«El mercado ha ganado poder y el Estado lo ha perdido»

«El PSOE no debe estar en el debate entre monarquía y república», asegura Javier Fernández

Javier Fernández /TOMÁS MUGUETA
Javier Fernández /TOMÁS MUGUETA

Redacción

-Vamos a hacer un ejercicio de memoria ideológica. Me gustaría saber sus cimientos ideológicos. Mieres, pongamos mayo del 68… ¿tiene usted en eses momento conciencia política?

-Yo nací en una familia muy marcada por la Guerra Civil, una familia de derrotados y que, tanto por parte de mi padre como de mi madre, estaban muy vinculados con el PSOE. Es innegable que, aunque no hablaran demasiado de eso, influyó sobre la conciencia política que yo fui desarrollando en el futuro. Usted habla del 68…

-Con 20 años…

-Sí, tenía 20 años. Aquí mayo del 68 no fue, digamos, tan impactante.

-Sin contásemos todos los asturianos que dicen que estuvieron allí podríamos organizar una comuna asturiana…

-Yo lo veía por la televisión, lo que el Régimen dejaba ver claro. Luego supimos mucho más de lo que entonces estábamos viendo y entendiendo. Pero bueno, tenía su poesía, aquella de quitar los adoquines porque debajo estaba la playa y era un movimiento  contracultural que dio lugar a muchas interpretaciones, pero la manera de vivirlo en la España franquista en el año 68 era muy distinta a como se vivía en Francia y desde luego a cómo lo interpretamos y lo vivimos luego.

-Me gustaría saber cuáles fueron sus principales influencias ideológicas.

-Siempre fui muy adicto a la lectura. También a la lectura política. Como todos los de mi generación que estudiábamos leí a Marx y estuve influido por él y evolucioné. Siempre he sido una persona muy moderada, desde la Transición yo creía en la socialdemocracia y en Bad Godesberg, en aquella divisa, paradigma socialdemócrata de «tanto mercado como sea preciso, tanto Estado como sea necesario». Yo creo que eso era válido entonces y sigue siendo válido ahora.

-¿Está en crisis la socialdemocracia? La crítica fundamental es que el viraje hacia los mercados la ha derechizado.

-La socialdemocracia ha sido un éxito. Ha actuado con éxito, no quiero colocarla ya como pasado. En 40 años de democracia el PSOE ha gobernado 21 y cualquier derecho social que usted pueda pensar, es decir, derechos universales y hablo de educación, de sanidad, de pensiones o de dependencia, tiene la impronta del Partido Socialista en el Gobierno. Y cualquier derecho civil, si excluye al divorcio, que hizo UCD, y le hablo de la Ley del matrimonio homosexual, de la Ley del aborto, o de la Ley contra la violencia de género, también tienen la misma marca. Creo que los resultados hablan del socialismo democrático en España.

Y luego está lo que usted me comenta del mercado. Para los socialdemócratas el mercado no es una realidad antisocial, otra cosa es la autorregulación de los mercados. La socialdemocracia parte de que ni el mercado es una realidad antisocial ni lo que se busca con las políticas socialistas es el igualitarismo.  Lo que se busca es la igualdad. Es decir, la radical igualdad de salida y la protección o el apoyo o la cobertura para los que no puedan llegar.

Claro, ocurre que esto era más fácil cuando el mercado no se autorregulaba o cuando no se incentivaba la autorregulación de los mercados y cuando el Estado tenía más poder. Lo que ha ocurrido es que el mercado es el que ha ganado poder y el Estado lo ha perdido. ¿Por qué? Porque las fuerzas financieras o económicas fluyen en un espacio aterritorial y despolitizado, es decir al margen de cualquier control por parte de los Estados. Es decir, el Estado ha perdido capacidad de control sobre esas fuerzas y, por tanto, sobre esos mercados, los financieros es el ejemplo más evidente.

El neoliberalismo lo que se plantea es dejar los mercados libres y la socialdemocracia habla de mercados para que la gente sea libre. Lo que diría es que el gran problema hoy es que llegar a un pacto social como el que supone el Estado del bienestar, que es un acuerdo no escrito entre el capitalismo, los ciudadanos y el Estado, es más complicado en la medida en que no se sabe muy bien dónde reside el poder. Es decir, esta es la cuestión, los mercados tienen ahora más poder que el que tenían antes.

-Ese hecho de que la socialdemocracia haya sido incapaz de regular los mercados ha dejado un espacio amplio a la izquierda ha dado paso a nuevos fenómenos, por ejemplo en España es el caso de Podemos.

-A ver, yo lo que le quiero decir es que hay cosas que se pueden hacer desde el Estado, pero hay cosas que no se pueden hacer desde un solo país. Y que antes sí se podían hacer. Y, por tanto, para afrontar esto y teniendo en cuenta que el poder ahora reside ya fuera de los Estados, las instancias supranacionales son decisivas. Y el que no se hayan podido construir ?y empiezo por la Unión Europea- de una manera satisfactoria está en la raíz de los problemas de la socialdemocracia.  Luego insisto, si queremos…

-El Banco Central europeo también puede ser un obstáculo…

-No, yo hablo de la gobernanza. El BCE es una entidad, digamos, independiente y tecnocrática, tiene que existir, pero yo estoy hablando de la política, no de la tecnocracia. Es decir, y la política para ser útil en la medida en que lo era antes, hoy día tiene que ir más allá de un solo Estado. La política para tener poder tiene que tener un carácter supranacional. Y la pérdida de poder de la política  tiene también que ver con la pérdida de poder de los Estados. Esto ha incentivado la aparición de posiciones más radicales por la izquierda. Pero no solamente digamos por la pérdida de poder de los Estados o la crisis de la socialdemocracia, sino por la crisis misma, es decir, aquí hemos tenido una crisis muy dura, que tiene también que ver con la crisis política. Y que ha encauzado en determinada dirección el resentimiento o la crispación o el enfado social, y hay actores políticos que no existían y que aparecen como consecuencia de todo esto.

-¿Por qué en un país en el que el 70% de los españoles rechaza el capitalismo (encuesta de la Fundación BBVA) sin embargo vota al PP?

-Yo creo que la mayoría de las encuestas siempre colocan a los españoles en el centro izquierda. Y ya más allá de que rechacen o no el capitalismo, porque además de rechazar el capitalismo deberían de plantear cual era la alternativa ¿no? Supongo que se estará rechazando el capitalismo neoliberal. Porque hoy no parece que el capitalismo tenga demasiadas alternativas. Lo que sí tiene alternativas es el capitalismo neoliberal. Así que prefiero situarme como los españoles, en lo que ellos dicen respecto a la izquierda- derecha que es algo que sigue existiendo a mi juicio y se sitúan en el centro izquierdo. Y eso, coincido con lo que usted me dice, resulta chocante que sin embargo quien prevalezca en el gobierno sea la derecha y eso debería ser algo que nos planteáramos los partidos de izquierda por qué está ocurriendo.

-España es un Estado laico. ¿Por qué el PSOE no ha roto los acuerdos con la Iglesia?

-En todos los congresos del PSOE se ha planteado la renegociación de los acuerdos del Estado con la conferencia episcopal y nunca se han hecho cuando efectivamente el partido ha gobernado. Tengo que entender que porque había otras prioridades de tipo social que se consideraban más urgentes que esta, que tiene una naturaleza fundamentalmente política.

-No hay una urgencia tampoco en el debate monarquía-república…

-Ese no es un debate que…

-…esté en la calle?

-No sé si está en la calle, desde luego no es un debate que esté en el PSOE ni debe estarlo. Otra cosa es que los valores republicanos tengan que ver con los valores de la izquierda, que se han olvidado, por muchas izquierdas e incluso por el PSOE muchas veces. Porque lo que se ha instalado en la izquierda -y a los que lo denunciamos enseguida recibimos el calificativo de jacobinos irredentos- es un buenismo que significa la infinita tolerancia hacia lo social. Cuando el republicanismo cívico lo que plantea es otra cosa, es que la sociedad tiene que estar ahí siempre para ti pero tú también tienes que estar aquí alguna vez para ella. Es decir, ese planteamiento de que solo tenemos derechos no es conciliable con la auténtica izquierda, la izquierda republicana que exige también obligaciones como ciudadanos, es decir, como partícipes del espacio público.

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