Pese a la advertencia de la UE de que debe reducirse a la mitad ese despilfarro en los próximos años a través de campañas y otras medidas, el Gobierno autonómico responde a IU que «no han hecho nada ni piensan hacer nada»
26 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Al menos una cuarta parte de las casi 400.000 toneladas de basura que los asturianos tiran al contenedor verde son alimentos en condiciones de ser consumidos. Un estudio de una compañía de investigación independiente que se daba a conocer el año pasado cifraba el desperdicio de alimentos por asturiano en 63 kilos al año (cinco al mes) y calculaba que suponía un coste de 500 euros por persona. El último informe de consumo de alimentación en España, que elabora el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, coloca a los asturianos a la cabeza del consumo y el gasto de alimentos en España al calcular que, por persona, se compra 709 kilos y litros de alimentos y bebidas con un gasto medio de 1.678,9 euros al año.
Ese mismo informe del ministerio indica que en el conjunto de España, en el periodo que va de octubre de 205 a septiembre de 2016, se tiraron a la basura 1.245 millones de kilogramos de alimentos en condiciones de ser consumidos. Y el caso es que, mientras unos tiran, otros no tienen que comer. En 2012, el Parlamento europeo ya lanzaba un mensaje de alerta sobre el despilfarro de comida al elaborar un informe que destacaba que cada año se tiraban 89 millones de toneladas de residuos de origen alimentario a la basura. Venían a ser 179 kilos por habitante al año. Y conminaba a los estados miembros de la Unión Europea (UE) a adoptar medidas urgentes para reducir al 50% el desperdicio de comida en 2025, haciendo entonces hincapié en el problema que ese despilfarro genera en los ámbitos social y medioambiental. Este año, esa recomendación se ha alargado hasta 2030.
¿Qué medidas adopta Asturias contra el desperdicio de alimentos?
Francia fue el primer país europeo en legislar el despilfarro de alimentos al prohibir a los supermercados desperdiciar comida tirándola a la basura, obligándoles a donarla a organizaciones sin ánimo de lucro. Italia también ha aplicado medidas enfocadas a conceder exenciones fiscales y a reducir trabas burocráticas a las superficies comerciales que donen alimentos. En España, en donde se calcula que casa año se desperdician ocho millones de toneladas de alimentos, se puso en marcha en 2013 la estrategia ‘Más alimento, menos desperdicio’ para propiciar, mediante campañas de concienciación en toda la cadena alimentaria, un cambio de conducta que permitiera limitar el desperdicio y reducir las presiones ambientales. En el último año, el despilfarro en España se ha reducido en 80 millones de kilogramos, pero sigue sin ser suficiente y ya se han propuesto nuevas iniciativas que legislen ese desperdicio alimentario como están haciendo otros países europeos.
En Asturias, el diputado de IU Gaspar Llamazares preguntaba recientemente al Gobierno del PSOE qué medidas tiene previstas para reducir al 50% el desperdicio de alimentos al que conmina la UE, así como para incentivar la donación y el reciclaje de alimentos en superficies comerciales y en la restauración, para concienciar sobre un consumo responsable en los hogares y en la propia Administración autonómica y servicios públicos. Como una de las tendencias para reducir el desperdicio de alimentos es atajar la incertidumbre que genera en los consumidores las fechas de caducidad y el consumo preferente que aparecen en los etiquetados, Llamazares también preguntaba sobre las medidas previstas por el Principado en coordinación con otras administraciones en relación a este asunto.
«La respuesta es que no han hecho nada ni piensan hacer nada»
La respuesta que se le daba es, cuando menos, decepcionante, puesto que en lugar de contestar a lo que preguntaba se centra en las competencias que, según la ley asturiana de Comercio Interior de 2010, tiene asignada la dirección general de Comercio y Turismo, que depende de la Consejería de Empleo, Industria y Turismo, para potenciar la reforma y la modernización de las estructuras comerciales, el fomento de la productividad y la mejora y la racionalización de todo el proceso productivo. «La respuesta es que no han hecho nada ni piensan hacer nada», interpreta la diputada de IU Marta Pulgar, que recuerda que su grupo parlamentario presentó en mayo una iniciativa para que se llevaran a cabo programas para impulsar el consumo responsable y el reciclaje y la reutilización de los alimentos en los hogares y en las empresas de Asturias, así como medidas para reducir el desperdicio de alimentos en la propia Administración autonómica y los servicios públicos y que se estableciera un plan con las entidades sociales para crear canales de recepción de los alimentos sobrantes en buen estado que pudieran ser donados por restaurantes y superficies comerciales para distribuir entre personas de recursos limitados.
Medidas que bien podría llevar a cabo la Agencia de Sanidad Ambiental y Consumo, indica Pulgar, impulsando campañas de educación en consumo responsable en los hogares y las empresas asturianas que, a su vez, repercutirían en un ahorro en un gasto de alimentos que encima es superior al del resto de comunidades autónomas. De hecho, en los informes europeos realizados desde 2012, se atribuye un 42% de la responsabilidad del despilfarro de alimentos a los particulares y un 39% a la industria. «No son medidas coercitivas lo que planteamos, sino realizar campañas de concienciación y establecer redes colaborativas con entidades sociales», explica, poniendo como ejemplo el proyecto que tiene en cartera Cruz Roja en Asturias para recibir alimentos perecederos. «Para ello, sin embargo, tiene que haber proyectos de ley concretos y específicos», lamenta.
Sin datos concretos sobre el despilfarro de comida en Asturias
Pese a que la respuesta del Gobierno del Principado obvia campañas contra el desperdicio de alimentos que se han llevado a cabo o se van a realizar, lo cierto es que Asturias sí las tuvo y las va a tener. Por ejemplo, la denominada ‘Restaurantes responsables. Aquí no sobra nada’, que se lanzó en 2014 a iniciativa de los propios establecimientos hosteleros y que consistía en recordar a los consumidores una práctica habitual desde los años 90 en el resto de Europa como es llevarse los restos de la comida en envases a casa. O el proyecto de I+D+i en el que participa Cogersa que lleva por nombre Coomida y por el que, en principio en septiembre, debería estar operativa una plataforma digital que facilite a los particulares, los establecimientos de hostelería, los productores, los comercios y las distribuidoras la donación de alimentos en buen estado y que no se vayan a consumir a entidades sociales.
«La respuesta viene a decir que no pueden hacer nada», añade Pulgar, que insiste en que deberían llevarse a cabo campañas de concienciación cuya puesta en marcha no entraña ninguna dificultad y que ya se han realizado en otros lugares. «El Gobierno del Principado esconde la cabeza a iniciativas políticas. No impulsan nada ni concretan nada y eluden una responsabilidad al declararse en rebeldía contra una recomendación europea», insiste.
El dato de que al menos una cuarta parte de la basura que se tira en Asturias al contenedor verde son alimentos en condiciones de ser consumidos es un cálculo aproximado que en su momento se realizó en Cogersa, en cuya memoria de 2015 se indica que la generación de toneladas de residuos urbanos mezclados crecía un 2,5% respecto al año anterior. Una pena si se tiene en cuenta que, desde 2011, la tendencia venía siendo decreciente. Datos oficiales y anuales sobre cuánta comida se desperdicia, como sí ocurre en el caso por ejemplo de España a través del ministerio, no existen de momento.