¿Cuándo el término «bable» pasó a ser despectivo?

Pablo Batalla Cueto

ASTURIAS

Los defensores de la normalización del asturiano lo empleaban en los setenta, pero con el tiempo la palabra adquirió un matiz despectivo

26 dic 2017 . Actualizado a las 07:15 h.

«Bable» no era un término despectivo cuando, a finales de los setenta y principios de los ochenta, Asturias comenzó a llenarse de pintadas que exigían la oficialidad de la lengua asturiana llamándola precisamente así: bable, un término de origen incierto pero que ya se utilizaba en tiempos de Jovellanos. Al «idioma asturiano que allí dicen Vable» se refería Carlos González de Posada en 1794 en sus Memorias históricas de Asturias; y cuando, en 1974, un grupo de escritores decidió asociarse para promover la dignificación del idioma autóctono de Asturias a través de las páginas de la revista Asturias Semanal, fue Conceyu Bable el nombre que dieron a la sección de la que se ocupaban, a través de la cual irían sentándose las bases de la actual norma culta de la llingua, basada en el asturiano central; y que luego se convertiría en una activa asociación. Antes, en 1969, José León Delestal había fundado una asociación llamada Amigos del Bable, y en 1973 una Asamblea Regional del Bable presidida por Emilio Alarcos había plantado la semilla de lo que más tarde sería el Surdimientu: una eclosión literaria en lengua asturiana liderada por Xosé Lluis García Arias, Xuan Xosé Sánchez Vicente y Lluis Xabel Álvarez, quienes más tarde acaudillarían Conceyu Bable.

Hoy, el diccionario de la Academia de la Llingua Asturiana sigue definiendo la voz bable como «asturianu, llingua d’Asturies» y no hace indicación alguna que se refiera a un presunto carácter despectivo; y las ordenanzas que, en algunos concejos asturianos, han ido acercando a la llingua al estatus de oficialidad, suelen referirse a ella con la doble denominación bable/asturiano, tal como también lo hace el Estatuto de Autonomía. Sin embargo, el término fue adquiriendo con el tiempo un carácter despectivo. Es exclusivamente así, bable, como se refieren hoy a la lengua de Asturias -negándole tal condición- quienes se oponen a su dignificación. Tal es el caso del colectivo de agitación y propaganda neoliberal Club de los Viernes, vinculado al partido ultraderechista Vox y que acaba de lanzar una activa plataforma en redes sociales, «Cooficialidad No», que se opone con formas soeces a la oficialidad del asturiano. Por otro lado, colectivos de defensa del asturiano como la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana rechazan explícitamente el uso de la voz bable.

¿En qué momento pasó a ser bable rechazado como glotónimo despectivo por los defensores de la llingua? Xuan Xosé Sánchez Vicente apunta dos factores que coincidieron en el tiempo, porque de hecho eran causa y efecto: «Cuando se funda la Academia de la Llingua Asturiana», explica el filólogo y escritor, «se funda con ese nombre, porque se entiende que el término bable es extraño en el conjunto de las lenguas del mundo, que siempre o casi siempre se refieren al territorio en el que se hablan». La creación de la Academia, recuerda Sánchez Vicente, y la inclusión del asturiano en el articulado del Estatuto, generaron una reacción contraria que acabó sustanciándose en una asociación que tomó el nombre plural de Amigos de los Bables, y que acaudillaban un Emilio Alarcos convertido súbitamente a la causa antiasturianista pese a que originalmente había defendido la normalización y un Gustavo Bueno cuyas groserías recuerdan a las que hoy emite la plataforma «Cooficialidad No»: al lema «Bable nes escueles», que por entonces coreaban los defensores de la llingua, Bueno solía responder, por ejemplo, «y gaites nes orquestes». Explica Sánchez Vicente que «esa adopción del término bable por los enemigos de la normalización ayudó a que pasáramos a verlo con recelo», explica el escritor.