«Fue como un golpe seco, como un martillo pilón. Luego todo comenzó a zarandearse»
ASTURIAS
El sierense Marcelino Torres relata su experiencia en el seísmo que azotó al corazón de México. El centro asturiano está cerrado y revisa sus daños estructurales
21 sep 2017 . Actualizado a las 05:00 h.«Primero fue un golpe seco, como el de un martillo pilón, y después el edificio comenzó a zarandearse para todos lados». Así comienza a contar su vivencia en el terremoto de México DF el asturiano Marcelino Torres, a quien el seísmo cogió en el hotel en el que trabaja. Torres, que emigró hace 45 años, afirmaba aún excitado que «fue como volver al 85», aludiendo al terremoto que destrozó la ciudad hace ahora 32 años, «pero peor». Precisamente, Torres cuenta que poco antes de que el seísmo colapsara el país habían protagonizado un simulacro. «Habíamos hecho un simulacro dos horas antes, poco después fue real» En el hotel en el que trabaja este oriundo de Pumarabule (Siero) se realiza un simulacro de terremoto todos los 19 de septiembre, fecha del anterior desastre y que el destino quiso que también lo fuese de este.
«Fueron unos trompazos tremendos», continúa Torres. El hostelero afirma que lo ha hablado con otros que vivieron el del 85 y reconoce que este ha sido peor, «al menos en los daños. Fue como un martillo pilón». Notablemente afligido, el asturiano relataba cómo vio caer un edificio colapsado, «fue terrible, ¿con qué moral va hoy la gente a trabajar después de esto? Apenas hay tráfico en las calles». Torres relata que el hotel está al 80% de capacidad y principalmente acoge a españoles, estadounidenses, venezolanos y gente del propio México. Entre todos han recibido informaciones que establecen los epicentros del seísmo en dos localidades, Puebla y Morelia.
Volviendo a casa después del desastre, Torres recuerda que «se podía ver el terror, el silencio. La gente estaba desencajada». Con las comunicaciones cortadas, la ambición de este asturiano era exclusivamente reencontrarse con su familia. «Mi hija estaba en casa porque estudia arquitectura y estaba preparando el proyecto, pero mi mujer había salido». Según cuenta Torres, su esposa tuvo que agarrarse a un semáforo, en el que ya había otra persona, porque la tierra le tiraba. «Cuando volvió subimos ocho plantas hasta nuestro piso. Al entrar en la casa era un desastre. Los vasos de sidra estaban destrozados. Mis trofeos de bolos, que eran de cristal, el ordenador, la televisión… Todo en el suelo», recuerda Torres. Al menos, el edificio de este asturiano apenas ha sufrido daños estructurales, ya que fue uno de los primeros que se construyó con gatos hidráulicos para minimizar los efectos de los terremotos.
Ante este panorama, esta familia asturiana ha tenido que cobijarse en la casa de la suegra. Torres cuenta que en ese trayecto «era impactante ver a centenares de personas caminando por la calle. El caos que se armó fue tremendo». Cuenta también que el novio de su hija tuvo que caminar 10 kilómetros, al no poder usar el coche. La única parte positiva de la historia radica en la corriente de solidaridad que se ha generado. Un gran número de voluntarios trabaja sin descanso y los centros de acopio «tiene de todo y están prestando un gran servicio a la población, desde muy pronto».
El centro asturiano de México DF, chequeando sus daños
El seísmo también ha dejado huella en el popular Centro Asturiano de Médico DF. Las instalaciones permanecen cerradas y el personal y los directivos, acompañados por términos, se encontraban chequeando los daños sufridos por el edificio. Las operadoras de la institución estaban colapsadas de llamadas que respondían desde fuera del edificio, mientras que el gerente y el administrador estaban «buscando ayuda y revisando los daños que pudiesen haber surgido en el edificio».