Redacción

Finalmente el Gobierno asturiano pudo presentar su borrador de catálogo de vestigios de la dictadura franquista. Se han establecido once categorías que van desde nombres de calles, placas de viviendas; relieves, grabados, inscripciones; cruces; vítor o Víctor de culto a los «mártires caídos»; cuadros de cargos públicos del franquismo, y designaciones de hijos adoptivos o predilectos y concesión de medallas entre otros. Sólo se librarán de la aplicación de la conocida como ley de Memoria histórica aquellos vestigios ubicados en inmuebles declarados Bien de Interés Cultural (BIC) si su supresión supusiera un riego para el edificio. Pero cerrar, incluso un borrador, no ha resultado sencillo y no han sido pocas las resistencias que ha habido que vencer. En los últimos meses, a preguntas de los grupos en el parlamento, el Gobierno admitió que restaban cinco concejos que se negaban a colaborar aunque no señaló cuáles eran. En un principio llegó hasta la decena el número de ayuntamientos que pusieron pegas a colaborar y portavoz del Principado, Guillermo Martínez, sugirió que eran de color político variado pero sin señalarlos. De diez menguaron a cinco y parece que al final el catálogo completo echará a andar sin que se sepa el nombre de los últimos nostálgicos.

¿Dónde está Samuel Sánchez

El presunto dopaje (por el momento es solo una denuncia) del exciclista y reconocido quiropráctico Adolfo Alperi trae a la memoria la de otros dos deportistas asturianos que fueron sancionados por doping, con la vergüenza que conlleva y que a veces se olvida. El moscón Santi Pérez dio positivo en 2004, tras una espectacular Vuelta a España y Samuel Sánchez, oro olímpico y una enseña deportiva asturiana durante más de una década, también fue sancionado y expulsado de su equipo tras dar positivo el pasado verano. Toda una conmoción para un hombre que frisaba los 40 años y tenía a sus espaldas el respeto de toda Asturias. Mientras que Santi Pérez volvió a las carreteras tras cumplir su condena y ahora tiene en marcha una exitosa escuela de ciclistas, Samuel Sánchez ha desaparecido del mapa desde que en octubre se confirmase el dopaje. Ni rastro de él en las redes sociales (aunque nunca fue muy amigo de las redes). Ni siquiera en su página de Wikipedia se hace mención a su caso de doping, en una muestra de que la enciclopedia digital tiene mucho que mejorar. El caso de Adolfo Alperi es diferente: tras participar en los Juegos de Barcelona (séptimo) y Atlanta (quinto), tuvo un fugaz paso por el ciclismo en carretera. Las acusaciones ante el TAS son serias: implicarían que la misma Federación de Ciclismo habría sido la instigadora del dóping masivo. Alperi, quiropráctico en la actualidad, con clínica en Oviedo, ha montado también un equipo/club de ciclismo vocacional. Habrá que ver cómo le afecta la acusación, si es que tiene recorrido.    

Un enfado mayúsculo

A Dolores Carcedo, consejera de Hacienda, solo le falta poner una foto en el despacho del ministro Montoro para declararlo enemigo público número uno. Un Wanted, al viejo estilo del western, con ese rostro entre vacilón y airado que usa el ministro de los impuestos y los presupuestos. Lo último que ha puesto de los nervios a la consejera ha sido la decisión de Montoro de recortar en otros 17 millones la financiación autonómica del Principado. El Gobierno de Rajoy retiene de momento otros 99 millones, lo que dificulta al extremo las cuentas regionales, a lo que hay que añadir la prórroga presupuestaria. Las relaciones Principado-Gobierno central han sido en esta legislatura bastante correctas, pero el caso Montoro puede desembocar en un conflicto político de calado. Por el momento, el enfado es mayúsculo.

Valora este artículo

2 votos
Comentarios

Los cinco ayuntamientos asturianos nostálgicos del franquismo