«El cohousing, aunque no sirve para todo el mundo, te evita el estrés que provoca estar solo»

Francisco Fernández, uno de los impulsores de la primera comunidad asturiana, confía en que el modelo se replique y ayude a frenar el abandono del campo


Redacción

Las primeras experiencias de comunidades compartidas para personas mayores en España se remontan al año 2000 y, en la actualidad, existen al menos una treintena de grupos de vivienda colaborativa en diferentes fases. Según un estudio realizado por el grupo de investigación CareNet de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), el perfil predominante de los residentes de estas comunidades españolas de cohousing es el de una mujer de 65 o más años con un nivel educativo medio-alto que trabajaba en los ámbitos educativo, sanitario o social. 

En dicho estudio también se puso de manifiesto que el principal motivo para vivir en un proyecto de vivienda colaborativa es envejecer con autonomía, compartir y vivir en comunidad y disponer de un entorno y unos servicios adecuados. «El cohousing está pensando para quienes quieren seguir activos en la jubilación, para personas que no estén pensando en sus hijos para que les cuiden o que no quieran integrarse en residencias al uso y prefieran vivir la jubilación de otra manera y en compañía», asegura Francisco Fernández, miembro del grupo Collacios d’Asturies y uno de los impulsores de la primera comunidad de cohousing senior que se establecerá en Llanera. 

«El cohousing», añade, «no sirve para todo el mundo». Por ello, la comunidad que esperan poner en marcha pronto estaría formada por algo más de medio centenar de personas, según las tipologías de las viviendas que finalmente se decida construir. «Una de sus grandes ventajas es la amplia red de apoyo con la que cuentas, eso te aporta una seguridad enorme. Te evita el estrés que provoca estar solo. Da mucho juego saber que estás seguro y ésa es la base del cohousing. Saber que los tienes ahí», indica. El estudio de la UOC indicaba que la media de edad en estas iniciativas es de 65 años, aunque en las primeras que se constituyeron los residentes ya superan los 75 años, y también señalabaque quienes optaron por esas alternativas en la jubilación no podían acceder a una plaza pública ni tampoco asumir el coste de una residencia privada, aparte de que estas opciones se vislumbran como un paso hacia la pérdida de autonomía personal. En la opción de envejecer en casa, en este mismo estudio, la soledad aparecía como la gran desventaja a la hora de decidirse por vivir en comunidad.

De esa treintena de experiencias que ya están en marcha en otras comunidades autónomas, Fernández indica que la mayoría se constituyeron en cooperativas y «no es cohousing exactamente, algunos vienen a ser geriátricos autogestionados». En este sentido, matiza que «el cohousing se forma desde abajo, los que van a vivir colaboran en todo», matiza. Experiencias que, en cualquier caso, han servido para que el proyecto asturiano se geste con las ideas muy claras y se complemente con un proyecto agrario que ayude a jóvenes que busquen una salida profesional en el campo. En esa línea, de hecho, se están estudiando y poniendo en marcha estrategias que reviertan la pérdida de población en las zonas rurales y hagan atractivo que los jóvenes se asienten en ellas en otras comunidades autónomas que también suman el problema del envejecimiento de la población. 

Fernández explica que hay interés por parte de ayuntamientos asturianos, con los que el grupo impulsor pretende establecer vías de colaboración, en esta iniciativa que puede ser una de las soluciones para fijar población en el medio rural: «El objetivo de Collacios es replicar este modelo en el resto de Asturias, en donde el gran caballo de batalla es precisamente el abandono del campo».

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«El cohousing, aunque no sirve para todo el mundo, te evita el estrés que provoca estar solo»