Barbón se presenta como el vector de la mutación pedrista en Asturias y Pérez muestra su escepticismo ante la capacidad integradora y ejecutora del nuevo modelo
05 sep 2017 . Actualizado a las 07:44 h.Asistir a un careo entre candidatos a primarias, aunque sea a través de streaming, no forma aún parte de los hábitos mediáticos de la democracia española. Por eso, quizá los 150 espectadores que registró en sus momentos más concurridos el directo del debate entre Adrián Barbón y José María Pérez que abrió oficialmente la campaña de las primarias de la FSA, pudieron ver demasiada coincidencia y demasiado poca agresividad entre los contendientes. Al fin y al cabo se trata, al menos en teoría, de una misma ideología, un mismo partido y una militancia compartida. Aunque por debajo aún duelen -y mucho- las heridas de un pasado reciente.
Bastante de eso transpiró bajo el frío fair play de los candidatos, conometrado con exactitud deportiva por árbitros de la Federación Asturiana de Baloncesto: en la sede ovetense de la FSA la cuestión de fondo no fue ni podía haber sido la economía o la política social que impulsará desde el PSOE el secretario general que elija la militancia el día 17. De puertas adentro, lo que se dirime es cómo traducir el PSOE del sanchismo al asturiano: cómo (re)organizar una federación especialmente dividida bajo las directrices del Congreso Federal que reeligió a Pedro Sánchez el pasado mayo y bendijo, de paso y contra todo pronóstico, a quienes le apoyaron incondicionalmente desde Asturias. Y también con quién y cómo habrá que dejarse acompañar de puertas afuera.
El alcalde de Laviana se presentó abiertamente como el vector de la mutación sanchista en el complejo organismo de la FSA -y de ahí en la sociedad asturiana- mientras el portavoz municipal gijonés no pudo evitar mostrarse como un escéptico dispuesto a mantener disciplinadamente la lealtad solo un milímetro por encima de su desconfianza hacia el discurso de ese cambio. Sin negar la necesidad de «un tiempo nuevo», el cambio que propuso Josechu sonó menos ideológico-orgánico y más pragmático.
Debate encapsulado
El debate encapsulado que no tuvo que moderar en absoluto la periodista Lucía Fraga se iniciaba claramente asimétrico, mucho más cómodo en pincipio para el candidato del sanchismo asturiano. Por eso el ataque fue más incisivo desde el flanco izquierdo del escenario, ocupado por José María Pérez, que ya de entrada quiso recalcar que, contra el mensaje de participación y apertura de Barbón, si el debate se celebraba era por el empeño de su candidatura. La estrategia de Pérez incidió repetidamente en ese flanco.
En varias ocasiones el portavoz municipal gijonés cuestionó la capacidad de los sanchistas asturianos para absorber la pluralidad e integrar las «opiniones distintas» en su nueva FSA. Un argumento que Josechu respaldó en el momento más agresivo de todo el debate mostrando la fotografía de los representantes asturianos en el Comité Federal que restauró a Sánchez y que tanto escoció la pasada primavera: «Reflejo de la falta de voluntad de integrar las opiniones diversas en el seno del partido», reprochó el gijonés; un gesto que Barbón le afeó advirtiendo que «hay que tener cuidado» con esos reproches porque «da la impresión de que lo que interesan son los puestos».
Barbón apenas mostró la artillería pesada y solo la utilizó abiertamente en una ocasión. Concentró tres argumentos de calibre en un solo proyectil, con el recuerdo de la abstención en el Congreso de un PSOE que, aún bajo la gestora y tras la defenestración de Pedro Sánchez, permitió el gobierno de Mariano Rajoy como detonador. «Desde que eres presidente de la gestora de Gijón en Laviana hemos hecho ocho asambleas, en Gijón solo dos. Tú defendiste la abstención, yo el 'no' a Mariano Rajoy. Tú cuestionas permanentemente las resoluciones del congreso federal, yo no», espetó, ya en el tramo final del debate.
Plurinacionalidad y sus consecuencias
Antes, la otra línea de tensión creció sobre el apoyo del último Congreso Federal al concepto de plurinacionalidad y sus consecuencias prácticas en Asturias. Léase: «financieras». También en varias ocasiones, José María Pérez apuntó a las posiciones de dirigentes territoriales del País Valenciano, Baleares o Cataluña interesados «en sacar ventajas» como potenciales escollos a un reparto igualitario del dinero público. Un debate que -añadió dirigiéndose a su adversario- «nos afeasteis» por entender que «era un ataque a la dirección del partido». Barbón replicó concediendo que rechaza también el criterio «euros por habitante» y que hay que barajar variables como la geografía o la demografía, y replicó a Pérez que el plurinacionalismo no es más que una cuestión «sentimental». Le recordó que fue el propio Javier Fernández quien dijo que la plurinacionalidad «no conlleva ningún estatus especial». También, recalcó, «la plurinacionalidad no es la definición del modelo de Estado».
A juzgar por la insistencia de Pérez en el asunto, el lavianés no pareció convencer a un contrincante enrocado en el cómo hacer las cosas, y en cómo hacerlas en el largo plazo, más que en las recetas regeneradoras o las directrices nacionales. Y aparentemente preocupado por el modo en que se puedan aplicar a Asturias directrices del último congreso, que casi sonaban en su boca como abstracciones literarias. Frente a ello, Barbón puso todo el empeño en presentar con entusiasmo de ingeniero los planos internos de una FSA reforzada con nuevas secretarias, volcada en el municipalismo y vertebrada en torno a la miltancia.
Alianzas
En el último tramo del debate, al candidato gijonés le faltó un pelo para acusar a Barbón de adanismo político: una acusación que sin duda hizo pensar a muchos en la forzosa convivencia de la izquierda histórica con las izquierdas más recientes. A cuenta de ellas se planteó la cuestión de las alianzas. Para Adrián Barbón no hay duda de que «estamos en un tiempo nuevo» en el que la falta de mayorías está para quedarse, y para José María Pérez, que no hay acuerdo posible con Podemos e IU a costa de la «dignidad» y de los «valores» de los socialistas. No se habló de corrupción y apenas explícitamente se mencionó la regeneración democrática, como había pedido el domingo el líder morado Emilio León. Cuando se aludió a la regeneración, fue por parte de Barbón.
De nuevo zona sensible, a cuenta de la molestia que generó en la agrupación de Gijón lo que una parte de sus militantes entendió como injerencia o crítica de Adrián Barbón a propósito de la gestión de los pactos que finalmente fracasaron en la ciudad. No dejó Pérez de reprochárselo a su adversario, y fue este el que tiró esta vez de documento para exhibirlo: la carta de Javier Fernández invitando al pacto de izquierdas en la que declaraba su beligerancia ante la «anomalía gijonesa». Otra tarascada en este contexto: la alusión de Barbón a las limitaciones de cualquier gestora a 90 días; muchos más de los que Pérez lleva al frente, como secretario general provisional, de la que rige la Agrupación Gijonesa.
Por lo demás, y en las formas, ambos completamente socialistas: prestaciones sociales, igualdad en todos los frentes posibles, oposición al gobierno popular y a sus políticas económicas, orgullo socialista por la herencia histórica y los logros más recientes, recuperar decepcionados, taponar la sangría de militancia e incluso competir en los caladeros de nuevos afiliados... En el fondo, la discrepancia profunda: cómo procesar todo esa tarea en el interior de un partido recién reinicializado a pesar de su carcasa centenaria y cómo proyectarla hacia afuera.
Con el debate finiquitado y la campaña oficialmente iniciada, un micro encendido a destiempo captó las últimas palabras que cruzaron en un murmullo los candidatos: «¿Ya?» «No sé» «No sé». La militancia sabrá el día 17.