López-Otín participa en una «prometedora» investigación sobre insuficiencia cardiaca

El equipo dirigido por José Antonio Enríquez abre nuevas vías para posibles terapias, y ha contado con la participación de científicos de la Universidad de Oviedo

Carlos López-Otín
Carlos López-Otín

Una investigación en la que participan científicos de la Universidad de Oviedo -entre ellos el bioquímico Carlos López-Otín- ha participado en la investigación de «una prometedora» diana terapéutica contra la insuficiencia cardiaca. Los investigadores, coordinados por José Antonio Enríquez, del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), han identificado una proteasa -la OMA1- que se activa cuando se estresa el corazón y han constatado en ratones que su inhibición evita que mueran las células encargadas del bombeo. La insuficiencia cardíaca aparece precisamente cuando el corazón no puede bombear de forma eficiente sangre rica en oxígeno. La relevancia del descubrimiento radica en que describe «una prometedora» diana terapéutica contra una dolencia que tiene hasta ahora tratamientos limitados y es la tercera causa de defunción en España.

Los resultados se publican en 'Science Traslational Medicine', en un artículo que firman también científicos de la Universidad Complutense y los hospitales madrileños de La Princesa y Universitario Montepríncipe. Para llegar a sus conclusiones, los investigadores hicieron experimentos con tres modelos de ratón de insuficiencia cardíaca con diversa sintomatología: taquicardia crónica, hipertensión crónica e isquemia del miocardio con hipertrofia; independientemente del tipo de estrés, en los tres modelos apareció daño cardíaco, con características parecidas y con la mitocondria como implicada. Para que el corazón funcione correctamente se necesita que exista una capacidad contráctil y una producción de energía constante y controlada para que todos los tejidos del cuerpo reciban oxígeno.

La mitocondria es el orgánulo en la célula encargado de coordinar ambos procesos -producción de energía y control del calcio como regulador de la contracción muscular-, pero también es el mayor productor de unas moléculas llamadas especies reactivas de oxígeno ROS, que a niveles elevados resultan tóxicas para las células. El corazón genera una excesiva producción de ROS cuando hay un sobre esfuerzo contráctil que se puede dar en situaciones de hipertensión, exceso de trabajo u otros tipos de estrés.

«En este trabajo vemos que en la insuficiencia cardíaca la producción excesiva de ROS también participa en el proceso patológico», apunta a Efe el investigador del CNIC, quien aclara que en los tres modelos de ratón estas especies reactivas aparecen disparatadas. Al producirse este aumento de ROS, detalla Enríquez, se despiertan una serie de mecanismos dentro de los cardiomiocitos -células musculares encargadas de bombear la sangre-; de no atajarse, estos mecanismos provocan la muerte de los cardiomiocitos. Esto es precisamente lo que plantea este trabajo, frenar uno de esos mecanismos, en concreto la acción de la proteasa OMA1 localizada en la mitocondria: al lograr inhibir esta proteasa -enzima- evitamos la muerte de los cardiomiocitos y por tanto conseguimos frenar el deterioro del corazón, añade Enríquez.

Se abre por tanto -apunta- una puerta para la búsqueda de fármacos contra esa proteasa; de hecho ya se han empezado a buscar posibles moléculas, que primero habrá que probar 'in vitro', luego en ratones y más tarde en ensayos con humanos. Enríquez recalca que para este trabajo ha sido fundamental la colaboración entre científicos básicos y clínicos, como José María Castellano, del Hospital Universitario Montepríncipe, y Luis Jesús Jiménez-Borreguero, de La Princesa.

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