invasivo. «De un núcleo central existente pueden formarse núcleos secundarios abundantísimos», asegura. 

De lo difícil que es tratar de eliminarlas de manera manual pone como ejemplo la experiencia de un conocido suyo, que «no me había creído cuando le dije que iba a tener que hacer un agujero enorme, y que para eliminar un solo ejemplar de su finca efectivamente tuvo que cavar un metro y medio de profundidad por otro metro y medio de longitud». Si en una misma zona, existen más de 200 ejemplares, la eliminación manual queda descartada y podría pensarse en utilizar herbicidas como el glisofato. Díaz advierte, no obstante, que se esta realizando un estudio de la Unión Europea que analiza el glisofato porque se está cuestionando si tiene propiedades cancerígenas: «Ahora está en entredicho y evidentemente en las zonas protegidas no lo podemos utilizar porque actúa eliminando todas las raíces». 

La solución, añade, pasaría por una actuación coordinada a nivel estatal, autónomico y local, «si no, no hay nada que hacer porque las soluciones parciales no van a serbir. Es una decisión política conjunta a todos los niveles. La invasión empieza rápidamente y la eliminación es costosísima, y además nunca sabes si lo has conseguido». En su opinión, en Asturias debería evitarse que siga penetrando en nuevos lugares y, en las zonas que ya están invadidas, actuar con herbicidas en zonas industriales que no vayan a tener otro uso y, en las protegidas, de forma manual. 

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