El Campoamor, republicano (aunque sin telón)

El cartel de la obra de teatro 'El rector'
El cartel de la obra de teatro 'El rector'

El estreno de El rector, escrita por Pedro de Silva y dirigida por Etelvino Vázquez, convirtió el teatro Campoamor en un gran foro republicano, como contraste con los premios Princesa de Asturias. Son las dos caras de la ciudad, de un Oviedo bicéfalo. Aunque en las horas previas al estreno se fue extendiendo el bulo de que un gran telón republicano iba a poner fin a la representación, el bulo no se hizo realidad. La obra, un éxito de público, mayoritariamente de izquierdas y de viejos conocidos, contó además con la presencia de exrectores y de Javier Fernández. Dos detalles: no hubo pataleo tras la recomendación de apagar los teléfonos móviles realizada en asturiano, algo que sí sucedió con la ópera Peleas y Melisande, hace unos meses.  Otro de tono interno: el pequeño papel de LA VOZ en la obra. El tribunal que juzga al rector Alas pone como prueba contra él un artículo de LA VOZ DE ASTURIAS sobre un acto en favor de huérfanos y viudas de la Revolución del 34. Por algo nacimos en 1923. «Franco quiere hacer de España una gran Vetusta», se dice en la obra. Revivir a Leopoldo Alas Argüelles, aunque sea por unas horas siempre merece la pena.        

Las paradojas universitarias

El grado de Deportes sigue siendo una fuente de paradojas y contradicciones. En una región que da regularmente la espalda a la Universidad, una titulación se erige en noticia preferente. Y en una región tan habituada al enfrentamiento local, el rector se debe convertir en el juez supremo, incluso salomónico. Estas trifulcas tienen también sus contradicciones en los partidos. Tomemos como ejemplo al PP. Mientras en Gijón, el cherinista Pablo González defiende que el grado debe ubicarse en Gijón, la presidenta del partido (y gran soporte de González) propone que la futura titulación vaya a parar a Mieres. Mercedes Fernández ha defendido su postura, que al parecer es compatible con la de sus compañeros de partido en Gijón.  ¿Puede un partido político defender dos posturas antagónicas a 30 kilómetros de distancia? A la vista está que sí, aunque el PP no es una excepción en Asturias.

El partido, con el movimiento

Hubo un tiempo, durante unas cuantas décadas antes de 1975, en el que si se decía «el partido» en España no había duda de que se hablaba del partido comunista, era la época en la que encabezaba la oposición al «Movimiento» del régimen de la dictadura. Hoy el partido defiende cambiar a movimiento, así lo ha hecho el PCA en un comunicado oficial en el que se alinea con las tesis del coordinador general de IU, Alberto Garzón en su propuesta para centralizar la formación, disolver las federaciones y transformar a la coalición en un movimiento social. Se trata de una iniciativa que ha despertado la preocupación de amplios sectores de la dirección de IU de Asturias pero no del PCA quien además atribuyó las publicaciones que sugerían que la reforma podría derivar en una disolución dentro de Podemos a «oscuras maniobras de filtración alarmista» que proceden de «empresas de comunicación comprometidas con el actual régimen político y con el sistema socioeconómico» y cuyo propósito es «desbaratar cualesquiera expectativas unitarias capaces de enfrentar con éxito al régimen de la oligarquía y la corrupción». También niega rotundamente que su secretario general Francisco de Asís Fernández dijera a Panorama Regional, de TVE, que respaldaba que IU dejara de ser «una opción electoral». El PCA insiste en que «nadie debe confundir la construcción de la unidad popular y la búsqueda de una confluencia electoral con la disolución de IU en otra fuerza política». El partido está con el movimiento.

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