Los grupos cruzaron un intenso debate sobre la corrupción, el impuesto de sucesiones o la enseñanza en lengua asturiana en en pleno de la Junta
17 mar 2017 . Actualizado a las 16:44 h.Abrió el turno de preguntas al presidente la portavoz del PP, Mercedes Fernández, quien si en la anterior sesión, 15 días atrás, ya había aprovechado una cuestión sobre la escuela concertada para inquirir a Javier Fernández sobre el plan «piloto» para introducir el asturiano como lengua vehicular, en esta ocasión lo hizo de forma directa equiparándolo a un «extraño atajo para irse con Llamazares», destacando que ni siquiera el requisito de que se trata de un opción voluntaria «puede justifica una lengua vehicular en Asturias que no sea el castellano» y no el, a juicio, «extraño bable de laboratorio con poco salero y gracia» a la vez que destacaba que le extrañaba esta posición de un presidente «al que no le oí nunca decir un ye».
Javier Fernández insistió en que esta propuesta se basa en la voluntariedad de los centros, de los profesores y las familias y consideró «acreditado» que no era precisamente un defensor de la oficialidad de la llingua como respuesta a las acusaciones del PP de que esta propuesta pretende alcanzar ese estatus de forma solapada. «Escuché a su diputado Pablo Medina hablar de la ley que fomenta la protección y el apoyo al asturiano pero no la imposición. Es cierto, pero tampoco se trata de hacer una persecución, que es lo que ustedes están planteando» y retó a los populares a que llevaran el proyecto de Educación a los tribunales en el caso de que consideraran que era ilegal. El presidente afirmó que «la derecha normal siempre ha tenido apego por la tradición y sólo la derecha montuna se encierra en esa hostilidad», esa definición de montuna soliviantó a la bancada popular y también a la de Foro ya que Fernández acusó a los populares de entrar en una competición «en la caverna» entre ambos grupos y cuyo resultado, aseguró, «va prestame mucho velo».
Quizá por alusiones Llamazares planteó en asturiano la pregunta de su grupo, sobre cómo garantizaría el Gobierno la asistencia sanitaria y de los servicios públicos, en una debate que se enfocó en profundidad sobre el impuesto de sucesiones. En los presupuestos se ha aumentado la exención para las herencias a partir de 200.000 euros y aumentará el año próximo a 300.000 gracias al acuerdo con el PP, una rebaja de ingresos para la administración que IU cree excesiva y fruto además de «una campaña» que en último término «va contra la política y contra lo público». Llamazares recordó que que se trata de vincular este tributo como una drama para la clase media «cuando quien lo paga no es ni el 5% de la población» y citó al Tribunal Constitucional de Alemania para señalar que el impuesto de sucesiones «es el corazón de la democracia económica, porque, además de financiar servicios públicos, evita la acumulación de riqueza y de poder en una aristocracia». La defensa del tributo por parte de Llamazares hizo que los diputados de su grupo jalearan su intervención con golpes a los escaños algo que, hasta ahora, era patrimonio exclusivo del PP en la cámara asturiana.
El presidente se defendió de las críticas de IU respecto a que su Ejecutivo no había «dado la cara» por el impuestos pero a grandes rasgos coincidió con Llamazares sobre que en el debate ante la opinión pública se están utilizando argumentos que no son ciertos --como presunta la doble tributación o las desigualdades territoriales en su cobro en los casos de sobrinos, primos o hermanos fallecidos en el extranjero--, «cada vez es mayor el peligro de la antipolítica» que, en su opinión, «plantea agravios entre comunidades» y calificó de «absurda» la carrera por bajar impuestos. Pero señaló que si no habñia logrado un acuerdo para los presupuestos con IU «fue porque no han querido, se pudo hacer con el PP y yo se lo agradezco».
El momento más bronco del debate se produjo en el turno de la presidenta de Foro Asturias, Cristina Coto quien preguntaba por una sentencia del Supremos sobre la adecuada inclusión de deuda en los presupuestos prorrogados pero que derivó en una serie de reproches sobre el desenganche de Asturias a la recuperación económica «con el cierre de La Goleta y Casa Conrado» y sobre todo, el intento de provocar al presidente aludiendo al juicio del exdirigente del SOMA, José Ángel Fernández Villa del que dijo que fue «su discípulo más fiel y aventajado» además de «monaguillo sumiso» cuando Villa era «sumo pontífice». Coto afirmó que Javier Fernandez era «punto de conexión de todas las tramas de corrupción de Asturias» y también «un totalitario compulsivo disfrazado de cartujo».
«Yo es que tengo la irritación prohibida por prescripción médica», le contestó el presidente. Le siguió el turno de Podemos cuyo portavoz Emilio Léon le preguntó por el «cartel del Reconquista». Si los morados a nivel nacional han comenzado a abandonar «la casta» por «la trama», en Asturias León avanzó que llegaba el momento de dejar de lado «el pacto del Duernu» por esta nueva denominación que incluye a todo. Están ahí casos de corrupción más o menos recientes, desde la los sobrecostes del Musel, a los precios pactados por cementeras, las investigaciones de Riopedre, la amnistía fiscal de Villa y hasta la condena al expresidente de la patronal asturiana, Severino García Vigón, por no pagar el IVA. «De la patronal no esperábamos nada pero Villa defraudó a millones de personas, sobre todo a esos parados de larga duración que ya son el 45% de los Asturias» apuntó León quien señaló que «por la alfombra roja del Reconquista se paseaban los protagonistas de la desindustrialización».
El presidente, que ya veía cargado con Villa desde la intervención de Coto, respondió que «si quieren que diga que lo conocí y fue amigo amigo, o que milito en el SOMA, pues lo confieso, pero busquen lo que quieran que nadie va a encontrar en mi perfumes ni regalos» y calificó el cartel del Reconquista como «cuestión rabínicocabalista» para reporchar a Podemos que en los dos años de legislatura no se hubiera alcanzado ningún punto de entendimiento en la Junta General «cuando me consta que su franquicia pactó con el partido más reaccionario de Asturias para entregarle la ciudad de Gijón». Y añadió una puya para el secretario general de Podemos Asturias, Daniel Ripa, señalando que de la cinematografía de Clint Eastwood quizá el prefiera a «Harry el Sucio, y yo soy más de Sin Perdón y Gran Torino».
Por parte de Ciudadanos, su portavoz Nicanor García inquirió al presidente sobre la falta de información ofrecida por el Ejecutivo respecto a la situación de Sogepsa antes de debatir si se debía convertirse en un ente público. El diputado naranja señaló además que Sogepsa era una ejemplo de gestión «nefasta» que hizo general en muchos servicios públicos «que si se gestionaran bien podríamos hasta quitar el impuesto de sucesiones y nos ahorrábamos dinero». Javier Fernández aseguró que Sogepsa era uno de los asuntos que en mayor número de ocasiones se había llevado a la cámara, reconoció que en su gestión había habido «decisiones escandalosas que se tomaron y que no comparto ni apoyo» pero insistió en que sus pérdidas, al ser una sociedad que compró mucho suelo industrial, se debían a la «crisis inmobiliaria».