El grandonismo astur saca buena nota en Matemáticas

Un estudio revela la polarización que los alumnos que se consideran buenos en la materia consiguen resultados por encima de la media europea


Redacción

Cada año entre 10.000 y 11.000 alumnos asturianos de Primaria y Secundaria terminan el curso con las Matemáticas suspensas. El problema comienza ya en los dos primeros cursos de Primaria y se acentúa con los años. Las razones de este fracaso son variadas y abarcan desde el contenido de la propia asignatura a la metodología docente y la actitud y motivación. Un estudio auspiciado por la propia Consejería de Educación profundiza precisamente en esa parte, en la percepción y predisposición de los matriculados en Primaria. Toma como base el estudio internacional TIMSS en el que ha comenzado a participar el Principado. Las conclusiones muestran una tremenda polarización. La proporción de estudiantes de 10 años que comienzan a sentir rechazo por la asignatura o a aburrirse en clase es una de las más altas del mundo. En el lado contrario, están los que tienen total confianza en su capacidad y un elevado concepto de su desempeño. Este bloque obtiene en las investigaciones internacionales unos resultados muy por encima de la media española y europea y solo se pueden comparar con los países del bloque asiático que son, en general, los mejores.

El estudio, titulado Actitudes y motivación hacia las Matemáticos en la educación Primaria,  permite profundizar en la percepción que los estudiantes tienen y buscar fórmulas para conseguir mejorar tanto la predisposición como el rendimiento. No es fácil. Uno de cada cuatro estudiantes de 10 años tiene un autoconcepto matemático bajo. Esto supone que, en un aula de 20 alumnos, alrededor de cinco no tiene demasiada confianza en aprobar porque no cree que se les dé bien. Esto sucede cuando solo llevan cuatro años escolarizados en una etapa obligatoria. El reto para los docentes, a la hora de manejar es clase, es grande.

Pero, ¿a cuántos les gusta la asignatura? Los expertos señalan que el dato más destacable es la proporción de estudiantes asturianos a los que, directamente y sin medias tintas, no les gusta. Supera en 10 puntos la media nacional y también la media del conjunto del estudio internacional. Los autores reconocen que es algo «un tanto inesperado». Solo hay dos países en los que se haya detectado mayor porcentaje de alumnos que rechacen las Matemáticas. Son dos estados asiáticos con muy altos niveles de competitividad, lo que empuja a los extremos a la mayor parte de los niños. También este apartado se puede traducir en un aula. Si esto se cumple, un docente de Primaria tiene sentados ante sí a seis alumnos, sobre un total de 20, que entran en clase con una predisposición negativa.

Hay lectura positiva de esta investigación. Un número elevado de alumnos asegura que tiene facilidad para la materia y ese buen concepto de sí mismos se traduce en unos resultados excelentes en el estudio TIMSS, que es una investigación mundial similar a Pisa pero que solo analiza las habilidades de matemáticas y ciencias. Los expertos señalan que, si sólo se tuviesen en cuentan los puntos sacados por este bloque de estudiantes con gran confianza, Asturias estaría entre los países europeos con mejores puntuaciones y que solo estarían por encima los asiáticos. 

Esta polarización parece generar también contradicciones. Los autores explican que la gran proporción de niños de 10 años a los que no les gusta la clase es impropia de su nivel de desempeño. Esto implica que muchos de los que dicen que no están interesados en la materia sí que obtienen buenas notas. 

Una última curiosidad. Los estudiantes valoran la forma en la que les imparten clase. Como son alumnos de edades muy tempranas, responden a preguntas cerradas, del tipo «mi profesor explica bien», «me propone cosas interesantes para hacer», «me dice cómo mejorar cuando me equivoco», «responde a mis preguntas con claridad» o «me deja mostrar lo que he aprendido». En este capítulo el profesorado no sale muy bien parado. Hay una relación directa entre los resultados y la valoración de los profesores. Pero una proporción importante de centros donde el promedio del gusto por las Matemáticas se encuentra por debajo de la media internacional coinciden con una menor valoración de la docencia. «La labor del profesorado es clave para mejorar las actitudes y la proporción», señalan a modo de conclusión.

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