Castigados sin patatas

El veto o las restricciones al cultivo para frenar la expansión de la polilla guatemalteca afecta a decenas de pequeños agricultores que siembran para el autoconsumo

Patata afectada por la polilla guatemalteca
Patata afectada por la polilla guatemalteca

Redacción

Por las mismas razones que contribuían a que su vida fuera anónima y corriente hay quien de repente se ve en el centro de atención de los vecinos, los periodistas y los gobiernos. Así fue como el propietario de una pequeña finca en Montiana, en el cinturón rural de Gijón, se vio convertido de la noche a la mañana en testigo relevante de la invasión de polillas guatemaltecas que, a finales del invierno y durante la pasada primavera, diezmaron las cosechas asturianas de patatas. Aunque Galicia llevaba ya dos años enfrentada al problema, en el lado oriental del Eo se había prestado poca atención a la llegada de un insecto que gusta de alimentarse con los tubérculos hasta dejarlos vacíos, ennegrecidos y arruinados. Como la avispa asiática, que tantos quebraderos de cabeza está causando en el campo, se trata de una especie invasora, ajena y llegada desde muy lejos gracias a la revolución de los transportes y a los flujos comerciales que conectan zonas muy apartadas del mundo.

Las imágenes de las patatas colonizadas por las larvas de la tecia solanivora, tal como los científicos bautizaron a la polilla (lo de guatemalteca procede de que su primer ataque documentado a los cultivos tuvo lugar en Guatemala en 1970) captaban la atención y eran también no poco repulsivas. Su difusión, sin embargo, sirvió para llamar la atención sobre los grandes saltos de la plaga. Se vio en Galicia por primera vez hace dos años y ahora ya está presente en toda esa comunidad y avanza hacia el este por el litoral cantábrico. Le gusta, dicen los científicos, vivir al nivel del mar. Lo que sucedió en marzo, cuando apareció en Gijón, alarmó a los responsables de las políticas agrarias del Principado, que para entonces ya habían decretado la prohibición total de plantar patatas en cuatro concejos limítrofes con Galicia (San Tirso de Abres, Taramundi, Vegadeo y Castropol) y establecido un colchón de restricciones en otros territorios del occidente para poner coto a la expansión. Sin embargo, en dos saltos, el insecto se plantó en Cudillero y en Montiana. Alrededor de la finca infectada se aplicó otra prohibición que afecta a terrenos de los concejos de Gijón y Carreño, y las restricciones se extendieron a todo el litoral autonómico.

La generalización de la polilla en Asturias topa con muchas de esas vidas corrientes que de repente se vieron en las páginas de los periódicos. En Montiana, la plaga atacó la finca de un jubilado de 67 años que cultiva su propio huerto para el autoconsumo, como ha hecho siempre, aficionado al sabor de sus propias patatas y no muy entusiasta de las que compra en las tiendas. La tecia solanivara ha impuesto una moratoria de dos años a su afición y a las de otros muchos pequeños agricultores. El Principado ha recibido 357 solicitudes de ayudas para eliminar tubérculos afectados en fincas de la región. Ninguna pertenece a una empresa o a un gran productor. La administración compra las cosechas a 30 céntimos el kilo y las lleva al vertedero de Cogersa en Serín para que los trabajadores de la empresa pública de gestión de los residuos, siguiendo el procedimiento recomendado por el Ministerio de Agricultura, las entierren en cal viva e impidan la fuga de bacterias. En los primeros diez meses del año, se habían destruido casi 20 toneladas de patatas.

A finales del año, la bajada de las temperaturas lleva al insecto a reducir su actividad y hacerse menos visible, pero sería un error deducir de esa aparente ausencia el éxito en su erradicación. A principios de noviembre, la Consejería de Desarrollo Rural informó a los alcaldes de los concejos afectados de que, a pesar de la ausencia de ejemplares en las trampas, no podía darse por sentado que hubieran desaparecido por completo. El Principado planea mantener el veto al cultivo de patatas cuando llegue la época de la siembra en la próxima primavera.

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