Nuevas penurias para los jóvenes investigadores: adelantan dinero de su bolsillo para las estancias en el extranjero

Los estudiantes de doctorado denuncian nuevos retrasos vinculados a las becas Severo Ochoa. Son experiencias imprescindibles para conseguir el doctorado internacional

Los jóvenes estudiantes de doctorado Guillermo Solache y Lucía Morán.Los jóvenes estudiantes de doctorado Guillermo Solache y Lucía Morán
Los jóvenes estudiantes de doctorado Guillermo Solache y Lucía Morán

Redacción

«He podido adelantar el dinero gracias a que he vivido con mis padres durante los primeros años del doctorado y he conseguido juntar algunos ahorros. De no ser por su ayuda, posiblemente no pudiera haberme permitido realizar esta estancia y tener la oportunidad de ver cómo se trabaja en un laboratorio de gran prestigio internacional». El que habla es Guillermo Solache, que se encuentra realizando una estancia de tres meses en el laboratorio liderado por la doctora Catherine Shanahan, en el King’s College de Londres, uno de los grupos de investigación punteros en calcificación vascular. El caso de Guillermo Solache es solo uno de todos los estudiantes de doctorado que están soportando nuevos retrasos con las becas Severo Ochoa. Las ayudas generales ya sufrieron casi un año de demora. El plazo de solicitudes concluyó en septiembre de 2016 pero el Principado no las resolvió hasta junio de 2017. Ahora la historia se repite con los fondos para las estancias en el extranjero que, por otra parte, son un requisito fundamental para obtener la mención de doctorado internacional. Llevan esperando dos meses y medio, desde el 14 de julio, el día que concluyó el plazo para la presentación de solicitudes y han tenido que adelantar el dinero de su bolsillo.  

La Asamblea por el Futuro de la Investigación en Asturias (AFIA) considera que debería darse a las ayudas para las estancias la importancia que se merecen, «sacando la convocatoria y la resolución a su debido tiempo». El colectivo recuerda que dichas estancias «son necesarias si se desea tener cualquier tipo de oportunidad para iniciar una carrera docente e investigadora», pero además «repercuten en la mejora del desarrollo de nuestra región». Explica que estos periodos en el extranjero permiten a los beneficiarios realizar un pequeño trabajo de investigación o aprender nuevas técnicas necesarias para el desarrollo de su tesis doctoral en otro centro o universidad de reconocido prestigio durante un máximo de tres meses. Tienen también efectos a largo plazo. «Forjan colaboraciones internacionales entre grupos de investigación afincados en Asturias y grupos de universidades de prestigio internacional que mejoran la calidad del trabajo desarrollado y generan nuevos nexos de unión para futuros proyectos», argumenta.

Todos estos beneficios quedan en el aire debido a los retrasos en el cobro de las becas Severo Ochoa, que se suman al resto de penurias que los jóvenes investigadores afrontan. Estos estudiantes de doctorado reciben para las estancias de tres meses en el extranjero, como máximo, 3.000 euros. Ese dinero puede no ser suficiente pero es un balón de oxígeno imprescindible para su maltrecha economía. Con la beca Severo Ochoa su sueldo no llega a los 1.000 euros al mes. «Aunque soy beneficiario de la última convocatoria de las Severo Ochoa, el dinero que proporciona la beca para estancias sería una enorme ayuda. A los gastos que suponen el viaje desde España y el alojamiento, hay que sumar todos los derivados del transporte diario, que no son para nada despreciables», explica Solache. 

Más experiencias

En términos similares se explica su compañera Lucía Morán que se encuentra en Bélgica. A la incertidumbre que generan los retrasos se suma también que los precios se disparan si se reserva a última hora. «Mi intención era ir de estancia en septiembre con uno de los grupos de investigación más importantes en el ámbito de la discapacidad a nivel mundial, puesto que mi tesis tiene que ver con el estudio de la calidad de vida en personas con autismo y discapacidad intelectual. Pero a mediados de agosto aún no sabía si podría hacerlo. No había una la lista de admitidos», explica. Sin contar con una resolución oficial, solo con la palabra de que muy probablemente la recibiría, se lanzó. «Reservé el alojamiento y los vuelos y me encontré con que los precios se habían disparado con respecto a meses anteriores. Con lo cual, a día de hoy, me encuentro en Bélgica sin financiación y pagando el doble de lo que pagaría si hubiese podido reservar meses antes», se lamenta. Tampoco tiene noticias de cuándo se publicará la resolución y cuándo se concretarán los pagos.

La historia de Lucía Morán y Guillermo Solache es la de otro amplio número de doctorandos, que tiene que apretarse el cinturón e, incluso, recurrir a la familia para poder formarse y convertirse en investigadores. Algunos se quedan en el camino por falta de recursos. «La triste realidad es que para poder hacer una estancia se ha de adelantar el dinero de los propios ahorros o contar con el apoyo de la familia. En el caso de que aquellos que no cuenten con nada de lo anterior, ir de estancia resulta algo inalcanzable, ya que el dinero se concede tras empezar la estancia o una vez finalizada y los caseros y las compañías de transportes no entienden de pagos retroactivos», remata Lucía Morán.

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