Temor a que la lluvia genere «chapapote de monte» en los ríos

Greenpeace alerta de que las cenizas procedentes de los incendios forestales pueden contaminar el agua. Los ecologistas reclaman medidas urgentes para proteger el suelo calcinado

Estado en el que quedaron los montes de Degaña tras los incendios
Estado en el que quedaron los montes de Degaña tras los incendios

Oviedo

El arrastre de cenizas por las lluvias en los lugares afectados por los incendios forestales de los últimos días puede contaminar el agua de los ríos y arroyos y provocar el conocido como «chapapote de monte», ha alertado Greenpeace.

La organización ecologista ha explicado que se trata de un fenómeno que se ha registrado en otras ocasiones después de grandes incendios, como el que tuvo lugar a finales de agosto en El Encinedo (León), donde la lluvia arrastró material calcinado hasta los torrentes. Por ello, Greenpeace ha hecho hincapié en la necesidad de adoptar medidas urgentes para proteger el suelo calcinado de los bosques de Asturias, Castilla y León y Galicia y evitar que su erosión contamine los cursos de agua.

En este sentido, las primeras actuaciones de emergencia se deben centrar, ha explicado la ONG, en frenar los procesos erosivos actuales y controlar las posibles avenidas, para favorecer después la regeneración natural de la cubierta vegetal. 

Así, ha recomendado realizar pequeños diques perpendiculares a la pendiente en laderas muy empinadas para evitar pérdida de suelo y frenar las escorrentías o arrastres de agua, mediante obstáculos a la circulación del agua que impidan la formación de regueros y cárcavas. Por otro lado, levantar construcciones provisionales en arroyos, ríos y lagunas para evitar que lleguen sedimentos y cenizas que contaminen los cursos de agua y afecten a la vida piscícola o sacar la madera quemada para evitar riesgo de plagas y enfermedades.

A medio plazo, Greenpeace ha pedido «dar tiempo al bosque» en su capacidad de regeneración antes de evaluar las medidas necesarias a adoptar para recuperar el ecosistema, como la siembra, el acotado al ganado o la repoblación, esta última «nunca antes de comprobar cómo evoluciona la superficie quemada y se abre paso la regeneración natural de las especies».

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