Una «Güelgona» por la igualdad

Cuatro integrantes de la Comisión del 8M, herederas de la tradición reivindicativa asturiana, explican quiénes son y el modelo de sociedad por el que luchan

Cuatro integrantes de la comisión 8M en Asturias, desde la izquierda, Olga Carrasco, Agustina Guglielmetti, Laura Fernández y Sara Combarros
Cuatro integrantes de la comisión 8M en Asturias, desde la izquierda, Olga Carrasco, Agustina Guglielmetti, Laura Fernández y Sara Combarros

redacción

«Ella limpiaba, cambiaba bombillas y arreglaba todo lo que le pedían. Él también. Ella era la señora de la limpieza. Él, el portero. El nombre no era la única diferencia. Sus funciones eran exactamente las mismas pero ella cobraba 300 euros menos». Agustina Guglielmetti cree en el poder de los ejemplos porque sirven para visualizar más incluso que el mejor discurso hilado. Guglielmetti, del Movimiento Democrático de Mujeres, forma parte de la Comisión 8M que prepara la huelga feminista del 8 de marzo. Sara Combarros (Asamblea Moza de Asturies), Laura Fernández (Les Rudes, de Avilés) y Olga Carrasco (CSI) son algunas otras integrantes de este grupo de trabajo que en las últimas semanas se ha multiplicado. Están desbordadas por la respuesta que están encontrando, por la implicación de toda la sociedad civil a través de las organizaciones más variadas, desde grupos de amas de casa a pensionistas o colectivos vecinales.

Su objetivo último no es que el 8M sea un éxito, que las mujeres paren y Asturias sufra los efectos de la huelga. Su intención real es que algo cambie después del 8 de marzo. Llevan trabajando desde diciembre y quieren dejar tres ideas claras porque temen que haya cierta confusión. La primera de todas es que la huelga es legal. Es de 24 horas y está autorizada por el Gobierno. La segunda es que no es solo para las mujeres. De hecho, se necesita a los hombres. Sin ellos, por ejemplo, el paro en los cuidados familiares es impensable, al igual que el cambio social. La tercera es la movilización. La cabeza de la manifestación saldrá a las siete de la tarde de la plaza del Humedal, en Gijón. A todas aquellas que por sus circunstancias no puedan acudir, las conminan a que cuelguen un mandil en sus ventanas y balcones para demostrar su apoyo.

¿Quiénes son?

La comisión asturiana del 8 M comenzó a trabajar en diciembre. Los colectivos feministas seguían en contacto con organizaciones nacionales después desde el año pasado y comenzaron a preparar la cita. Enviaron multitud de correos a asociaciones de toda la región para celebrar un plenario en enero, en la biblioteca de El Fontán (Oviedo), y su sorpresa fue que se presentaron más de un centenar de personas. La sesión estuvo a rebosar. Esa fue la prueba evidente de que había muchas ganas. Se repartieron en seis equipos de trabajo: laboral, estudiantes, cuidados, consumo, el de comunicación y el equipo de varones, que son los encargados de todo el soporte. Además, se formó una comisión de coordinación que es a la que pertenecen las cuatro.

Desde entonces se han multiplicado. Han organizado charlas, mesas informativas, pasacalles, más plenarios de manera periódica para evaluar cómo iban. Han diseñado cartelería y han creado perfiles en redes sociales. Han contactado con todo tipo de asociaciones a lo largo del Principado. En otros casos, han recibido peticiones de ayuda de grupos con pocos recursos. Les han mandado cartelería e incluso han acudido a sus concejos a participar en las acciones que han programado. De este modo nació 8M On the Road, el movimiento que recorre la región. Reconocen que han estado desbordadas, pero han llegado al sprint final. 

Cuatro ejes

La convocatoria tiene cuatro ejes y eso es lo primero que las cuatro destacan. Es una huelga laboral y estudiantil, pero también de cuidados y de consumo. Esta transversalidad creen que es una de las claves que explica la movilización registrada en las últimas semanas. «Es un planteamiento novedoso, innovador. Queremos visibilizar todas las esferas. Es una huelga así que responde a criterios económicos pero es mucho más que eso. Aspiramos a que sea transformadora», argumenta Sara Combarro. No parten de cero. La tradición luchadora de la mujer asturiana está en el día a día. Así que las integrantes de la comisión tienen muy presentes a las mujeres del campo, esas que llevaban la casa, la familia, la huerta y también el ganado. Sus hijas son una nueva generación de agricultoras y ganaderas que siguen sobreviviendo a la dureza de su profesión. También son herederas de las mujeres del carbón y de la siderurgia, luchadoras incansables en sociedades muy masculinizadas.

La diferencia de este 8M de 2018 con respecto a los anteriores es precisamente la unidad, la que ha permitido que incluso sindicatos y partidos de distinto signo se impliquen. «En Asturias este año está todo más centralizado y coordinado pero a la vez se extiende por todo el territorio y a todo tipo de organizaciones. Nos llaman asociaciones de las más variadas. Por ejemplo, en Avilés, han participado en actos con nosotras desde los afectados del mercurio de Azsa hasta la plataforma del medio ambiente y asociaciones de vecinos», comenta Laura Fernández. Ese creciente apoyo se explica porque «hay realidades que son difíciles de rebatir», insiste Agustina Guglielmetti, «la precariedad que afrontan las mujeres es innegable en todos los ámbitos».

Corriente de solidaridad

Todo ese impacto se traduce en una corriente de solidaridad ilusionante. Agustina Guglielmetti bajaba en un ascensor comentando el manifiesto de las periodistas y las miles de firmas que ha conseguido en pocas horas. La señora que compartía el pequeño cubículo y que no sabía quién era la interrumpió: «Lo que tenemos que hacer es colgar el mandil en la escalera». Este mensaje espontáneo, de alguien que no sabía que esa chica del ascensor estaba preparando el Día Internacional de la Mujer, la sorprendió y emocionó a partes iguales. «Esto es justo de lo que hablo», afirma.

El 8M no será un éxito sin la implicación de la otra mitad de la sociedad: los hombres. Las integrantes de la comisión no tienen dudas. Por esa razón, entre otras, dentro de los grupos de trabajo hay uno de varones. «Están haciendo una labor muy importante. Nos dejan el protagonismo pero ellos se encargan de todos esos ámbitos fundamentales, como de los cuidados de los hijos y los familiares. No podríamos defender una huelga de cuidados si no sabemos que ellos los van a hacer porque eso es algo que no se puede dejar colgado 24 horas», explica Guglielmetti.

La huelga como instrumento

La huelga general es, por tanto, solo un instrumento para conseguir algo más amplio y profundo. Lo explica Olga Carrasco: «Las huelgas generales se hacen para luchas contra la vulneración de los derechos de toda la sociedad. En este caso, es por algo de una parte más concreta de la sociedad, las mujeres, que necesita cambiar la situación de precariedad en la que se encuentra y para lo que necesita la ayuda de todos». Carrasco lo entiende también como un Basta ya. Cree que la situación de hartazgo de las mujeres es el caldo de cultivo perfecto para este 8M frente a todas las situaciones que afrontan, desde la precariedad laboral a la brecha salarial o las actitudes machistas de compañeros, jefes, «incluso de la gente que menos esperas», apostilla. Defiende que ha llegado el momento de plantarse y de negarse a cobrar menos o de contestar un piropo altisonante en plena calle. «No hay por qué aguantarlo», defiende.

¿Y el 9 de marzo qué?

¿Cómo esperan las cuatro que sea el 9 de marzo? Sueñan con que sea el día en que comiencen las políticas concretas con presupuestos realistas. Se roban la palabra para hablar de un pacto de estado contra la violencia machista, de una Ley de Dependencia que no sea papel mojado, que cuenten con recursos reales; con políticas laborales de igualdad plena, semejantes a las que se han implantado en Islandia; con una ampliación de la red de escuelas públicas de 0 a 3 años; con un cambio en el modelo educativo que erradique estereotipos y que fomente una educación sexual e integradora en los colegios,...

Pero también abogan por la militancia del día a día, por dar ejemplo siempre. «Nos queda por delante una labor muy importante. Tenemos que ser solidarias, buenas compañeras, pedagógicas con el resto pero a la vez firmes, consecuentes, educar a nuestros hijos cambiado esos roles y modelos que nos han impuesto desde siempre, compensando lo que les fomenta la sociedad. Porque el machismo nos hace daño a todos», lamenta Guglielmetti. Sara Combarro también considera que es importante trasladar la lucha a la cotidianidad. «Soy mujer, tengo que trabajar firme pero esta situación se puede revertir. Cada una desde la posición en la que está sin necesidad de pertenecer a organizaciones», esa es la mentalidad que defiende. Olga Carrasco recoge ese testigo: «Se puede hacer militancia activa desde cualquier ámbito, incluso cuando corriges a tu pareja cuando te pregunta en casa en qué te puede ayudar».

Lo único malo de esa militancia invidividual puede ser la soledad. Carrasco señala que se entristece cuando piensa en las mujeres que se sienten oprimidas y no tienen con quién compartirlo. Ella, en cambio, cuenta con sus compañeras o a sus amigas. El 8M es también un grito para que todas ellas sepan que no son raras, que hay millones como ellas. 

  

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