La Viliella y Degaña, un imán para los incendiarios

S.D.M. REDACCIÓN

ASTURIAS

Bomberos entre el humo generado por los incendios de Degaña y Cangas del Narcea
Bomberos entre el humo generado por los incendios de Degaña y Cangas del Narcea J.L.Cereijido

Laderas de solana de zonas concretas del suroccidente arden de forma periódica por fuegos provocados que llegan a sembrar la alerta

18 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La Viliella, 2004, 2011 y 2017. Degaña prácticamente todos los años. Hay laderas de solana del suroccidente que son pasto de las llamas con una frecuencia que solo la intervención de la mano del hombre puede explicar. Lo cuentan los conservacionistas que trabajan sobre el terreno y también los bomberos que se ponen en peligro para impedir que las llamas avancen. Los focos aparecen al anochecer, en puntos de difícil acceso, mediante rutas que solo conocen los lugareños. 

El jefe de intervención de Bomberos de Asturias, Jaime Martín Herrero, explica que en el caso de La Viliella es «una ladera de solana que está muy expuesta y que contiene mucho matorral» que funciona como combustible. El acceso desde la parte baja es complicado, reconoce Martín Herrero. Fueron especialmente delicados los fuegos de 2004 y 2011. Ahora en 2017 se ha vuelto a desalojar la localidad más cercana. Su cercanía con la reserva de Muniellos la convierte en terreno de especial relieve. El bosque de Muniellos tienen una orientación norte y es especialmente húmedo. Pero no ocurre lo mismo con los otros dos bosques que forman parte de la reserva, Valdebueyes y La Viliella.

El presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP), Guillermo Palomero, coincide en el análisis y lamenta que arda con tanta facilidad una zona importante para la superviviencia del oso. Le parece especialmente grave lo que ocurre en Degaña. «Todo Degaña quema habitualmente. Arde cada año. Tanto el terreno de solana como el brezal», explica. Palomero va más allá e insinúa que es necesario pisar el terreno y preguntar a los vecinos, «porque muchos te dan nombres». Utiliza esta exposición para reclamar investigaciones más profundas. «¿Cómo es posible que ocurra un año tras otro y no se encuentre a los responsables», insiste.

Las consecuencias son siempre nefastas pero cuando a la mano del hombre se suman una serie de condiciones concretas la cosa se recrudece. Los terrenos de solana están especialmente secos, el viento del sur y cambiante arrastrado por Ophelia dificultó las labores de extinción y la gran cantidad de vegetación ejerció como combustible.