Las sagas asturianas de El Corte Inglés, a puñaladas judiciales

.Dimas Gimeno
Dimas Gimeno

Redacción

Las sagas asturianas que controlan El Corte Inglés están protagonizando una batalla a campo abierto por el control del grupo. La empresa, de profundas raíces asturianas y mosconas (César Rodríguez, Ramon Areces; más la absorción de Galerías Preciados de Pepín Fernández) tiene una cita en el próximo consejo de administración de este mes, donde se debatirá el futuro de Dimas Gimeno, sobrino del asturiano Isidoro Álvarez y actual presidente de la corporación. Las hijas de Álvarez, Marta y Cristina Álvarez Guil quieren la destitución de Gimeno, aunque otra alternativa de consenso puede pasar por una alianza que incluiría un aumento de la participación de Gimeno en el accionariado. Es lo que propone la hermana de Isidoro Álvarez, la asturiana María Antonia Álvarez, madre de Gimeno. Como se ve, el abanico es amplio. María Antonia Álvarez ha presentado ya cuatro demandas contra las hermanas Guil por saquear la herencia de Isidoro Álvarez. Hay que recordar que en 2015, otra saga asturiana, la de los Areces, que tienen el control del 9% de la compañía, fue expulsada del consejo y dio pie a otra pugna judicial. Las discrepancias entre descendientes y parientes de Isidoro Álvarez son evidentes. La plantilla, con 92.000 empleados, está expectante. 

Otra ruptura con el gabinismo

El nuevo delegado del Gobierno ya tiene número dos. Se trata de Victoria Delgado, que fue diputada del PP y directora del Parque de Picos, y que estuvo también en las quinielas para ser delegada del Gobierno tras la fulminante dimisión de Gabino de Lorenzo anunciada con nocturnidad (un comunicado a las 11 de la noche) y alevosía. Delgado asumirá el cargo de secretaria general y sustituirá a Inés Guerra, que durante estos años ha sido la mano derecha del exalcalde de Oviedo y ha sido quien ha llevado el peso real de la Delegación. Como se ve, la ruptura con la anterior etapa gabinista es total y Mercedes Fernández y Mariano Marín no han mantenido en su cargo a Inés Guerra, que contaba con toda la confianza de De Lorenzo. 

Borrell, el último de la fila

De nuevo sucedió: el más esperado de los jurados volvió a dejar compuesta y sin titulares a la prensa asturiana en la cita semanal con los Premios Princesa en Reconquista. Si la pasada semana fue la directora general de Facebook en la peninsula, la ovetense Irene Cano, la que rehusó hablar sobre la corporación más en candelero del planeta en este instante, esta vez, contra todo pronóstico, fue el exministro y expresidente del Europarlamento Josep Borrell, debutante estrella como jurado del Premio de Cooperación Internacional. Después de hacerse esperar casi hasta el tiempo de descuento para el tradicional tira y afloja entre las ansias de favoritos de la prensa y la confidencialidad debida del sanedrín, Borrell anunció a distancia que no habría declaraciones ni entrevistas; algo inusual en un político que se siente a gusto ante los medios, pero que esta vez quiso, de forma muy evidente, permanecer más que en segundo plano, el último de la fila, desde el momento en el que hizo su aparición en el vestíbulo con gesto adusto y aquejado de una cojera también evidente. Lo que tuviese que decir sobre Cataluña, Europa, los pronósticos del CIS o cualquier otro de los muchos asuntos sobre los cuales podría haberse invocado su autoridad, se quedó esta vez bajo las alfombras del Reconquista.

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