Cómo cumplir el eterno propósito de Año Nuevo

Expertos psicólogos y farmacéuticos explican cuáles son los mejores métodos para dejar de fumar (y no volver)

Dejar de fumar

Redacción

«Este es mi último cigarro» o «el próximo año lo dejo» son frases escuchadas y dichas por muchos fumadores pero, como del dicho al hecho siempre hay un largo camino, el mechero se sigue encendiendo después de cada comida o en cada reunión de amigos. Casi el 30% de los españoles fuma, así se desprende de los últimos datos publicados por Eurostat el pasado mes de mayo; un porcentaje que sitúa al país por encima de la media de la Unión Europea, que ronda el 26%. Y dentro de ese grupo de fumadores, hasta el 60% quiere o se ha planteado alguna vez dejar de fumar, según Mireia Suárez, vocal del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Asturias (COF Asturias). Siendo así, ¿por qué se abandona la meta? Este eterno propósito de año nuevo no tiene por qué quedarse en el cajón de los imposibles. Los expertos coincide en que sí, se puede dejar de fumar, pero para ello es indispensable entender dos condiciones: no existen fórmulas milagrosas y todo depende de la propia persona.

«El factor fundamental por el que cuesta tanto dejar de fumar se debe al principio de continuidad», explica Martín Escandón, psicólogo de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de Oviedo. Lo que quiere decir que si se asocia, por ejemplo, tomar un café con encender un cigarro, «es porque se ha establecido un vínculo entre dos acciones que, aunque no tengan nada que ver la una con la otra, no se puede realizar una sin la otra», comenta. Es algo automático, un interruptor que se enciende sin que la persona piense en hacerlo. Por ello, uno de los principales objetivos es romper con la cadena de conductas que llevan a encender el cigarrillo, para lo cual existen diversos métodos.

Talleres psicológicos: el mejor apoyo

Dejar de fumar de manera individual -y conseguirlo- es todo un logro. Si bien, para enfrentar a los fantasmas del humo se recomienda buscar un apoyo que sirva de guía, y para eso están los talleres psicológicos.

Uno de los más pioneros es el que Escandón, junto a José Sala Féliz (doctor especialista en tabaquismo ya jubilado), iniciaron hace más de 20 años. Siempre gratuitos, suelen estar dirigidos única y exclusivamente a fumadores que están en el estadio de preparación, es decir, a los que tienen claro que quieren dejar de fumar y que se comprometen a hacer un intento serio a partir de la fecha de inicio del taller. «No buscamos convencer a nadie», cuenta, sino que llegan los ya convencidos, que suelen ser personas con edades comprendidas entre los 40 y 60 años ya que «es cuando empiezan a ser conscientes de que entran en un grupo de máximo riesgo», explica.

El taller de Escandón se estructura en cinco sesiones en grupo. En las dos primeras semanas se trabaja con técnicas de reducción de consumo, «para que desde el primer día empiecen a fumar menos», mantiene. «La tercera la dedicamos a hablar exclusivamente del estrés», de tal modo que si la persona se encuentra con problemas familiares, laborales o de otra índole, no recaiga sino que sepa cómo enfrentarlo. «En la cuarta sesión, que puede coincidir con la fecha de dejar de fumar o el día después, hablamos de técnicas de mantenimiento para saber qué hacer para evitar situaciones de alto riesgo y en la última continuamos con el mantenimiento e informamos acerca de las terapias farmacológicas de apoyo».

Algo más específico es el proyecto llevado a cabo por un grupo de psicólogos investigadores de la Universidad de Oviedo bajo el liderazgo de Roberto Secades, cuyo objetivo es aplicar diversas técnicas para dejar de fumar a personas que están diagnosticadas con depresión. Este tipo de personas suelen tener una dependencia mucho mayor al tabaco comparado con la población en general, «fuman más y les cuenta más», explica.

El proyecto consta de ocho sesiones grupales de cuatro personas y, como el de Escandón, es totalmente gratuito. En cada cita se aplican técnicas de «tratamiento psicológico, habilidades, técnicas de relajación, tratamiento en conducta de enfrentamiento, prevención de recaídas y un protocolo orientado al componente de la depresión», comenta Secades. Lo que quiere decir que trabajan para conseguir dos beneficios: dejar el tabaco y mejorar los síntomas de la depresión.

¿De verdad funciona?

Querer es poder y en este caso, más. El porcentaje de abstinencia a los dos meses con Secades y su equipo es del 70%; sin embargo, «a los tres meses suele haber recaídas y la tasa de éxito baja al 50% aproximadamente». También, al final del taller, los pacientes sienten una mejora notable en su estado de ánimo en comparación con las personas con depresión que siguen fumando. «Esto quiere decir que el abandono del tabaco mejora la sintomatología depresiva; que es bueno para reducir la depresión», sostiene. Partiendo de la premisa de que son personas que consumen gran cantidad de tabaco «durante una media de 33 años y con un nivel de dependencia a la nicotina excesivo», se puede considerar un hito.

En el caso de Escandón, cuando la selección del grupo es eficaz, el 60% deja de fumar. Para ello es importante estar en el estadio de preparación. «Si están en el de contemplación, por ejemplo, sí que quieren dejar de fumar pero a la hora de decidir una fecha nunca encuentran una. Hay que estar en el estadio indicado para plantearse hacer un intento serio».

La opción farmacológica

Combinar la ayuda psicológica con el apoyo farmacológico suele ser un método efectivo, sobre todo para los que han sufrido alguna recaída. Son muy conocidos los parches o chicles para sustituir la nicotina o el tratamiento con varenicilina, «pero nada de esto es la panacea», comenta la vocal de COF Asturias. «En el tabaquismo, además de una dependencia física y psicológica, hay un carácter social que hay que desaprender», cuenta Suárez. Y para ello es necesario tener predisposición. «Aumenta la tasa de éxito añadiendo fármacos a una terapia psicológica, sobre todo a la hora de mantenerse a lo largo del tiempo. Pero el fármaco es siempre un apoyo», insiste.

En los talleres de Escandón se suelen dar algunas recomendaciones farmacológicas. Secades, en cambio, prefiere no hacerlo. «Las terapias sustitutivas de la nicotina pueden coadyudar al abandono del tabaco, pero por las características del proyecto evitamos recomendarlo para no inferir en los resultados», cuenta el psicólogo de la Universidad de Oviedo. Por ello, se basan exlusivamente en tratamientos psicológicos multicomponentes, con diferentes técnicas orientadas a resolver los problemas que plantea el abandono del tabaco como el afrontar situaciones de riesgo, beneficios del ejercicio físico o cómo mitigar la ansiedad.

La recaída es un paso

Dejar de fumar supone un cambio conductual y en todos los procesos de cambio hay recaídas. «Las tasas de éxito en el primer intento son muy pequeñas», afirma Suárez. «Pero la recaída es un paso dentro del camino de dejar de fumar», sostiene, porque en cada intento se va aprendiendo qué no se deberá hacer partiendo de la anterior recaída.

Un argumento compartido con optimismo por Escandón. «Aquí no se agotan las convocatorias. Es una de las cosas estupendas que tiene intentar dejar de fumar: nunca es un fracaso», sostiene. Intentarlo y no conseguirlo es parte del proceso de deshabituación.

Las terapias no científicas: hipnosis y acupuntura

Muchos habrán escuchado hablar acerca de las terapias de acupuntura e hipnosis aplicadas al abandono del tabaco. Se trata de sesiones -en ocasiones solo hace falta una- en las que, sin ningún esfuerzo aparente, se produce una deshabituación tabáquica «desconectando el hábito sin mono, ansiedad o irritabilidad», tal como el hipnoterapeuta clínico Luis Navarro, director del Instituto de Hipnosis, ha afirmado en otras publicaciones.

Sin embargo, dentro del mundo científico hay escepticismo. «Hay gente que deja de fumar, de verdad, poniendo una vela al niño señor de Praga. Intentar convencer a esa persona de que eso no es eficaz no es posible, para ellos lo es. Eso sí, no hay una base empírica para demostrarlo», afirma Escandón. En la misma línea está la opinión de Secades: «Desde el punto de vista científico no son opciones reconocidas, por ningún organismo serio, como tratamientos válidos y eficaces».

Por su parte, Mireia Suárez alude a que los que acuden a estas terapias se ven tentados porque les puede parecer más fácil. «Si nos prometen que en dos sesiones de hipnosis o acupuntura conseguimos dejarlo sin esfuerzo, tienta». Pero lo cierto es que abandonar el hábito requiere un esfuerzo personal. «Ni el psicólogo, ni el farmacéutico ni el medico podemos hacerlo por el individuo. Nosotros damos consejos, habilidades psicológicas, seguimiento y apoyo, pero el trabajo es de uno mismo», comenta.

Cada persona es un mundo y las motivaciones son diversas. Aunque si algo está claro es que, si su propósito es dejar de fumar, solo tiene que analizar, de verdad, cuándo estará preparado para tirar el mechero -y hágalo-.

Valora este artículo

2 votos
Comentarios

Cómo cumplir el eterno propósito de Año Nuevo