Los otros cercados oseros

Los centros de recuperación trabajan por la supervivencia de la especie cantábrica. La facilidad para reproducirse en cautividad de los osos pardos obliga a parques y zoos privados a lidiar con un exceso de población

Recinto osero del parque de Cabárceno.Recinto osero del parque de Cabárceno
Recinto osero del parque de Cabárceno

Redacción

El recinto osero de Proaza y Santo Adriano es único en el mundo. Tan solo en esta cercado se puede ver a osos pardos cantábricos. Tras la muerte de Tola, su hermana Paca y Molinera son los dos ejemplares que ahora mismo conviven y a los que se podrá observar tras el periodo de hibernación. No obstante, existen más recursos creados específicamente para la especie, centros de recuperación y adaptación previstos para atender animales heridos y para facilitar su regreso a la montaña. Uno de ellos está en Asturias, en concreto en Redes. Otro acaba de inaugurarse en Cantabria. Al margen de este tipo de instalaciones oficiales, proliferan los parques y núcleos zoológicos que buscan visitantes gracias al encanto de los osos. Cabárceno y Santillana del Mar, en Cantabria; El Coto Escolar o Zooleón, en León; el parque Marcelle o Vigozoo, en Galicia, son algunos de ellos. En su catálogo aparecen los osos pardos, la mayoría de ellos de origen europeo.

Este tipo de núcleos de animales lidian justo con el problema contrario al que padecen los bosques de la cordillera: tienen un exceso de población y no saben qué hacer con tantos ejemplares. Lo cuenta Guillermo Palomero, de la Fundación Oso Pardo (FOP). Palomero comenta que el oso pardo es una especie que se reproduce muy bien en cautividad. Los ejemplares están acostumbrados al hombre, bien alimentados y tienen crías con regularidad. Esto supone que deben que reubicarlas y buscarles casa, ya que muchos parques terminan saturados y no pueden acoger a todos los oseznos. Lo sabe de primera mano porque la FOP ya ha recibido llamadas de algunas de estas organizaciones pidiendo su ayuda. «Algunos no dan abasto», insiste.

La prioridad, reintroducir

La FOP publicó precisamente hace unos meses una guía sobre la rehabilitación de osos huérfanos, heridos y abandonados, en la que hace también un repaso de las instalaciones que existen para conseguir este objetivo. En primer lugar, Palomero explica que hay que tener en cuenta que existen dos tipos diferentes de recursos. El primero es el de emergencia, en el que los veterinarios atienden, operan o curan al animal, con los cuidados necesarios. Luego se necesita un centro de recuperación, donde el oso pueda ver la luz, ejercitar su musculatura, subirse a los árboles y seguir en contacto con la naturaleza. Lo ideal sería, cuenta el responsable de la Fundación, que se planificaran centros que cubrieran ambas necesidades. El tercer modelo serían los recintos destinados a aquellos animales cuya reintroducción en la naturaleza haya fracasado. Es el último recurso, si todo lo demás fracasa y tendría que tener como prioridad absoluta el bienestar animal.

Con esta estructura en mente, la guía recoge la existencia del Centro de Recuperación de la Fauna del Principado de Asturias, en Sobrescobio. Los expertos de la FOP lamentan que no disponga de un recinto exterior preparado para la rehabilitación de osos. No obstante, reconocen que sí tiene recintos interiores acondicionados que pueden ser utilizados para el mantenimiento de ejemplares que necesiten un tratamiento y una rehabilitación. Con ese fin fue utilizado, por ejemplo con las osas Lara y Molina. También dispone de un gran recinto interior acristalado de 25 x 25 metros, que sí se puede aprovechar en una fase más avanzada de la rehabilitación. En términos generales, reconocen que se trata de «unas buenas instalaciones, aunque limitadas por la ausencia de zona exterior en los recintos». No obstante, lo peor, a su juicio, es que no dispone de recursos «para evitar la habituación al hombre durante el proceso de recuperación». 

Fuera del Principado hay más. El Parque de la Naturaleza de Cabárceno, de titularidad privada, dispone de un equipo de veterinarios experto en atender a osos. En este caso, la Fundación reconoce que cuenta con profesionales de alto nivel pero las instalaciones no le parecen útiles. «Reciben miles de visitantes y no parece fácil adecuar un espacio al margen y suficientemente alejado de las visitas turísticas», puntualiza. En León, la Junta cuenta con un amplio espacio en Valsemana. Se trata de un centro faunístico destinado, fundamentalmente, a la cría de corzos en semilibertad que ya albergó un oso macho adulto malherido en el año 1992.

La última experiencia es la que acaba de inaugurar Cantabria con el oso herido que vagaba por Liebana: el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Cantabria, en Villaescusa. Dentro de este gran complejo, el Gobierno cántabro ha creado un espacio específico para atender a grandes mamíferos. La inversión necesaria ha sido de 78.000 euros. Palomero no se atreve a valorar la eficacia de esta inversión porque explica que no lo conoce en persona. Hasta que no lo visite y no vea con qué recursos cuentas no se atreve a valorarlo. En principio, se ha informado de que dispone de 150 metros cuadrados, cuenta con tres salas cubiertas, una de ellas subdividida por una pared móvil, y una gran sala exterior de 70 metros cuadrados dotada de un estanque, que confiere gran versatilidad a las instalaciones. La intención del Ejecutivo que preside Miguel Ángel Revilla es que se convierta «en un referente a escala nacional», ya que abre «nuevas posibilidades de trabajo.

La Fundación Oso Pardo conoce otras experiencias muy innovadoras que parecen un ejemplo a seguir. Este fue el caso de la atención que recibió la osezna Aubèrta. En el valle de Arán se construyó un recinto específico para ella, en total contacto con la naturaleza, con cámaras instaladas para realizar su seguimiento y sin apenas contacto con los hombres. Disponía de metros cuadrados suficientes para moverse y seguía en contacto con el bosque, son su olor, sus sonidos y sus formas. La experiencia, sin embargo, fracasó. Pero por otros motivos. Palomero cuenta que se le trató de insertar un transmisor que terminó generando una infección que la mató. El modelo de Arán es un sueño para los conservacionistas.

Osos pardos en cautividad

El resto de los parques y núcleos que existen en el norte no tienen esa vocación de cuidado y protección de la especie. Se trata de espacios dirigidos a la visita y, en ocasiones, a la divulgación. Algunos, como el de Cabárceno integra a profesionales punteros en el mundo. Pero trabajan con osos pardos no cantábricos, la mayoría de origen Europeo. El listado es muy amplio. Además de Cabárceno, se encuentra el Zoo de Santillana del Mar, el parque zoológico Marcelle y Vigozoo, en Galicia, Lacuniacha, en Huesca,... El listo de recintos para ver cómo son los osos pardos es inmenso.

Algunos como el Coto Escolar, de León, tienen un modo de funcionamiento muy ligado a la divulgación a través de los colegios. Luna y Ponderoso son los dos ejemplares que tienen una edad parecida a Paca y Tola. Más de 16.000 alumnos de quinto y sexto de Primaria de todos los colegios públicos y concertados de la provincia han pasado por el cercado para ver a estos dos osos pardos y a las parejas de gamos, ciervos y emúes con las que conviven ellos.

En Cabárceno vive Furaco, el oso que fue elegido como semental para Paca y Tola y que convivió con ellas nueve años. Regresó a Cantabria en 2017, y tuvo que pasar unos meses de adaptación antes de volver al recinto con el resto de ejemplares. En ese espacio se encuentra también Aragón. Se trata de un ejemplar que recibieron en junio de 2010, con apenas seis meses de edad y después de ser rescatado de un coche de contrabandistas en Zaragoza. Durante tres años recibió cuidados especiales y pasó por distintas fases de adaptación, que le permitieron crecer de los seis kilos iniciales a más de 200. Los especialistas esperaron hasta noviembre de 2015 para trasladarlo definitivamente al recinto de osos pardos donde se encuentra totalmente integrado.

Los gestores de este parque ponen a Aragón como ejemplo de su trabajo. Señalan que este animal se ha convertido en un símbolo de Cabárceno «por ser un ejemplo perfecto de la labor que se desarrolla en investigación y salvaguarda de especies en peligro de extinción, así como en el cuidado de animales». Argumenta que su recuperación y adaptación refleja «las labores terapéuticas y de acogida que se llevan a cabo en colaboración con diferentes universidades, centros e instituciones internacionales en el desarrollo de programas y estudios sobre distintas especies».

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