La futura mediterraneización de la cordillera cantábrica

Encinas y alcornoques, hoy especies relictas en Asturias, serán predominantes debido al calentamiento global tal y como recoge la publicación sobre la vegetación de la Península Ibérica elaborada por más de 60 investigadores


Redacción

«¿Nos podremos adaptar los seres vivos al cambio climático? Ese es el gran interrogante», asegura Tomás Emilio Díaz, catedrático de Botánica de la Universidad de Oviedo y uno de los más de 60 investigadores de España y Portugal que han participado en la obra La vegetación de la Península Ibérica (The vegetation of the Iberian Peninsula), editada recientemente y cuya importancia radica en que cartografía bioclimática y biogeográficamente por primera vez toda la Península Ibérica y las islas Baleares. Díaz plantea esta pregunta a raíz de que esta magna obra, que ocupa dos volúmenes de 1.800 páginas, dedica uno de sus diez capítulos a la cordillera cantábrica y a los montes de León en el que se predice, al realizar una radiografía del momento actual, la mediterraneización de la cornisa cantábrica con el cambio del clima templado al mediterráneo. 

«Si en 20, 30 o 40 años se utiliza esta información se verán qué cambios han ocurrido. La utilidad del libro es importante para hacer un seguimiento del cambio climático», sostiene Díaz, que es coautor en tres capítulos, los dos primeros y el dedicado a la cordillera cantábrica. En esa radiografía actual, destaca la existencia de especies relictas de la vegetación de corte mediterráneo en la cornisa cantábrica, que son las que antaño eran abundantes y que ahora, tras el paso de los milenios, siguen manteniéndose en ciertas áreas de forma escasa. Es el caso de las encinas que, por ejemplo, existen en Ribadesella, Llanes y que incluso llegan a Salas o los alcornocales que pueden verse en Navia.

«Si las condiciones no varían, estas especies mediterráneas son las que van a dominar la vegetación cantábrica y se va a ver», advierte Díaz, que insiste en que la publicación es relevante precisamente para realizar ese seguimiento de los cambios en la vegetación como consecuencia del calentamiento global y, además, teniendo en cuenta los incendios que, a lo largo de estos años, han dejado numerosas áreas deforestadas en Asturias

Análisis detallado de la vegetación ibérica

«Son áreas que habrá que regenerar y, con esta obra, se puede saber qué árboles hay que emplear para no cometer errores. Es una herramienta importante para la revegetación de un territorio y servirá para que los gestores del medio ambiente sepan que se puede plantar en los diferentes territorios en los que no existe ningún árbol», explica, recordando que las modificaciones que ya ha traído consigo el cambio climático, como por ejemplo el hecho de que los caducifolios vayan a volver a hacerse dominantes, se están produciendo en un siglo: «El primer cambio, cuando esas especies fueron eliminándose hasta ser escasas, sucedió hace miles de miles de años». 

La publicación, que ha sido editada en inglés, aborda un detalladísimo análisis de la vegetación de la Península Ibérica, en el que se incluyen las islas Baleares por ser continentales europeas, que se inicia con un primer capitulo relacionado con la biogeografía, que es la ciencia que estudia los efectos del cima sobre los seres vivos. El segundo capítulo, en el que también colabora el catedrático de la Universidad de Oviedo, se dedica a la bioclimatología (ciencia que estudia la distribución de los animales y las plantas) utilizando métodos y unidades que han permitido a los investigadores elaborar una cartografía extremadamente precisa. Desde los pequeños distritos biogeográficos hasta los grandes macroclimas de la península, como son el templado y el mediterráneo. «También se han establecido los pisos bioclimáticos, que son los territorios con características bioclimáticas determinadas que se suceden altitudinalmente, y hemos hecho la primera división de distrito de toda la península con una base homogénea de parámetros bioclimáticos y biovegetales», explica Díaz. 

Asturias: cinco pisos bioclimáticos

En la cornisa cantábrica, por ejemplo, se establecen cinco pisos bioclimáticos, con sus consiguientes variaciones de temperatura. Así, hasta los 90 metros de altitud, es el termotemplado o termocolino; de los 90 a los 600 u 700 metros, sería el mesotemplado o colino; hasta los 1.300 o 1.400 metros de altitud, el supratemplado o montano; a partir de los 1.400 y hasta los 2.300, el piso orotemplado o subalpino y, por último, a partir de los 2.300 metros de altitud, criorotemplado o alpino. «Cada uno de estos pisos encierran unos tipos vegetales diferentes», explica Díaz. En el caso del colino, serían las carbayeras; en el piso montano, los hayados, los abedulares o los robledals y, en el subalpino, «quedan pocos tipos de bosques del llamado roble orocantábrico y el abedul. Por encima, ya no crece ninguna formación forestal o matorral». 

«La obra, pese a que es reciente, está teniendo mucha difusión. Abarca todo de una manera homogénea de la que se carecía hasta ahora, estableciéndose nuevos índices bioclimáticos», destaca Díaz, que explica que Asturias aparece además en varios capítulos. «Lo novedoso en el caso de Asturias también es que se establece una cartografía muy precisa, con los distritos biogeográficos y la delimitación precisa de los pisos bioclimáticos». La obra, publicada por una editorial holandesa, es fruto de investigaciones que, en algunos casos, se habían iniciado hace tres décadas. 

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