Así será la «vieyera» del futuro

Más activos y con mayor demanda de autonomía, con la esperanza de vida aumenta el nivel de estudios y acceso a internet en la tercera edad en Asturias

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Redaccion

Asturias es una de las comunidades más envejecidas de Europa y, por ende, del mundo. El declive demográfico ha sido descrito tanto por el Gobierno asturiano como por los partidos con representación parlamentaria como el mayor reto que afronta la autonomía en el futuro. Y, sin embargo, la consejera de Derechos y Servicios Sociales, Pilar Varela, destacó que una de las causas del envejecimiento, esto es, «el aumento en la esperanza de vida, que es mucho más elevada, también es algo positivo para la sociedad, y debemos aprovechar sus potencialidades». Lo dijo en la presentación de la Estrategia de Envejecimiento Activo «Estrena», un documento orientativo que sirve también para perfilar cómo serán los mayores del futuro, y teniendo en cuenta además que los que hoy ya llegan a la tercera edad se la toman de manera muy distinta a como se hacía décadas atrás.

Más activos, más formados, más abiertos al uso de nuevas tecnologías, entre los planes del Principado para la generación que ya ha llegado a la tercera edad y las que llegarán en las próximas décadas están el fomento de la autonomía personal, con un impulso --destaco por Varela-- a la vivienda de convivencia compartida, el «cohousing» para el que señaló que seria preciso contar la experiencias de cooperativas que ya funcionan sobre ese modelo y también plantear ayudas para reformas en viviendas de manera que puedan adaptarse para que servicios como el comedor o lavandería sean colectivos.

 

El informe de «Estrena» señala en la actualidad, «las personas mayores de más edad son los que presentan un nivel más bajo de estudios frente a las nuevas generaciones de personas mayores que poseen un mayor nivel en los estudios académicos cursados», algo que tiene su origen en las circunstancias muy singulares de las generaciones que vivieron la Guerra Civil y la Postguerra. Sin embargo es una situación que está a punto de cambiar de forma radical y apunta que «en los próximos años se va a incrementar el nivel de educativo la población mayor debido a la incorporación de generaciones beneficiadas por el sistema de educación implantado a mediados del pasado siglo».

En este sentido, el documento destaca que en un periodo que abarca casi la última década, entre los años 2009 y 2016, se ha duplicado el número de matrículas dentro del Programa Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo. Las personas mayores que se inscribieron para completar sus estudios pasaron de 198 en el curso 2009/2010 hasta las 433 inscritas en el curso 2016/2017, con un crecimiento constante año a año.

Otro de los aspectos sobre el cambio en la manera de entender el paso a la tercera edad que refleja el documento es el aumento en el uso cotidiano de internet. En Asturias, la brecha en el acceso a la red se abre a partir de los 55 años, y sin embargo, el documento destaca que «se ha producido un notable incremento de su uso si comparamos el 2007 con la actualidad. Tanto es así que en el año 2007, en el grupo de edad 55-64 años, el 22,8% de las personas habían utilizado internet en los últimos tres meses (período sobre el que se realiza la pregunta) mientras que en el 2016 este porcentaje era del 64,6%. Asimismo, en el grupo de edad 65-74 años se pasó del 5,3% al 36,4% en ese mismo periodo».

En este sentido, «Estrena» destaca que el cambio de paradigma pasa por un cambio con aspectos positivos y negativos. «Estamos asistiendo a un profundo cambio en el perfil de las personas mayores asturianas que presenta una buena autopercepción de la salud y un nivel de estudios superiores a los de las generaciones precedentes. Este cambio está redefiniendo el concepto de vejez que la sociedad tenía hasta ahora, disolviendo la asociación automática entre vejez y dependencia».

Pero a la vez, señala que todas estas mejoras «también vienen acompañadas de la intensificación de riesgos tradicionales, como las situaciones de soledad y aislamiento, debido a los cambios en los modelos y las relaciones familiares y comunitarias».

El perfil actual de las personas mayores presenta grandes diferencias de género, la esperanza de vida es mucho mayor entre las mujeres que entre los hombres y eso tiene a su vez tiene una enorme influencia quién precisa cuidados, quién los presta y también cómo se afronta la soledad (ya que hay muchas más mujeres viudas), Tampoco se da la misma situación en el entorno urbano y el rural. Así, se destaca que en términos absolutos, las áreas urbanas de Gijón, Oviedo y Avilés, son los núcleos donde se concentra el mayor número de personas mayores; una cifra de 112.000 personas tomando los datos del Padrón de 2015. Y, sin embargo, «aunque los valores absolutos son superiores en las áreas urbanas, no sucede lo mismo respecto al grado de envejecimiento (proporción de personas mayores respecto al total). Mientras que en los concejos de Gijón y Oviedo se obtiene un valor para este indicador del 22,7%, en los municipios rurales se supera el 33%».

El informe señala que la forma de convivencia más habitual entre la población de personas mayores asturianas «es en pareja» y la mayoría de ellas están casadas, pero con diferencias por sexos ya que entre los hombre predominan los matrimonios pero en las mujeres las viudas. Entre la población asturiana mayor de 64 años, el 43,8% de las mujeres y el 21,7% de los hombres no cuentan con apoyos para su cuidado. La persona que fundamentalmente cuida de los hombres mayores es la pareja (17,4%), seguida del propio hombre con otra persona contratada (13%). Sin embargo, el cuidado de las mujeres mayores recae principalmente en otro familiar (15,6%) seguido de personal contratado (12,5%); destaca el informe. A la hora de valorar su situación en la tercera edad, una mayoría de personas consultadas señala su situación como buena, o una nueva oportunidad para iniciar nuevas actividades y contar con más tiempo libre. Pero hay también una diferencia en función del sexo, entre las mujeres hay un sentimiento de liberación por librarse del cargo de los hijos, mientras que entre los hombres, abundan los casos de no saber qué hacer con su tiempo libre una vez llegada la jubilación. 

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