«España necesita una profunda reforma moral»

El fundador de la Fundación Princesa de Asturias, que acaba de publicar su segundo poemario, cree que la lucha contra la corrupción es una prioridad

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Oviedo

Graciano García García (Moreda de Aller, 1939) es conocido sobre todo como fundador y promotor de la Fundación Príncipe de Asturias, que ha feminizado su nombre y se llama Princesa desde que Felipe VI heredara el trono de su padre y su hija Leonor pasara a adquirir el título de princesa de Asturias. Pero también ha tenido siempre un lado poético que cultivó en secreto hasta 2015, año en que publicó la antología Una tierra, una patria, un alma en su propia editorial, Ediciones Nobel. Dos años después, sale al mercado Teresa, un nuevo poemario que este periodista que también fue fundador de Asturias Semanal dirige a los adolescentes. «Déjame decirte algo de mí, / de lo que pienso y en lo que creo, / de corazón a corazón, querida Teresa»: así comienza.

Comenzó su trayectoria poética con Una tierra, una patria, un alma. Aquel era un poemario de corte distinto a éste que ahora publica.

Sí, porque en Una tierra, una patria, un alma reuní composiciones hechas a lo largo de los años, que había ido guardando y que me decidí a publicar después de pensarlo mucho, pero impulsado por algunos amigos que las leyeron y me animaron a ello. Éste es un único poema, Teresa, que he ido escribiendo en los últimos meses, poco a poco, corrigiendo, reescribiendo, hasta que tuvo la forma que me pareció que reflejaba mejor lo que quería expresar.

¿Quién es Teresa?

Es una adolescente que acaba de cumplir dieciocho años; alguien que está «en el umbral de un tiempo crucial», como digo en el poema, a la que le espera todo y a quien la vida abre sus puertas. Es la representación ideal de todas las mujeres que empiezan a enfrentarse a la vida.

Se muestra convencido de que a los adolescentes les deben guiar «los valores irrenunciables que definen a cualquier persona de bien». ¿Cuáles son esos valores?

Yo creo que la vida es una invitación a hacer el bien, a crear belleza, a comprometerse para hacer un mundo mejor. Y con mis versos deseo transmitir esa confianza, esa esperanza en que incluso cuando todo parece difícil e incierto podemos encontrar una luz que nos guíe. Para vivir con esperanza, para construir una vida que tenga sentido, es necesario hacerlo huyendo de la ignorancia, construyendo proyectos ilusionantes, comprometiéndose con la bondad y con la dignidad, rebelándose ante la injusticia, siendo valerosos, compasivos, huyendo del rencor, de la discordia, de la violencia y la envidia, dando ejemplo, defendiendo la vida, trabajando, estudiando, aprovechando el tiempo, respetando la naturaleza, buscando la autenticidad, la honradez, sin codicia, sin vanidad, con pensamiento sólido. Son valores universales y de todos los tiempos; aquello que sabemos que ayuda a construir un mundo mejor.

Habla en sus poemas de un mundo escaso de amor «que pide, exige, con razón, que haya más amor y menos sufrimiento y codicia; un mundo que se transforma de manera tan vertiginosa y tan profunda como incierta». ¿Le da miedo el futuro?

No, al contrario, este poema es, de hecho, un canto al futuro, un canto de esperanza. Creo que vivimos tiempos muy difíciles, pero que aún es posible, y es además nuestra obligación como seres humanos, luchar por salir adelante, por ayudar a construir un mundo mejor. Quisiera con este poema aportar un poco, solo un poco de esa esperanza a este mundo torturado y angustiado por el fanatismo, la violencia y la codicia; abrir las puertas a sueños e ideales para no navegar a la deriva.

La sinopsis del libro asegura de usted que nunca dejará de ser un soñador. ¿Con qué sueña Graciano García?

Es cierto que siempre he sido un soñador, siempre he vivido imaginando, creando, convencido de que todos los sueños pueden hacerse realidad si se trabaja para ello. Así he llevado a cabo muchos proyectos en mi vida. Ahora sigo soñando, cada día con nuevos proyectos, con nuevas ilusiones, con esperanza renovada. Sigo imaginando un mundo mejor, un mundo con menos dolor, con más felicidad.

Ha trabajado por la consolidación de la Monarquía. ¿Cómo ve a la institución? ¿Le parece que goza de buena salud?

Creo que Su Majestad el Rey está ejerciendo su papel con grandeza, con enorme dignidad y con una altura de miras ejemplar. Le han tocado momentos muy duros, de incertidumbre y de dudas, pero don Felipe es una persona muy formada y muy sensible, además de muy consciente de su papel en la historia y de sus deberes y obligaciones como Rey de España. Creo que no se le puede reprochar nada: tiene una actitud y una manera de comportarse perfectas. Y cuenta con el apoyo y la ayuda de doña Letizia, que es también una persona muy preparada, inteligente y responsable que ha aportado muchas cosas buenas a la Monarquía.

¿Qué opinión tiene acerca de la situación política actual?

Fundamentalmente estamos atravesando una crisis de valores muy profunda y por eso me parece que España necesita una profunda reforma moral. Es preciso acabar con la corrupción, con todas esas personas que se han querido burlar de la democracia y de las leyes. Eso es lo prioritario. Que imperen la ley y la justicia, en todos los ámbitos, naturalmente. Y que nadie emprenda aventuras peligrosas que no nos llevarán a nada bueno.

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