Preguntan en el Senado por «un tal Pelayo»

Foro cuestiona el contenido de un libro de texto de historia de segundo de bachillerato sobre la batalla de Covadonga y el Camino de Santiago

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Redacción

Según la crónica medieval que se elija, en Covadonga hubo una batalla desigual con intervención divina, milagros y piedras, o también la pequeña rebelión de un «asno salvaje» en un páramo de rocas según Isa ben Ahmad Al-Razi. Los historiadores contemporáneos ponen mucho el acento en el componente legendario de la batalla de Covadonga, no se sabe a ciencia cierta quién era realmente el Palayo que llegó a ser rey de los astures y los sortilegios de carácter místico, sencillamente, no tienen cabida en esta discusión. Pero la forma en la que se enseña la historia suele atraer la polémica.

En este caso ha sido el grupo de Foro Asturias el que ha planteado al Ejecutivo asturiano y también en el Senado el contenido de un libro de texto, de la editorial Akal, que se enseña a alumnos de segundo curso de Bachillerato. Según denuncia Foro, el texto incluye «versiones inadmisibles de la historia de Asturias». En concreto, el diputado Pedro Leal ha señalado a través de una nota de prensa que el libro habla de «un tal Pelayo»; y define a la batalla de Covadonga como «una escaramuza» que fue continuación de las que se venían produciendo desde hace tiempo «entre cántabros y vascones y las guarniciones romanas y visigodas del valle de Duero». La senadora de Foro Asturias, Rosa Domínguez de Posada, ha registrado una iniciativa en la cámara alta en la que exige «rigor» en los libros de texto de segundo de Bachillerato en lo que a la historia de Asturias se refiere.

¿Quién era Pelayo? Los historiadores difieren. Para algunos un «espatario», una suerte de guardia personal del rey Rodrigo, para Eloy Benito Ruano todo un «dux asturienses» con tierras en Tiñana y en Piloña. Varios textos aluden que él o su familia sufrieron persecución durante el reinado de Witiza. En todo caso el reino se consolidó con alianzas como la de Don Pedro , duque de Cantabria, y la reivindicación de Asturias como heredera legítima del reino visigodo no llegaría hasta muchos años después del asentamiento de su territorio bajo el reinado de Alfonso II.

En Foro calificaron de «boutade» que el libro afirme que «el mito de Santiago, fue potenciado por la Corona por razones ideológicas y económicas». A juicio de Pedro Leal se trata de contenidos que «son deficientes e inexactos» y emplaza tanto al gobierno autonómico como al central a que expliquen los controles e inspecciones que superan los libros de texto de historia. Lo cierto es que, dentro de los cánones mediavales, el Camino de Santiago sí puede interpretarse como un formidable acto de propaganda, uno dirigido a afianzar el prestigio internacional del reino, a fomentar los intercambios culturales y comerciales. Pero eso es otra historia, o la misma.

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