El PP acopia munición dialéctica para advertir que la oficialidad conduce al nacionalismo radical

Mercedes Fernández encabeza un multitudinario acto en el que Carlos Cuesta, Félix Hernández de Castro, Joaquín López y Rafael Arenas advirtieron de la conexión el nacionalismo

Mercedes Fernández, rodeada de los ponentes y de dirigentes populares antes del acto en el CCAI
Mercedes Fernández, rodeada de los ponentes y de dirigentes populares antes del acto en el CCAI

Gijón

«¡Ignorantes, que sois unos ignorantes! ¡Fascistas de mierda! ¡En Asturias se habla asturiano! ¿Por qué vienes a Asturias a decirnos cómo tenemos que hablar!». Los gritos de un presumible partidario de la oficialidad del asturiano interrumpiendo las declaraciones a la prensa del periodista gijonés Carlos Cuesta fueron las únicas voces discordantes sobre el debate lingüístico en Asturias que se escucharon ayer tarde en el Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón. Sucedía momentos antes de un acto contra la oficialidad organizado por el Partido Popular y con asistencia de la plana mayor de la formación conservadora, empezando por su presidenta regional, Mercedes Fernández. La puesta en escena en el abarrotado salón de actos del CCAI -con más de 50 personas en pie sobre las 112 de aforo- fue de debate, con Cuesta como activo moderador de la mesa; en realidad, se trató más bien de un acto de reafirmación y de aprovisionamiento de munición dialéctica para un frente que evidentemente los populares quieren mantener bien abierto y en primera línea de su agenda política. Y que el PP asocia directamente con el nacionalismo y sus actuales manifestaciones en España, incluyendo la crisis del independentismo catalan. 

La propia Mercedes Fernández admitió en sus palabras preliminares que «este no es un problema que tengamos los asturianos» y que la demanda «no está en la mayoría» sino «en unos pocos, unas academias, unos núcleos muy configurados que quieren alimentar este debate porque les va muy bien, y ahí lo dejo». Pero en todo caso, para el PP sí parece ser un problema a largo plazo. A los populares -aseguró «Cherines»- les han saltado «todas las alarmas», y  su estrategia es la de mostrar «qué sucedería si en un mal día algo que no queremos la inmensa mayoría unos pocos lo quieren establecer como norma».

Tres invitados desde tres frentes distintos aportaron sus argumentos al respecto: el lingüista de la Universidad de Oviedo Félix Fernández de Castro, el catedrático de Derecho Internacional Privado de la Autónoma de Barcelona y expresidente de Sociedad Civil Catalana Rafael Arenas y el técnico industrial asturiano Joaquín López, que saltó a los titulares después de regresar a Asturias desde la localidad mallorquina de Artá, donde vivía con su mujer y sus dos hijos, por los problemas derivados de su opción por una escolarización que simultanease el catalán y el castellano. En sus respectivas intervenciones se transparentaron o ahondaron las líneas que ya ha exhibido el PP asturiano para justificar la posición reflejada en el lema que presidió el acto, «Asturiano sí, oficialidad no. Nos afecta a todos». Más allá de la controversia sobre los costos o la utilidad individual y social del aprendizaje del asturiano, los populares ponen las miras en Cataluña y la crisis catalana como la estación término donde acabaría, en última instancia, cualquier iniciativa por la oficialidad. En resumen: oficialidad y nacionalismo radical son al final una misma cosa. Lo resumió en su presentación el adjunto a la dirección de OK Diario, Carlos Cuesta: la oficialidad implicaría «destinar recursos públicos para fabricar políticas identitarias que en Cataluña acabaron en lo que acabaron».

Casi con las mismas palabras dibujó Rafael Arenas, asturiano residente en Cataluña desde 1996, esa presunta linea recta que iría de forma inevitable de la defensa del asturiano a un nacionalismo «que siempre empieza siendo moderado y luego acaba en lo que acaba». El catedrático habló de su experiencia en Cataluña, pero también de lo que «está sucediendo en Baleares, Valencia o Navarra» para defender que -aunque «no necesariamente lo mismo vaya a pasar en Asturias»-, existe ese «elemento escondido» que identifica la lengua como «algo simbólico» y como un factor de «pugna».

La clave, para Arenas, está en el momento en que, como ha sucedido con otras lenguas cooficiales, se identificara el asturiano como «la lengua propia de Asturias». «Si es la propia, la otra es la impropia», razonó, en referencia al castellano, abogando por separar el conocimiento de una lengua con la obligatoriedad de su uso. La cuestión es «cómo se pasa del hecho cultural al hecho diferencial del que acaba dependiendo toda la política», sostuvo Arenas, que lamentó lo sucedido antes del acto y lo puso como ejemplo de toda su argumentación: «Llevo tres años soportando que me llamen fascista, y me han bastado cinco minutos aquí para que me digan lo mismo: el nacionalismo siempre es lo mismo».

Por su parte, Félix Fernández de Castro -quien se definió como «rebelde» contra la posiciones oficialistas «desde que era estudiante»- admitió que no es «especialista en las hablas románicas de Asturias, pero sí en las variaciones del español en todo el mundo», para defender, en primer lugar, la inexistencia de un único asturiano. Pero también se apoyó en la concepción de un idioma como «un instrumento de comunicación que une a un emisor y un receptor» para denunciar lo que considera una «falacia» en el argumentario de los partidarios de la oficialidad: «Nadie niega el derecho a expresarse en asturiano», dijo el filólogo, «pero la lengua es cosa de dos, y nadie en realidad tiene la obligación de usar el mismo código, como implicaría la cooficlalidad».

Quiso desmontar también la concepción de la oficialidad como «un derecho cultural» y un instrumento de protección patrimionial. «Yo soy un enamorado del prerrománico, pero no obligaría a nadie a construir su casa siguiendo sus pautas estéticas». Respecto al argumento de la oficialidad como un derecho, considera que sería «el derecho de unos pocos que se convierte en un deber de la sociedad, algo que una sociedad no puede soportar».

De modo más directo que el de Rafael Arenas en su vida en Cataluña, Joaquín López encarnó en la mesa el testimonio directo de quien acaba -dijo- «sintiéndose como un apestado» por defender el derecho de sus hijos a ver cumplida, en una comunidad bilingüe y con doble oficialidad, la ley que garantiza un aprendizaje también en castellano. El asturiano narró la peripecia personal, burocrática y política que acabó con su regreso a la península desde la localidad de Artá después de batallar porque sus hijos dejaran de recibir sus clases de castellano en horarios de descanso escolar. Su conclusión, en términos legales, es que las políticas lingüísticas en Baleares «van más allá de la fefens ade una lengua» y que la ideología acaba tiñendo la educación. Algo que, según él, sucedió en el caso de una «presunta amiga, profesora de infantil» a la que acabó por «si la defensa de una lengua justifica el castigo a unos niños». Le respondió que sí. «Que te digan algo tan bárbaro a la cara no es un argumento lógico», aseguró López.

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