Redacción

Arturo Fernández, actor gijonés que es hijo adoptivo de Oviedo, aprovechó la entrega de un premio GAVA (los Goya asturianos) para lanzar un zasca al tripartito que gobierna la capital, aprovechando la presencia de concejales de IU, Somos y PSOE a pocos metros. El octogenario y popular intérprete teatral les reprochó en público, en su discurso, que le habían dejado sin trabajo en la ciudad en los últimos tres años: no entendía por qué no había un espacio para él en el Filarmónica,  rompiendo la tradición de la etapa gabinista, donde Arturo era un clásico de la programación de San Mateo. Roberto Sánchez Ramos, Rivi, presidente de la SOF, se mordía la lengua mientras tanto. El zasca permite recordar aquí la estrecha relación que mantuvo Arturo Fernández con Gabino de Lorenzo. El exalcalde le erigió una escultura discreta (2,25 metros) en Priañes, en un parque al que dio nombre, le hizo hijo adoptivo y juntos plantearon una obra teatral de cierre de campaña del PP en las elecciones de 2008, un mitin espectáculo, como llamaron al engendro, truncado por un atentado etarra que paralizó los actos electorales. El actor, que en muchas declaraciones ha criticado las ayudas públicas al teatro, apoyó sin disimulo al PP: «Los hombres que nos vestimos por los pies, cuando vemos una causa justa, tenemos que mojarnos. Y estoy aquí para hablar en favor del PP y de la candidatura al Congreso encabezada nada menos que por Gabino de Lorenzo», afirmó en su día. Esperaremos con impaciencia a ver la próxima programación de San Mateo, a ver si Arturo vuelve a aparecer en escena. O hace un mutis por el foro.

La oportunidad de la Fundación Princesa

El doble escándalo de filtraciones y denuncias de acoso sexual en el premio Nobel de Literatura, que obliga a posponer el galardón, supone una buena oportunidad para el premio Princesa de Asturias de las Letras de este año. La Fundación Princesa se ha adelantado en casi una veintena de ocasiones a los premios suecos: desde Bob Dylan a Cela, de Mandela a Vargas Llosa, de Gorbachov a Al Gore. Es una cuestión de olfato. Ahora, zaheridos, desacreditados y debilitados los suecos, Oviedo puede tomar el relevo internacional en este año de limbo literario. Para eso, habrá que exigir al jurado altura de miras y no caer en ciertos encorsetamientos: los focos alumbrarán con más atención este año. El galardón a Martin Scorsese marca la excelencia. Veremos y leeremos.     

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El zasca desmemoriado de Arturo Fernández