«Las mujeres tenemos la cabeza impregnada de la idea de que las altas responsabilidades no deben interesarnos»

Pablo Batalla Cueto

ASTURIAS

Rosa Cid, una de las responsables del programa de doctorado de género y diversidad de la Universidad de Oviedo, aborda diversos enfoques desde su condición de historiadora y feminista

19 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Simone de Beauvoir decía que «no se nace mujer: se llega a serlo», y algo así le sucedió a Rosa María Cid López (Gijón, Asturias, 1956) con el feminismo: no nació feminista, sino que llegó a serlo a medida que fue comprobando que, así como a la altura de los años setenta la ciencia histórica se había abierto a toda una pléyade de nuevos sujetos, y aunque se hablaba y se reivindicaba a los obreros y a los esclavos en un ambiente de efervescencia progresista, no sucedía lo mismo con las mujeres, que seguían ocultas tras un muro milenario de crónicas patriarcales. Ese muro, a Cid se le fue rompiendo a base de leer entre líneas, de buscar nuevas fuentes, de interrogar las conocidas de nuevas formas, de darse cuenta de que incluso el mundo universitario y científico estaba impregnado de prejuicios machistas. Hoy es una referencia nacional de la historia de género y una de las responsables del programa de doctorado en género y diversidad de la Universidad de Oviedo.

-¿Qué fue antes para usted: la historia o el feminismo?

-Primero vino la historia. A mí familia le gustaba mucho el cine, y a mí, no sé por qué, me fascinaban las películas de romanos. Después tuve profesoras muy buenas en enseñanza media en relación con la historia y el mundo antiguo, y siempre evoco dos figuras extraordinarias en este sentido que tuve la suerte de encontrarme en el instituto Doña Jimena de Gijón: Leontina Alonso Iglesias, que era profesora de historia, y Nieves Álvarez, que era profesora de griego. Ambas hacían unos seminarios los sábados a los que íbamos quienes queríamos y en los que debatíamos sobre temas diversos. Nieves era y es muy buena filóloga, y no nos hablaba de los textos griegos, sino de la cultura griega que esos textos traslucían. Ella fue la primera persona a la que yo escuché hablar de las mujeres griegas. Y Leontina, que también nos daba historia del arte, a mí me descubrió una perspectiva de lo que significaba el arte totalmente distinta de la que yo tenía: el arte como manifestación de lo que interesa a una sociedad. Después decidí seguir con la historia, y sobre esa base la Facultad, además de proporcionarme otros profesores extraordinarios que también me marcaron mucho, me hizo comprender que el trabajo del historiador, la importancia de conocer la realidad, no debía ser tanto entenderla como cambiarla.

-Fue a la Universidad en los años nucleares de la Transición.

-Una época muy ilusionante, muy esperanzadora: parecía que iba a cambiar todo. A nivel de formación llegaba a ser hasta frustrante: estábamos todo el día en reuniones, asambleas, procesos de huelga… Y a clase íbamos poco, por lo menos en los círculos en los que yo me movía, que eran de gente con inquietudes. Pero esas inquietudes eran también culturales: también estábamos todo el día recomendándonos libros, intercambiándolos y comprándolos en librerías como Ojanguren, en Oviedo, o Musidora, en Gijón. Y cuando un profesor nos recomendaba un libro, corríamos a hacernos con él. Uno que, por ejemplo, recuerdo que me marcó mucho fue ‘Erasmo y España’, de Marcel Bataillon, que nos recomendó Lola Mateos, una profesora que murió hace poco pero que en aquel momento era jovencísima y daba unas clases muy estimulantes. Aquel libro me descubrió una nueva forma de entender la historia moderna. Y luego teníamos de profesores a gente como David Ruiz, que había trabajado con Tuñón de Lara y conocía a Pierre Vilar y en aquel momento hacía una historia totalmente nueva, centrada en el movimiento obrero y los movimientos sociales. O a Julio Mangas, de Antigua, que a mí me marcó mucho y que trabajaba sobre los esclavos y las clases inferiores. Aquellos enfoques hoy suenan ya muy obsoletos, pero en aquella época eran muy novedosos.