Ropa «mínima» y reclamo de «imagen sensual» para estimular al consumo de bebidas a los clientes
ASTURIAS
Las mujeres que se encontraban dentro del club de Granda cuando se realizó la inspección afirmaron que asistían voluntariamente a la sala de fiestas del establecimiento
21 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Las mujeres que se encontraban dentro del club de Granda cuando se realizó la inspección afirmaron que asistían voluntariamente a la sala de fiestas del establecimiento. Reconocieron que se encontraban alojadas en régimen de pensión completa, en la parte destinada a hotel, donde abonaban 50 euros por día, y disponían de una taquilla para cambiarse de ropa. Según la descripción recogida por los magistrados de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA), en su sentencia, iban vestidas con «ropa mínima, bodys, bikinis, con la espalda y el ombligo al descubierto, las piernas sin cubrir, induciendo y estimulando a los clientes a realizar consumiciones y, en concreto, ejerciendo la actividad de alterne».
Esta actividad de alterne consiste, en palabras del propio tribunal, en que «mujeres estimulen con su compañía y la mayor o menor exhibición de su físico, el consumo de bebidas por los clientes de un establecimiento donde aquéllas prestan el servicio a cambio de un porcentaje de dichas consumiciones, en el presente caso un 50 por ciento del precio de cada una de las consumiciones a las que eran invitadas»; una actividad que, en el caso enjuiciado, «ha quedado sobradamente acreditada».
El lucro del club
A juicio de los magistrados, esta situación ponía en evidencia el desarrollo de un trabajo preestablecido, el correspondiente a la apertura del establecimiento desde las 16.30 horas de la tarde hasta las 4 de la madrugada siguiente, todo ello «bajo las órdenes directas y dentro del ámbito de organización del titular del centro de trabajo, el club», señalan en la resolución judicial.
Añaden que el club era el que suministraba la infraestructura necesaria para el desarrollo de la actividad, aportando las taquillas para que las camareras de alterne se cambiaran de ropa, además de las bebidas, música y el resto del aparataje en el que desenvuelve esta profesión y era quien, en definitiva, «se lucraba de los elevados precios abonados por unos clientes que allí acudían atraídos únicamente por los encantos de las codemandadas, tal como se desprende de los anuncios insertados para reclamar su presencia en dicho establecimiento situado en medio de un polígono industrial, a más de 10 kilómetros de Oviedo, anuncios en los que aparece la imagen de una figura femenina en actitud sensual, de lo que se infiere que el establecimiento cuenta con la presencia de mujeres como reclamo esencial o signo distintivo de otros establecimientos de bar o cafetería».