Las opiniones del rector Alas: más cerca que lejos

La reciente recopilación de la obra periodística de Alas Argüelles muestra la pervivencia de cuestiones que siguen alimentando el debate en Asturias y España

El rector Leopoldo Alas Argüelles
El rector Leopoldo Alas Argüelles

El rescate de la obra periodística de Leopoldo Alas Argüelles en el cuidado volumen recién editado por Trea y la Universidad de Oviedo es, ante todo, una forma de rendir homenaje al exrector, político e intelectual republicano y socialista asturiano en el octogésimo aniversario de su fusilamiento por las tropas nacionales. Pero, tal y como señalan en su estudio preliminar los profesores Joaquín Ocampo y Sergio Sánchez Collantes, sirve también para contrastar las opiniones del articulista sobre los temas que caldeaban su tiempo -algunas de ellas con un siglo ya a las espaldas- con las que urge la actualidad asturiana o española de este momento. La lectura de las colaboraciones de Alas Argüelles en los medios más importantes de su época no solo certifica que participó en todos los debates de mayor calado que preocupaban a los asturianos o los españoles de entonces; también prueba que muchas de las cuestiones siguen siendo las mismas, aunque las respuestas de mentes tan lúcidas y comprometidas como las del hijo de «Clarín» -a veces tan próximas- nos puedan quedar otras veces ya muy lejos. Lo cual no dispensa de seguir plantándoles cara porque, como él mismo escribió (y lo que dice para la «región» valdría también para España), «si se quiere hacer una verdadera labor regional y hasta regionalista libre de la nota del ridículo que tan fácilmente acompaña los intentos de esta clase, es absolutamente imprescindible conocer bien la historia de la región como hay que conocer su suelo sus posibilidades industriales, su psicología, etcétera. Poner en claro lo que fuimos ayer y compararlo con lo que somos hoy es la única manera de poder saber de un modo cierto lo que acaso podemos ser mañana».

Sobre la industria (El Sol, 6 de noviembre de 1925)

«La solución del problema no es más que una, y conviene ir pensando en ella ahora que un compás de espera nos permite alguna calma. Esta solución consiste en ir preparando a toda la industria nacional a vivir con vida propia que el Estado, por su parte, procure facilitar la vida de las industrias con impuestos razonables, con medios de comunicación fáciles y baratos, con tratados de comercio bien pensados y orientados, con el fomento de la enseñanza técnica. Que los industriales, por la suya, no vean en sus industrias una manera de ganar dinero sin preocupaciones de cuidados como quien corta el cupón, que estudian bien sus negocios, que procuren ponerse en condiciones para no vivir exclusivamente de una protección tal que haga la vida imposible a los demás españoles».

El carbón asturiano (Revista Nacional de Economía)

«Digo que nos encontramos aquí con la falsedad del argumento famoso de ser la minería y más concretamente la extracción de carbón nuestra única industria importante, porque en las mismas bases propuestas para la organización de la futura Junta Asturiana se habla de fomentar otras industrias, otras actividades económicas que no solo puedan llegar a ser fuentes grandes riquezas sino que ya lo son, aunque no hayan alcanzado la importancia que pueden y deben alcanzar cuando estén mejor dirigidas. Con esto no quiero quitar a la industria hullera la importancia que realmente tiene ni oponerme a que se la proteja con medidas racionales que no lesionan intereses superiores. Lo que deseo dejar bien sentado que, por grande que sea la importancia que la industria hullera tiene entre nosotros y por mucho que llegue a desarrollarse, nunca será ni deberá ser la única gran industria de Asturias, y supondrá un perjuicio grave para la economía general de la región dedicarle toda la actividad fomento de la industria hullera y olvidar las espléndidas posibilidades que se brindan al trabajo inteligente en campos muy diferentes»

La unidad y la pluralidad de España (El País, 2 de septiembre de 1913)

«España, doloroso es confesarlo, no es una realidad espiritual sino una expresión geográfica según la celebre frase. No hay aquí españoles todavía: hay gallegos, catalanes, asturianos, castellanos, etcétera, lo que es menos que ser español, y hay católicos, librepensadores, socialistas, lo que excede de los linderos espirituales de la vida nacional. Españoles no los hay, y no los hay por obra y gracia de la Monarquía. Al día siguiente de tomar Granada, cuando había una España material unida en la persona de sus reyes, llegó el crítico instante de empezar lo que aún no hemos empezado: la unión espiritual de aquellos pueblos que se sentían extranjeros. La Monarquía no lo hizo, no vio siquiera el problema. Sin fijarse en que aquí no había un pueblo todavía, se dio a colonizar las nuevas Indias e imponer en Europa una política que a nosotros no debía interesarnos. Una parte consciente de Castilla quiso evitar la muerte de esta nación no nacida todavía, pero el pueblo fue vencido en Villalar y la monarquía triunfante comenzó la loca empresa imperialista, ajena los intereses nacionales (...)».

Política y participación en política (España, 10 de noviembre de 1923)

«No nos hagamos ilusiones ni nos dejemos engañar con frases hechas: la mayor calamidad que puede acontecer los es la de que nunca arraigue aquí la verdadera política. Nada de tecnicismos y especialismos presuntuosos que sabemos a qué abismos conducen a los pueblos más fuertes y poderosos (ahí está el ejemplo de la tecnicísima y especializadísima Alemania). Todos los grandes pueblos están gobernados por políticos y solo en pueblos gobernados de este modo surge a la hora crítica el hombre capaz de evitar los peligros que amenazan. Apartar al pueblo de la política, glorificar el apoliticismo, valga la palabra, podrá ser muy útil para algunos pero es perjudicial para la nación qué es lo que en definitiva nos importa».

Izquierda y republicanismo (Nosotros, 21 de agosto de 1930)

«Al hablar de izquierdas me refiero a las antimonárquicas, porque en realidad no hay otras. Cabe que existan republicanos que no sean hombres de izquierda, y de hecho existen en España; pero dada la manera de ser de nuestra vida política, no es posible concebir una verdadera izquierda que acepte la Monarquía. Hoy en España, por imposición de la realidad, de esa realidad que invocan a todas horas los amigos de la realeza, no cabe declararse liberal sin declararse, al mismo tiempo, incompatible con el régimen imperante».

(Revista España, 10 de noviembre de 1923)

Un turismo para Asturias (El Sol, 16 de abril de 1930)

«Si el turista extranjero ha de acudir con preferencia la España del sur prescindiendo de la del norte que nada nuevo significa para él, es natural que nosotros, los españoles de la zona cantábrica, procuremos atraer a nuestros posibles visitantes sacándolos de un medio distinto. Si es que no llegamos a organizar el turismo con la necesaria eficacia para traer también a los extranjeros que buscan la España típica acaso fuera oportuno ir pensando en un turismo especial para Asturias sobre la base de facilitar la visita de nuestra región a los demás españoles».

 Feminismo (El País, 15 de abirl de 1913)

«No quiero convertir en marimachos a nuestras pobres mujeres. Creo, por el contrario, que es el marimachismo el enemigo mayor del feminismo discreto. La mujer hombre la mujer que considere su hermosura como cosa despreciable es un aborto de la naturaleza, mejor dicho, de la sociología. La mujer, además de persona, debe ser una obra de arte, su propia obra de arte personal, y un maniquí de modista vestido a la última moda, porque eso es ir de uniforme lo mismo que cualquier quinto. Pero si conviene que la mujer sea siempre mujer y que todos sus progresos sean en el sentido de perfeccionar lo femenino y no de tendencia masculina. No por eso hay que olvidar que la mujer desempeña en la vida social papeles importantísimos directa o indirectamente. Prepararla para que cumpla bien todas sus obligaciones es el deber de cuánto se preocupan del porvenir de nuestra pobre España».

Escribir en «bable» (El Sol, 8 de enero de 1929)

«No todo lo que se escribe en bable merece ser conocido, ni cbe medir con la misma medida a todos los que cultivaron y cultivan nuestro antiguo dialecto. Es verdad que los escritores asturianos de algún valer fueron y son casi siempre escritores españoles, y escribieron y escriben en la lengua nacional para que todos puedan entenderlos. Es seguro, además, que muchos de ellos no podrían, aunque quisieran, escribir en el dialecto de la región en que vinieron al mundo. Pero si la más elevada representación de nuestro espíritu se expresa en castellano, no per eso hay que desdeñar a todos los poetas regionales. Muchos de ellos no pasaron de ahí por falta de ambición, no de talento. Hubieran podido ser poetas en todas partes, pero prefirieron serlo en el rincón de su pueblo, a ratos perdidos, y muchas veces ocultándose como quien comete un crimen. Van siendo escasos ya tales poetas. Desaparecen y con ellos se va el dialecto que cultivan, y nadie los sustituye. Al menos no se conoce a nadie que vaya ocupando los puestos que poco a poco se quedan vacío cuando muere algún verdadero poeta, como ahora se nos murió Pepín de Pría».

Los toros y Asturias (El País, 18 de agosto de 1913)

«No eres este país de toros. Solo una ficción artificial puede hacer que se aclimate entre nosotros el espectáculo trágico que pide cielo azul y vino rojo hasta virtudes y vicios que no hay en nuestra Asturias. Por eso aquí una corrida es mil veces más odiosa que en Sevilla o en Madrid. Aquí no hay luz ni colores, ni ninguna de esas cosas que a los ojos de muchos españoles dan a la fiesta un aspecto artístico de cosa nacional hasta la médula. En una tarde gris de fresco ambiente no se conciben los toros, son una cosa brutal sin gracia ni arte, un espectáculo cruel desarrollado ante un público que en el fondo no gusta de esas cosas, que va a Plaza porque van los otros, porque se hace lo mismo en todas partes y por pasar la tarde en algún sitio».

La pasión futbolística (España, 6 de noviembre de 1920)

«Bien hasta que se juegue al foot ball, que la gente se entretenga en eso, pero está rematadamente mal que los aficionados a este juego se parezcan al aficionado taurino como una gota otra gota. Lo mismo da vociferar en una plaza de toros que en un campo de fútbol, es indiferente que nuestro ídolo sea un matador o que lo sea un delantero si es absurdo dividirse en gallistas y belmontistas no es menos absurdo dividirse en partidarios del Stadium y entusiastas del Deportivo. Por esta razón cuando algunos queridos amigos me presentan el auge del fútbol como una prueba del progreso de las costumbres de Asturias yo no me entusiasmo demasiado».

El alumnado de universidad (Boletín de la ILE, octubre y noviembre de 1922)

«El profesor de universidad tiene como misión enseñar una especialidad, y enseñarla con una extensión, y sobre todo una intensidad, que supone a sus alumnos cualidades que no pueden exigirse a la segunda enseñanza y mucho menos a la escuela de primeras letras. El alumno de universidad ha de ser ya un verdadero hombre, ha elegido su camino en la vida, ha definido su vocación y esto no pueden hacerlo los niños, ni dejar que sean otros los que lo hagan en su nombre. Este hombre que va a la universidad especializarse en una rama científica necesita un minimum de cultura general, y lo necesita no solo para tener formada la inteligencia sino como instrumento de trabajo. Tal ocurre con los idiomas, por ejemplo. En España, por desgracia, esto solo es un ideal. El alumno ante el que nos encontramos los profesores universitarios es, por regla general, un niño y un niño poco o nada preparado para los estudios superiores. Son niños, como he dicho, y a los niños no se les puede pedir lo que no se ve lo que se les pide a los hombres»

La reforma de la enseñanza secundaria (Boletín de la ILE, octubre y noviembre de 1922)

«Consideradas desde este punto de vista, la segunda enseñanza necesita llenar ciertos requisitos si ha de cumplir bien sus fines, teniendo en cuenta que en dicho grado de enseñanza ingresan los alumnos salidos de la escuela de primeras letras con los conocimientos que esta pueda proporcionar y con la poca madurez de espíritu que pueden poseer los muchachos de esa edad, y teniendo en cuenta también que al terminar la segunda enseñanza han de contar con la preparación necesaria para especializarse en los estudios superiores con fruto y sin peligro, es indispensable por una parte que la organización de la segunda enseñanza y el procedimiento que en ella se siga se tengan en cuenta las condiciones de los alumnos que en ella ingresan a fin de que no pierdan tiempo estudiando lo que no pueden entender, y por otra parte, que se tienda más que dotar a los alumnos de una suma mayor o menor de conocimientos enciclopédicos, a prepararlos para estudiar después dotándolos de instrumentos de trabajo tales como los idiomas y creando en ellos el hábito del estudio al mismo tiempo que se despierta su curiosidad intelectual».

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