Historias del hórreo asturiano

Desde el que encandiló en 1929 a la reina Victoria Eugenia en Sevilla hasta los que se mantienen, o mantenían, en pie en aldeas remotas desde el siglo XV. «Hay hórreos que son monumentos que deberíamos conocer con nombres y apellidos», dice el historiador Julio Zapico

Hórreo de la aldea de Buda, del siglo XV o XVI
Hórreo de la aldea de Buda, del siglo XV o XVI

Redacción

Cuenta Paulino García, el tesorero de la Asociación de Amigos del Hórreo Asturiano, que el 9 de mayo de 1929 se inauguraba en Sevilla la Exposición Iberoamericana y que Asturias participó con un pabellón en el que se mostraban obras de arte, aperos etnográficos y fotografías de lugares y de hórreos. A la inauguración asistían los entonces reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, «que era inglesa y nunca había visto un hórreo». Tanto le llamaron la atención las fotografías de hórreos a la reina que, tras enterarse de que eran construcciones típicas de Asturias que se utilizaban como despensas y graneros, se sorprendió de que no hubieran instalado uno en el pabellón asturiano y propuso que lo hicieran para la clausura, que se iba a celebrar seis meses después.

«Una familia de conserveros de Candás, los Alfageme, cedieron el suyo y se llevó para Sevilla», relata García, que lee directamente en la noticia que, tras el día de la clausura, se publicó en La Voz de Asturias que la reina visitó «detenidamente todas las instalaciones (del pabellón asturiano), teniendo grandes elogios para el hórreo recientemente instalado y que es una fiel reproducción de los típicos de Asturias». «Cuando se clausuró la exposición, lo volvieron a traer para Candás y se dejó en la finca de los propietarios hasta que 60 años después el Ayuntamiento de Carreño, con la primera Corporación democrática, negoció una cesión para que fuera municipal y lo llevaron al parque de la Fuente de los Ángeles», explica García, que matiza que el hórreo está completamente restaurado, pero mantiene originales los trabes, las colondras, los línios, los pegoyos de arenisca y la subidoria con arco y piedras almohadilladas, «de un gran valor artístico».

Buda, la aldea del valle de Caldueño con un hórreo del siglo XV

Es solo uno de los muchos ejemplos de hórreos históricos o con historia propia que se reparten por los pueblos, algunos realmente remotos, que ha recorrido Paulino García en su afán por preservar esta parte de la historia de Asturias. No todos, ni mucho menos, han corrido la misma buena suerte que este hórreo de Candás. «Hay tantas cosas diferentes… En el valle de Caldueño, en Llanes, hay una aldea muy pequeña que se llama Buda en la que se encuentra un hórreo de finales del siglo XV o principios del XVI, con tallas y pinturas en la toca, que lo hacen originalísimo», explica. Las fotografías también muestran una cabeza de culebra en el pestillo de la puerta. «Una señora del pueblo me decía que sí que debía de ser antiguo ese hórreo, puesto que ya estaba cuando vivía su abuela, que había muerto con 100 años», sonríe. 

Detalle de serpiente en el cerrojo del hórreo de Buda
Detalle de serpiente en el cerrojo del hórreo de Buda

Los hórreos beyuscos, joyas arquitectónicas en el Desfiladero de los Beyos

En julio de 2015, hizo una visita a varias aldeas, algunas sin habitantes, de Ponga, en donde fotografió varios hórreos beyuscos, que reciben el nombre por la comarca en la que se encuentran, en el Desfiladero de los Beyos. «Son los más guapos», asegura, poniendo como ejemplo los que fotografió en Víboli, una aldea de la parroquia de Viego con barriu de arriba y de abaxo; en San Ignacio/El Beyu, a la que se llega desde el puente Pombayón, o en la de Casielles, en el propio tramo del desfiladero de Los Beyos. «Los beyuscos son testimonio de la tipología dominante de graneros existentes en Asturias antes de la imposición del hórreo tipo asturiano de engüelgos, con cubierta a cuatro aguas y una cámara que tiende a rectangular construida a base de tablones horizontales y cubierta a dos aguas, relacionada con otros modelos europeos», explica. 

Hórreo beyusco en la aldea de Víboli
Hórreo beyusco en la aldea de Víboli

En Casielles, por ejemplo, fotografió un hórreo también del siglo XVI y colocado en un lugar y de manera sorprendentemente difícil para el paso de los siglos. Algunos de los hórreos que fotografía, cuando vuelve de visita, ya han caído. «Hay tablas con tallas de 500 años que deberían ser preservadas para que no se perdieran», lamenta. En las visitas que realiza también se topa con la otra cara de la moneda del hórreo asturiano: «Hay gente que les sigue dando muy buen uso, pero otros no quieren saber nada porque no tienen ni medios ni moral. Es gente mayor que se preocupa por subsistir, que ya es bastante». 

Monumentos que «deberíamos conocer con nombres y apellidos»

El historiador Julio Zapico, vicepresidente de la misma asociación, explica que los hórreos, en sus orígenes, no eran edificios populares, sino que pertenecían a la nobleza y se fueron popularizando con el paso del tiempo. «Un hórreo del siglo XV era verdaderamente relevante. Que exista una concentración de tantísimos graneros y tan antiguos en el norte de España es también muy relevante. En la historia de esta región, el origen de los hórreos y la fundación del Principado corren de forma paralela», explica, insistiendo en la idea de que, entre los miles de hórreos que se reparten por los pueblos y aldeas asturianas, aún se mantienen auténticas joyas que deberían preservarse y, ante todo, conocerse. 

«Hay unos pocos monumentos que deberíamos conocer con nombres y apellidos. Como si hablamos de Santa María del Naranco». Eso sí, para ello y en vista de que ni siquiera existe un censo oficial que los clasifique por el lugar en el que se encuentran, por la época a la que pertenecen o por el tipo de decoración que presentan, «hay que tomar la sartén por el mango y saber cuáles son los verdaderos monumentos, que los hay». Pone como ejemplo el hórreo de Manuel Muslera, en Villaviciosa, «que es del siglo XV y que debería estudiarse en la escuela».

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