«Hay que hacer políticas para prevenir los incendios, no solo para apagarlos»

E. G. B REDACCIÓN

ASTURIAS

Incendio en el oriente asturiano.Incendio en el oriente asturiano
Incendio en el oriente asturiano Fernando Ibañez

Guardas forestales explican algunas de las claves por las que Asturias es pasto de las llamas: «En febrero y marzo hay tanto riesgo de incendio como en julio y agosto», aseguran

12 jun 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

«Todos los incendios coinciden con olas de calor o con circunstancias favorables para arder cuando más daño hacen. Y arde lo que no produce o produce poco». Guardas forestales consultados, que han estado presentes en alguno de los grandes incendios que ha vivido Asturias en los últimos años, explican que, en el norte de España, cuando más riesgo de fuego existe es en los meses de invierno. «Cuando el terreno está quemado de las heladas. En febrero y marzo hay tanto riesgo como en julio y agosto. Con el viento, además, no sabes lo que puede pasar», indican, recordando lo seco que fue el pasado abril, un mes en el que se registraron casi 900 incendios en Asturias. 

En 2016 se había conseguido bajar de las tremendas cifras habituales hasta los 630 siniestros en todo el año. «La mayoría de estos incendios fueron por haber cambiado la ley de montes de Asturias», aseguran, «aún no estaba publicado en el BOPA y ya se estaba pegando fuego». La eliminación de los acotamientos, el cambio que se introdujo en la Ley de Montes y Ordenación Forestal de Asturias a propuesta del PP con el apoyo de todos los partidos salvo Podemos que se abstuvo, entró en vigor el 5 de abril, el día en el que se publicó en el Boletín Oficial del Principado de Asturias (BOPA). 

Se levantan los acotamientos pese a la ley estatal

El cambio, del que el Ministerio de Agricultura y Pesca ya ha dicho mediante un informe que es «inconstitucional», consiste en permitir el uso de los terrenos quemados incluso aunque se tengan pruebas de que lo fueron por motivos de generación de pasto. «Contradice la ley de montes estatal, que está por encima», recuerdan los guardas forestales consultados, que hacen hincapié en que «el valor de lo que gastamos en apagar fuegos es desproporcionado y, sin embargo, nada en prevención».

El principal motivo de los incendios intencionados de Asturias, según las estadísticas anuales que recaba el Ministerio de Agricultura, es la quema para pasto. La ley asturiana, en todo caso, permite las quemas controladas para pastos, en las que las fincas se limpian para que brote todo de nuevo, sobre todo por el suroccidente. «Las quemas controladas requieren de mucha burocracia y muchas medidas de seguridad. Tienen que ser en la época en la que no están criando los pájaros, hay que dejar cinco metros de desbroce para cada lado… y se suelen denegar bastantes», explica un guarda forestal, que no pasa por alto que el abandono del medio rural influye en esta situación: «Los praos se abandonan y se convierten en monte, en matorral y limpiar esas fincas exige dinero, ya no solo es segar». 

«Todo está en roca madre; no crece nada»

Las consecuencias de que, por ejemplo entre enero y mayo de este año, ardieran 9.300 hectáreas de superficie forestal, aunque no sean vistas por todos los asturianos, existen. «Por el interior de Asturias, de Navia a Pola de Allande, todo está en roca madre. No crece nada. La tierra es yerma y es debido a los incendios», explican los guardas forestales consultados. En otros lugares afectados de Asturias, «como al segundo año llueva o haga sol, brota toda la vegetación. Pasamos página rápido, se recupera aparentemente rápido, pero en realidad se erosiona todo y se pierden nutrientes». 

Ya en 2008, una investigación realizada por el Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot) de la Universidad de Oviedo comparaba la erosión en zonas montañosas del occidente de Asturias afectadas por los incendios forestales con otras que lo están menos y descubrían que el fuego, combinado con las fuertes pendientes de la zona, eran las principales causas de erosión y destrucción del suelo en la región.

435 incendios en diciembre de 2015

Uno de los guardas consultados recuerda que en diciembre de 2015 se encontraba en El Franco. «Teníamos que estar todo el día. El fuego paró porque llegó a Viavélez, al mar». La oleada de incendios de ese final de año fue desbordante para los equipos de extinción. Se llegaron a contar hasta 435 incendios que dejaron calcinadas más de 10.000 hectáreas por casi toda Asturias. «Cuando hay un incendio al día siguiente lo más seguro es que se reproduzca, siempre hay que ir a repasarlo. Siempre va a quedar algo. No había manera de dar abasto», dice, «en la comisión de seguimiento de incendios se dijo que esto iba a pasar, y pasó este abril en ciertas zonas y volverá a pasar. Hay que hacer políticas para prevenir los incendios, no solo para apagarlos. Aquí solo esperamos a que llueva cuando lo que hay que hacer es buenas podas y desbroces».

Generar empleo con las labores de prevención

Señala, de paso, que se crearían puestos de trabajo en un mundo rural tan falto de ellos. «Cuando la gente vea que los montes producen dejarán de quemarlos», sentencia. Pone como ejemplo la explotación forestal controlada, y sostenible, con las subastas de madera en la parroquia del Páramo en Teverga. 

Los guardas forestales distinguen entre el pirómano («un enfermo declarado que pega fuego al monte») y el incendiario, que no tiene ninguna enfermedad. «Sí se les detiene, pero no hay ninguna sentencia ejemplar. Se ve como un mal menor y los vecinos jamás te van a decir nada. Lo que habría que tocar son los cuartos». En los últimos años, han notado cierto cambio en la forma de actuar de quienes atacan al monte y a su fauna. «Se está recrudeciendo todo con un salvajismo innecesario. Antes no había ese exhibicionismo. No es lo normal».

En 2016, un año de pocos incendios en Asturias, ardieron solo 1.537 hectáreas de monte asturiano. Casi las mismas que en Navarra que, con el País Vasco, registra las mejores cifras del mapa de los incendios forestales en España. En el País Vasco, en 2016 se quemaron solo 120 hectáreas. Y, en 2015, un año plagado de fuegos forestales, 548 hectáreas. En el caso de Navarra, ese mismo año, 725. En Asturias, ardieron más de 20.000 hectáreas. «Quizá que tengan pocos incendios esté vinculado al amor a la tierra en la que vives»…