«No somos antieuropeístas, pero la cooperación entre países puede tener objetivos ocultos»

La presidenta de Codopa, Celeste Intriago, señala la necesidad de hacer política para garantizar el bienestar de las personas, no como un instrumento del capitalismo para hacer más ricos a los que ya lo son

Celeste Intriago, presidenta de la Coordinadora Asturiana de ONGD
Celeste Intriago, presidenta de la Coordinadora Asturiana de ONGD

Redacción

Desde hace quince años, la Coordinadora Asturiana de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (Codopa) ha estado trabajando para luchar contra la injusticia e ilegitimidad de la deuda externa, defender los derechos humanos, la paz ante conflictos internacionales y sirviendo de apoyo ante las grandes emergencias humanitarias, como la crisis de los refugiados. Formada por un total de doce organizaciones con sede en el Principado de Asturias, su objetivo es compartir las ideas y experiencias de cada organización con el fin de contribuir a la mejora de la Cooperación para el Desarrollo realizada desde Asturias. Recientemente se unieron a la manifestación de las Marchas de la Dignidad para demostrar su rechazo a la concesión del Premio Princesa de Asturias de la Concordia a la Unión Europea, después de lo que han considerado como una mala gestión de la crisis migratoria. Su presidenta, Celeste Intriago, explica la posición de la Coordinadora, sus luchas actuales y sus objetivos futuros.

-El Premio Princesa de Asturias de la Concordia ha sido otorgado a organizaciones como Aldeas Infantiles, Manos Unidas o la ONCE. ¿A qué cree que responde el reconocimiento de este año a la Unión Europea?

-Se cumplen 60 años de la firma de los Tratados de Roma, que fue el inicio de la Unión Europea, supongo que eso será lo que ha movido al jurado a darle el premio. Es como un premio a un cumpleaños pero podían habérselo dado cuando cumplió los 50 o que hubiesen esperado a los 75, pero evidentemente este año, aunque sea un cumpleaños, no se merece este premio de ninguna de las maneras.

-¿Cuáles cree que han sido los principales errores en la gestión de la crisis migratoria?

-La Unión Europea está incumpliendo sus principios fundacionales. Hablan de su adhesión a los principios de libertad, democracia y el respeto a los derechos humanos, y de verdad que los derechos humanos, las libertades fundamentales y el estado de derecho no lo están respetando porque los están incumpliendo sistemáticamente (además de toda la normativa en materia de asilo a refugiados). Por otro lado, si el Premio Princesa de Asturias de la Concordia se destina a premiar la labor en defensa de los derechos humanos y el fomento y difusión de la paz y la solidaridad, la UE, ahora mismo, no es precisamente un buen ejemplo de estos valores.

-La Unión Europea elimina aranceles, unifica la moneda, permite viajar con mayor facilidad o trabajar en otros países, entre otras cosas. ¿No tiene un lado bueno?

-En la Coordinadora de ONGD no somos antieuropeistas. Creemos que la colaboración, la cooperación entre instituciones, países y personas es el mejor camino para conseguir un mundo más habitable, más amable y más justo. Pero, a veces, cuando se coopera no se hace con estos objetivos; se puede cooperar también con objetivos ocultos.

-Es entonces una buena idea con una mala ejecución en algunos aspectos. ¿Cómo mejorar esa gestión desde el punto de vista del desarrollo?

-En política hay que poner el acento en las personas. Debemos hacer política para garantizar el bienestar de las personas. Eso no se puede perder de vista. La política no es un instrumento del capitalismo o de las grandes multinacionales o para hacer más ricos a los que ya son ricos (aunque esto ya esté influyendo en un porcentaje importante de la población). La política tiene que estar destinada a transformar el mundo en el sentido de que se garantice el bienestar de todos y de todas, no de unos pocos. Ahora mismo estamos asistiendo a que, cada día, hay mucha más diferencia entre los ciudadanos más ricos y los más pobres. Hay una inequidad que va en aumento y la política tiene que estar destinada en que no haya desigualdades y en que haya un desarrollo equitativo.

-El auge de los nacionalismos en los países europeos con mayor influencia alienta el surgimiento de sentimientos xenófobos. ¿Cómo empezar a acoger en una sociedad que siente cierto rechazo al diferente?

-A lo largo del desarrollo de esta crisis hemos asistido a muchas intervenciones de políticos, de gente destacada de la cultura y otros ámbitos, y eso cala mucho en la sociedad. Cuando asociamos determinadas cosas, por ejemplo con el tema del terrorismo, estamos creando una conciencia social que luego responde como responde. Europa, aparte de incumplir los compromisos que adquirió (que no los ha cumplido nadie), debería haber tenido presente que era importante hacer una buena campaña de sensibilización a la población europea, cosa que tampoco ha hecho; ha hecho todo lo contrario. De ahí un poco esos brotes xenófobos. Aquí, en Asturias, se han hecho muchas campañas de sensibilización con el tema de refugiados. Desde la Coordinadora empezamos en 2015 porque ya veíamos que podría ser un problema el tema de los brotes racistas. A la gente hay que informarla bien, no malinformarla. En este caso responsabilizo también a los medios de comunicación. Hay calificativos que no mejoran la percepción que tiene la población en cuanto a refugiados.

-¿Qué opinión le merecen los Premios Princesa de Asturias?

-No nos posicionamos ni a favor ni en contra de los premios. Lo que sí decimos es que si esos premios tienen un objetivo y están premiando un determinado tipo de actuaciones, que sean coherentes con lo que proponen. Lo que no puede ser es que tengamos unos premios y que los premiados no sean reflejo de lo que se premia, como ha sucedido con la Unión Europea. Tendríamos que ver un poco cuál es el jurado de los premios y cuáles son los intereses ocultos.

-El día de la ceremonia de entrega hubo dos manifestaciones paralelas. ¿Casualidad o provocación? Además, la que estaba a favor de la unidad de España estaba situada en un lugar visible a la «pasarela» y la que protestaba por el Premio de la Concordia, con ambiente republicano, oculta tras la Escandalera.

-Creo que fue casualidad. La que estaba a favor de la unidad de España viene condicionada un poco por los acontecimientos en Cataluña. En cuanto al lugar, yo estuve con las Marchas de la Dignidad y, ya sabes, hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Estábamos un poco relegados mientras que otras personas estaban en primera fila. Y luego, viendo un poco las noticias, tampoco es que hubiera salido mucho sobre el tema de las Marchas de la Dignidad y sobre la protesta a la concesión del premio a la Unión Europea en estos momentos.

-Dentro de ese clima, ¿cuál cree que puede ser el futuro de la monarquía en España?

-La percepción que tengo es que ahora mismo en España hay mayoría de monárquicos. Incluso hemos llegado a escuchar a un diputado del PSOE decir que era un republicano muy monárquico (fue el caso de Pedro Sánchez, que en 2016 afirmaba ser republicano y sentirse muy bien representado en el sistema de monarquía parlamentaria). Yo tengo la impresión de que ahora mismo el número de monárquicos en España supera al de republicanos, lo que no quiere decir que pasado mañana o dentro de unos años la cosa no cambie.

-Desde Codopa se promueve la recuperación del Premio Jovellanos «Resistencia y Libertad», que empezó en 2009 y terminó en 2011. ¿Qué llevó a su fin? ¿Cómo recuperarlo?

-Creo que coincide con el cambio de Gobierno y seguramente haya sido por ese motivo. Desde la coordinadora hemos hecho una propuesta a diferentes parlamentarios del Principado de Asturias para que se pueda recuperar el Permio Jovellanos que, efectivamente, estaba destinado a personas e instituciones, a nivel mundial, que tienen una larga trayectoria en su lucha de los derechos humanos y en la defensa de la paz y la solidaridad. Además, era un premio que se daba junto con la Comunidad Balear. En principio a nadie le pareció una mala idea volver recuperar el premio. Espero que se pongan de acuerdo y que se pueda recuperar para 2018.

-Estos premios buscan que la ciudadanía proponga y elija el destino de los galardones. ¿Cómo sería ese proceso?

-Primero se podrían hacer propuestas para el premio de organismos, instituciones o particulares. Cualquier persona podría participar haciendo esas propuestas. Luego se podría organizar un sistema de votación para que la ciudadanía participe. Así estaríamos estableciendo los cauces de participación y hacer que ese premio sea de los ciudadanos y ciudadanas. De momento no hay nada fijo, habría que ver cómo estaban las bases y si fuera necesario redactar unas nuevas. Pero lo interesante sería que fuera la ciudadanía quien primero hiciera las propuestas y luego quien eligiera a los premiados.

-¿Está la sociedad lo suficientemente informada y es lo suficientemente activa para hacerlo?

-Habría que hacer una difusión y una prueba. Pero yo creo que se podría lograr siempre que se haga una buena difusión sobre lo que consiste el premio y sobre cómo la ciudadanía puede participar, que se puede hacer fácilmente porque con las nuevas tecnologías es fácil participar en este tipo de eventos.

-¿Se siente entonces optimista con el regreso de estos premios?

-Sí, yo soy bastante optimista, ya te lo contaré dentro de uno o dos años (risas). Pero hemos hecho la propuesta y es factible porque el premio tampoco tendría una dotación económica importante, por lo que me parece bastante viable.

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