Imagen:Fuente plaza del marqués - Gijón.

El desconcertante verano del mal tiempo sin lluvia y la sequía con los embalses llenos

Una rara combinación de factores meteorológicos multiplica los días nublados y el orbayu, sin dejar precipitaciones sustanciales. La gestión de los pantanos en el invierno permitió acumular agua en Tanes para evitar problemas de suministro. Solo la red municipal de Oviedo tiene problemas en Los Alfilorios


Redacción

Hay una cita de Shakespeare para cada ocasión. Al hablar del tiempo en Asturias, que tanta saliva ha hecho correr en las últimas semanas, vale la repetidísima frase de Gloucester en Ricardo III: «Ahora el invierno de nuestro descontento se vuelve verano con este sol de York». Cambiando York por la playa asturiana favorita del lector, ahí está el resumen de un julio y una primera mitad de agosto tan raros y revueltos, tan contradictorios, que solo han generado insatisfacción en todas partes. Han abundado los días grises y menos cálidos de lo que sería deseable en esta época del año, para desesperación del sector turístico y de quienes claman por un día de playa, pero ha llovido poco, lo que tiene preocupados a la Confederación Hidrográfica del Cantábrico y a los ayuntamientos que afrontan sequías y anuncian restricciones de agua. En realidad, para complicar un poco más las cosas, las precipitaciones no han sido tan escasas. Están muy cerca del promedio que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) calcula para este momento del año, pero casi todo lo que ha caído ha sido un orbayu sutil que ni rellena los embalses ni se filtra por debajo del suelo.

¿Tienen sentido todas esas manifestaciones del tiempo? Casi ninguna es del todo inusual para los veranos del Cantábrico, responde David Arango, el especialista en la información meteorológica de TPA y La Sexta, aunque lo raro es que sucedan todas a la vez, como es el caso este año. Hay menos días soleados que en el 2015 y el 2016, pero eso entra dentro de lo normal, y el apelotonamiento de nubes finas y bajas, empujadas por los vientos del norte, que se quedan días y días paradas sobre la Cordillera Cantábrica tampoco es ningún hecho insólito. Lo que sí es raro entre lo que sucede este año es el paso continuo de frentes fríos sobre Asturias. Y aun más extraño es que crucen sobre la región sin mostrarse activos y que apenas dejen lluvias. «Así que entre los días con nubes propios del verano asturiano más el paso de esas borrascas apenas quedan días para el sol», resume Arango.

Esas condiciones de la atmósfera explican el baile de vestuario a ras del suelo y los titulares oscilantes de los periódicos. Se pasa de un día para otro del bañador y las chanclas a la chaqueta y el calzado cerrado, del sofocón de los días calurosos y las temperaturas de récord a las comparaciones con los climas del lejano norte europeo. Se ha publicado: Asturias, en agosto, acumula días más fríos que los fiordos noruegos, que Helsinki, que San Petersburgo. Pero, al mismo tiempo, hay amenaza de sequía. La Confederación Hidrográfica del Cantábrico envió en junio una circular a todos los concejos para advertirles de que en el 2017 hay un déficit de precipitaciones y recomendarles medidas de ahorro de agua. Algunos, como Siero, reaccionaron de inmediato y redujeron ya hace dos meses la frecuencia de los baldeos para limpiar sus calles. Otros notan ahora el golpe. El alcalde de Cangas del Narcea ha publicado esta semana un bando en el que reconoce las dificultades para bombear agua y llevar el suministro hasta los pueblos más altos de su término municipal y admite la sequía.

El meteorólogo de TPA advierte, para empezar, de que Cangas del Narcea, como el resto de la comarca suroccidental, es un mundo aparte del resto de Asturias en las condiciones del clima. «Tiene ya las condiciones continentales de la meseta en vez de los rasgos atlánticos del resto de Asturias. En general, su cuota de sol es más continua y las temperaturas son más altas, aunque si vamos allí y preguntamos igual alguien nos dice que este año no es para tanto», señala Arango. Pero el problema del abastecimiento del agua no nace de esas condiciones, a juicio de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC). El organismo público, dependiente del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, que gestiona los embalses y las cuencas de los ríos asturianos admite que el año está siendo seco pero descarta problemas en el suministro para el consumo humano.

Fuentes de la Confederación han destacado esta semana que la reserva se halla por encima del 80% de su capacidad, en un nivel solo ligeramente inferior al del año pasado y situado un 25% por encima de la media del último decenio. Un portavoz ha explicado que la gestión durante los meses pasados, en la que se han limitado las sueltas, mantiene la presa de Tanes y Rioseco, la principal reserva de la que bebe la populosa área central de la región, casi al 80% de su capacidad, un nivel que garantiza la ausencia de problemas en el horizonte. Porque, además, el verano no está mermando de manera significativa la cantidad de agua almacenada. El orbayu no basta para rellenar los embalses, pero su presencia, indicativa de cielos nublados y temperaturas frescas, excluye la del sol y, de esa manera, se frena el proceso de pérdida de líquido causada por el calor y la evaporación en los días soleados, añade la CHC.

Y, en otra paradoja de este verano, las precipitaciones recogidas por Aemet en sus tres principales puntos de observación en Asturias (situados en el campus universitario de El Cristo, en Oviedo, el puerto gijonés de El Musel y el aeropuerto, en el concejo de Castrillón) están en todos los casos cerca de la acumulación media registrada a estas alturas del verano en el periodo de referencia de 30 años (1981-2010) que la Agencia  usa como base para sus comparaciones. Es más, en la primera semana de agosto, Gijón fue el lugar de España donde se anotaron más precipitaciones, lo que desmonta la imagen de la sequía y abona la idea de malos días para la playa. El problema con la lluvia no es actual, sino que viene de un mal año hidrológico. El invierno y la primavera fueron mucho más secos de lo habitual y dejaron entre un 25 y un 30% menos de precipitaciones que un año normal. «La nieve, por así decir, es un embalse colgante. Con el deshielo, pasa de la cordillera a los ríos. Pero este invierno dejó poca nieve», acota David Arango.

Lo sabe bien el Ayuntamiento de Oviedo, que gestiona por sus propios medios un embalse situado fuera de las competencias de la CHC. El consistorio de la capital tiene en terrenos del concejo de Morcín el pantano de Los Alfilorios, el vaso que recoge las aguas del canal del Aramo y las lleva a los hogares de la capital. Es un agua de una calidad excelente que lleva décadas dando de beber a los ovetenses, pero que este año se está secando.

El embalse se halla ya a menos de un tercio de su capacidad máxima y a punto de obligar al bombeo para sacar agua de él. En estas semanas, según señala la concejala de Infraestructuras, Ana Rivas, Oviedo ya no lo está usando como fuente exclusiva de abastecimiento. La empresa que se encarga del servicio ha recurrido a la ayuda del consorcio regional Cadasa, del que la ciudad habitualmente prescinde, y a los pozos que el propio ayuntamiento gestiona en el río Nalón a la altura del pueblo de Palomar. De Los Alfilorios, en estos días, sale solo la mitad del agua necesaria para el consumo urbano. La otra mitad procede de las otras dos fuentes. Rivas atribuye el bajo nivel de las instalaciones de Morcín en comparación con las que gestiona la CHC a los caprichos del tiempo y la lluvia. «Aquí ha caído muy poco. El Aramo está seco. Ya vimos algo parecido, aunque no tan grave el año pasado, cuando llovió más en la desembocadura del río, por debajo del embalse, que en la cabecera», explica. Rivas, en todo caso, no prevé problemas para mantener el suministro sin que los vecinos noten nada en los próximos meses pero ayer, domingo, adoptó medidas extraordinarias para prevenir males mayores.

Los problemas de abastecimiento de agua a pequeños núcleos de población situados en zonas altas, sin embargo, no son una novedad achacable al extraño comportamiento de este verano. Suceden con regularidad e incluso en años lluviosos. Esos pueblos, situados por encima de la traída de aguas, exigen bombeos que solo funcionan a pleno rendimiento con los acuíferos en un nivel óptimo. Pero, en general, Asturias no está tan mal y, desde luego, se libra de la situación muy alarmante que se cierne sobre el conjunto de España. «Aquí podemos decir que no llevamos un buen año de agua, pero en todo el país hay una sequía como no se había visto desde el 2005», cierra Arango. Por muy caprichoso que sea el 2017, la Asturias verde no se negocia.

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