Los horarios y la falta de comunicación complican el mantener relaciones y pueden llegar a producir un distanciamiento
30 abr 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Después de casi dos décadas de trabajo en Terapia Sexológica, te vas dando cuenta que hay circunstancias que se van repitiendo con cierta frecuencia y que esa frecuencia cada vez va en aumento. Una de esas circunstancias que complica la vida en pareja y que cada vez vemos más en consulta es el trabajo a turnos y cómo este puede ser una dificultad para la vida de pareja.
Asturias es una región en la que el trabajo a turnos es una constante en miles de personas trabajadoras: un tejido industrial formado por grandes empresas, por ejemplo siderúrgicas, personal sanitario, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, etc.
El trabajo a turnos siempre ha afectado a la vida de pareja. Hay diversos tipos de turnos y todos acaban afectando de forma parecida. Si tu turno es siempre nocturno o si tu turno va rotando -da igual que sea el «biológico» o no-, la vida de pareja se construye en base a esos horarios totalmente diferentes a los ritmos socialmente establecidos. Si tu pareja también trabaja, tenemos un problema; si no trabaja la dificultad es otra y si también trabaja a turnos y no coinciden con los tuyos, entonces corremos el riesgo de volver la vida de pareja prácticamente inexistente.
La vida erótica es una de las primeras afectadas dentro de los diferentes niveles que componen la vida en pareja. El cansancio va y viene, así como el desbarajuste horario. Todo eso afecta sobre todo al deseo y complica la búsqueda de espacios para la intimidad. Cuando a ti te apetece tu pareja puede estar muy cansada, recién salida del turno, dormida o simplemente no estar. Cuando le apetece a tu pareja, quizá a ti no, o no sea el momento o no podamos o no estemos.
Los espacios se complican y pueden acabar llevándonos a dejar de buscarlos y dedicarnos a lo que podríamos llamar «Erótica de supervivencia», esa en la que de pronto nos surge una oportunidad y nos dedicamos intensamente a ese momento, ya que no tenemos ni idea de cuando podrá volver a surgir. Estos impulsos pueden llegar a agotarse si se realizan solo para cubrir una necesidad y no poder recrearnos para transmitir, sentir o disfrutar como nos gustaría. Nos podemos acabar «imponiendo» esos momentos y eso no nos lleva a buen puerto. Lo ideal podría ser tener la oportunidad de combinar ambas cosas. Recordemos que la parte erótica de la pareja no es un simple desahogo o un intercambio de fluidos más o menos hábil. La vida erótica es transmisión, comunicación verbal y no verbal, compartir sensaciones...
La comunicación básica también se pierde. Las dos personas viven dos vidas paralelas en las que cuando aparecen espacios comunes intentamos ponernos al día y hacer partícipe de tus circunstancias a tu pareja para construir la vida común. El esfuerzo que supone puede acabar haciendo que nos dejemos llevar y que la convivencia se acabe pareciendo más a la de dos personas que comparten piso, con vidas diferentes, que a una relación de pareja. Podemos acabar perdiendo capítulos enteros de la vida de nuestra pareja, incluidos capítulos importantes que hagan que luego no entendamos situaciones, momentos o conversaciones y nos sintamos en cierta soledad.
La vida social se resiente. Uno de los dos puede tener complicado mantener las relaciones sociales propias y también las comunes. Nuestros turnos no suelen coincidir siempre como para poder estar en la vida social o acumulamos demasiado cansancio como para ello. Se pueden perder hábitos e incluso amistades.
Otra dificultad estaría en querer formar una familia o ya tenerla. Igual que se puede producir un distanciamiento con la pareja, también con los hijos e hijas, a los que vemos a trompicones. Si bien es cierto que la educación no se basa en la cantidad de horas que pasemos con hijos o hijas, sino en la calidad de esas horas, podemos correr el riesgo de dejar que la ansiedad regule nuestra relación y pasemos de inexistentes a demasiado persistentes de un día para otro para al siguiente volver a desaparecer.
¿Y que podemos ofrecer desde la Sexología? Sobre todo un poquito de sentido común, reflexión, acompañamiento y fomentar un buen aprovechamiento de los espacios. El trabajo en consulta es siempre «artesanal», es decir, lo más personalizado y ajustado a la realidad de la persona o pareja que acude. Eso significa que el trabajo es muy específico. Debemos adecuar su realidad laboral (esto no puede ser modificable, generalmente) a las expectativas propias y de pareja. Hay que tratar de conseguir que los espacios comunes se disfruten sin ansiedades y de la forma más placentera posible.
La adaptación al trabajo a turnos necesita más dedicación que la simple búsqueda de los adecuados ritmos del sueño -que son imprescindibles, por otra parte-. Hay muchas investigaciones sobre como afecta el trabajo a turnos sobre nuestra vida, generalmente orientados a cuestiones de salud, dejando de lado que lo erótico, la vida en pareja, etc tiene que ver con el bienestar de la persona, no es sólo una cuestión de salud.
Hay profesiones cuyos turnos tienen unas jornadas de descanso bastante amplias (de varios días seguidos). Esa forma de trabajo a turnos permite unas mejores adaptaciones que las de personas que trabajan a turnos y descansan solo día y medio. De todas formas, en ambas situaciones va a depender todo de como afrontemos esa circunstancia y como la vivamos.
El trabajo a turnos exige una mejora de la implicación de la persona en todos los niveles de relación de pareja. Todo tiene que negociarse más, de forma tranquila y consciente. No se trata de «luchar contra», sino de «vivir con». La queja, la frustración y la ansiedad deber ser sustituidas por la aceptación de la realidad, la búsqueda de espacios de calidad y la valoración de esos espacios. Si ambos miembros de la pareja se implican, los efectos del trabajo a turnos pueden tratar de minimizarse, en la medida de lo posible y nuestra vida de pareja puede ser una fuente de vivencias y placer compartido y a disfrutar.