Una vista panorámica al espectáculo natural de Asturias

El Mirador del Fito permite apreciar la belleza del paisaje de montaña y mar tan característicos del Principado

Mirador de El Fitu
Mirador de El Fitu

Redacción

Los habitantes de la tierrina sienten una especial devoción por el paisaje de su Principado, sobre todo cuando están lejos. Echar de menos Asturias es una constante teniendo en cuenta la cantidad de motivos que aglutina, desde la gastronomía, a sus tradiciones o la calma que reina cuando se va más allá de las principales ciudades. Pero si hay que elegir una máxima, la naturaleza se lleva la palma. El Principado aúna, en un solo vistazo, la montaña y el mar, la altura y lo llano, las rutas y el descanso. Apreciarlo todo en su conjunto no siempre es fácil pero, por fortuna, hay lugares donde eso es posible. Una de esas atalayas privilegiadas en la que se observa cómo las montañas caen sobre el mar es el Mirador del Fito.

Desde hace más de 90 años, el Mirador del Fito se eleva sobre las estribaciones de la sierra del Sueve. Se puede acceder desde el interior o desde la costa, a través de la carretera AS-260, que conecta Arriondas con Caravia y Colunga. Inaugurado en 1927, es un enclave donde el Cantábrico y los Picos de Europa se unen en una panorámica de 360 grados. Su estratégica ubicación permite posar la mirada sobre concejos colindantes como Ribadesella o afinarla para distinguir otros más alejados, como Cabrales. Incluso es posible pasar el día en la reserva natural del Sueve realizando una ruta de senderismo.

Mirador de El Fitu
Mirador de El Fitu

Una de las características singulares que provoca múltiples comentarios es la forma del mirador que, completamente circular, suspendido en el aire y sujeto con unas escaleras, da la sensación de estar flotando sobre la naturaleza. Hay quienes, por su forma ovalada, lo califican de «ovni» o, más en asturiano, «cazu». Es obra de José María Sánchez del Vallado, que de manera desinteresada contribuyó a erigir este singular balcón de acero sobre el Cantábrico. Su altruismo no fue el único que permitió llevar el proyecto a buen puerto. Las aportaciones en dinero o en materiales llegados de todas las partes del Principado permitieron su construcción.

En los días despejados se puede distinguir, una a una, la silueta de la cimas más altas de los Picos de Europa, si se mira a un lado, y el mar de fondo al mover la cabeza hacia el otro. La serpenteante carretera de acceso, que de alguna manera sigue lo que en otros tiempos ya pudo ser una calzada romana, es un espectáculo en sí mismo que permite disfrutar del camino.

Es habitual que haya que esperar para poder subir por las escaleras que llevan a una visión excelsa por la afluencia del turismo. Además, sus dimensiones no permiten que demasiadas personas se suban al mismo tiempo; sin embargo, la recompensa vale la pena. 

Dada su sobrecogedora belleza, el silencio se torna esencial para poder disfrutar de un paisaje. Lo más recomendable entonces será llegar, sentarse y dejarse abrumar por las sensaciones que la naturaleza suscita; un sentimiento que en el mundo del arte se calificaría de sublime por su grandeza y que es muy fácil experimentar en Asturias.

Mirador de El Fitu
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