«Somos una trinchera contra el patriarcado»

Pablo Batalla GIJÓN

ASTURIAS

Blanca Cañedo-Argüelles
Blanca Cañedo-Argüelles

Blanca Cañedo-Argüelles es la fundadora de la clínica Belladona, pionera en derechos sexuales y reproductivos de las asturianas. Este año alcanza la treintena.

19 mar 2018 . Actualizado a las 13:40 h.

Los derechos sexuales y reproductivos de las asturianas tienen, entre otros, nombre de flor: el de la belladona, que da nombre a una clínica gijonesa pionera y que es modelo para toda España. Belladona cumple treinta años este 2018, y su fundadora, Blanca Cañedo-Argüelles, responde con entusiasmo, en esta entrevista celebrada en su despacho, a preguntas sobre la historia de la clínica, los servicios que presta, las reivindicaciones que apoya y cómo de arriesgado y a veces sórdido era abortar antes de que la ley del aborto de 1985 lo despenalizara; algo que esta veterana feminista vivió en primera persona como trabajadora social y enfermera.

-Belladona acaba de cumplir treinta años.

-Sí, estamos celebrándolos ahora. Fue un proyecto que unió a un grupo de mujeres en una época complicada. Acababa de nacer la primera ley del aborto, pero Belladona no nació preocupada sólo del tema del aborto, sino de los derechos sexuales y reproductivos en general. Era una época en la que la educación sexual, el conocimiento del propio cuerpo, no se trabajaba; y en que una iba al ginecólogo y el ginecólogo era un señor que te miraba una zona concreta de tu cuerpo pero no todo el conjunto de engranajes que es un cuerpo y sus padecimientos. La comunicación médico-paciente era muy rígida. Las mujeres de Boston acababan de editar un libro muy interesante sobre el autocuidado y en Alma Ata ya se había hablado de la salud como una combinación de lo mental, lo físico y lo social. Y nosotras queríamos montar algo que bebiera de todo eso; un espacio de salud en el que las mujeres se sintieran seguras, respetadas y comprendidas. Éramos feministas, que era una palabra anatema que hoy ha cobrado por fin el sentido que siempre tuvo, que no es lo contrario del machismo, sino la igualdad. En aquel tiempo éramos poco menos que brujas.

-¿Por qué el nombre de Belladona?

-La Atropa belladona es una planta que produce atropina, un alcaloide que entre otras cosas dilata las pupilas y hace parecer los ojos más grandes. El mensaje que queríamos transmitir era que queríamos abrirle los ojos al mundo y recuperar ciertas cosas perdidas, como la sabiduría ancestral de las mujeres y de las viejas curanderas, que siempre utilizaron fármacos naturales que hoy sabemos que eran tanto o más efectivos que otros que hay que producir en laboratorios farmacológicos.

-Asociamos Belladona sobre todo al aborto, pero aquí se hacen muchas más cosas.

-Sí, sí. Fuimos creciendo, y ahora hacemos cosas de nutrición, de estética, etcétera, y también hacemos distintos estudios sobre sexualidad, anticoncepción, etcétera, y estamos metidos en una red nacional de clínicas que se prestan mutuamente apoyo logístico. Belladona, en realidad, ya es más grande hacia fuera que hacia dentro. Y también trabajamos temas medioambientales. Somos muy ecologistas; sabemos que la ecología es fundamental para el desarrollo humano, y hacemos muchas cosas de alimentación y relacionadas con el tema de los huertos urbanos. Cada jueves viene aquí un compañero a traernos productos de la huerta.

-Belladona también es un proyecto ideológico.

-Sí, sí. Somos una trinchera contra el patriarcado. Entendemos que todos somos víctimas de una cultura patriarcal que no sólo machaca a las mujeres, sino también a los hombres, a los que obliga a desempeñar una serie de roles: el hombre debe proveer; debe ser protector. Yo conozco bien a los varones, porque aunque tengo siete hermanas, soy madre de varones y abuela de varones. Las mujeres no queremos ser protegidas: queremos ser acompañadas. Y queremos luchar junto a los hombres contra un sistema que al mismo tiempo que somete a las mujeres, somete también a la naturaleza, agota los recursos y los acumula en favor de muy pocas personas. Todo está interrelacionado y la lucha por las libertades también debe ser una sola. En general, debemos preguntarnos qué mundo queremos dejar a nuestros nietos.

-Decía antes que tiene hijos y nietos. Usted misma es una impugnación viva de ese discurso de la derecha más cavernaria según el cual las mujeres feministas odian la maternidad. Se puede defender el derecho al aborto y no ejercerlo una misma.

-Evidentemente, y fíjate, una cosa que se está debatiendo ahora y que nosotros llevamos haciendo mucho tiempo es la jornada laboral de nueve a seis. Lo pusimos así para que nuestras trabajadoras con hijos pequeños pudieran compatibilizar la vida familiar y la laboral, y las que querían tener hijos pero la imposibilidad de la compatibilidad les hacía dudar de tenerlos los tuvieran.

-En Belladona, ¿todas las trabajadoras son mujeres?

-La mayoría lo son. Hay algún hombre: el urólogo es un hombre, el homeópata es un hombre y los médicos de medicina de trabajo son hombres. Y en el quirófano los anestesistas son hombres. Pero las ginecólogas son todas mujeres.